Nudos fuertes, de los buenos y una inyección de "vida"

Tienen más de 80 años y se reúnen "religiosamente" todos los miércoles en un espacio que les cede la Parroquia Cristo Rey del barrio Constitución. Allí, realizan actividades cognitivas, lúdicas, comparten una merienda y se ríen a más no poder durante casi dos horas. 

Por Redacción

sábado 7 de diciembre, 2019

Por Lucía Falchini

Fotos Diego Izquierdo

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Pepa calienta el agua para el mate, agarra unas galletitas y las pone dentro de un bolsito. Después, hace memoria y recuerda que le pidieron un ovillo de lana con una aguja para tejer a crochet. Tiene 90 años, pero aprender a usar esas agujas más pequeñas de las que está acostumbrada, todavía le son un desafío. Cada vez que le avisan que hay un bebé en camino -sea nieto, bisnieto, el hijo de algún vecino o amigo-ella les hace un saquito. Pero nunca a crochet. Todos los miércoles, cruza la calle y llega a la Parroquia Cristo Rey, del barrio Constitución, donde se encuentra con un grupo. A algunas las conoce, otras son vecinas y otras, amigas.


Me esperaba Sandra, quien lleva la dirección del "religioso" grupo de todos los miércoles donde se juntan personas mayores para desarrollar actividades lúdicas, cognitivas, compartir una merienda, pero sobre todo, a mirarse a los ojos y reír.

"En abril me llamó el Padre Silvano y me manifestó que tenían un grupo de gente grande que venía a misa, pero que tenía la sensación de que les faltaba algo", explica Sandra, quien es terapista ocupacional jubilada y la encargada de lidera al grupo junto a otras voluntarias.

El espacio propuesto dentro de Cristo Rey está planeado para que, quienes asistan, no tengan barreras y se expresen libremente sin reglas ni estructuras, muy diferente a lo que sucede en un centro de día.

Antes de arrancar formalmente en el mes de octubre de este año, armaron volantes y lo promocionaron durante los domingos en la iglesia. En el primer encuentro asistieron 10 personas. "No lo podíamos creer. Pensamos que como mucho íbamos a ser 3. Cada vez vienen más y se suman otros que vienen desde más allá del barrio", explica.

Trabajan con ritmos, música, bailes, estiran las piernas y hacen ejercicios adaptados a la movilidad -y a la edad, ya que en su totalidad son personas de 80 años en adelante-. También ejercitan la memoria: juegan al famoso teléfono descompuesto, piensan los nombres de sus nietos y los escriben. Cuando es momento de la escritura, se acercan a la mesa y trabajan con las manos. Aunque cada una hace lo que puede, lo hacen con tal grado de concentración que el silencio tapa por unos minutos el bullicio y las risas que se escuchan desde las 3 de la tarde.

"La idea es que todo sea divertido. Hablamos de actualidad, completamos refranes, hacemos tejidos. Hay una mujer que aprendió a tejer por primera vez acá", agrega.

Además, tienen un espacio dedicado exclusivamente a las manualidades. Ahora preparan decoraciones para Navidad, porque la emoción que demuestran por la celebración católica fue difícil de disimular y las profesoras pensaron que lo mejor sería proponer consignas relacionadas a las fiestas.

Desde la parroquia Cristo Rey se muestran "fascinados" porque "no pensaban que se iba a formar este grupo". "Esto tomará la forma que propongan", desliza finalmente. Me quedaba claro que estaba en un lugar, que para ellos era una inyección de vida. Y para mí también.


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Hoy hicieron guirnaldas para colgarlas en el arbolito que armarán este domingo. Pepa se llevó los aplausos porque, además, se animó e hizo un telar peruano con lana roja, verde y detalles en blanco. "Ahora te falta hacerlo en crochet", le dijo Titi, otra de las asistentes, y todas largaron carcajadas. Su respuesta no tardó en venir, pero la dejo a libre albedrío. En resumen, Pepa siguió sin aprender a tejerlo, pero sí, a irse cada miércoles con una nueva historia para reseñarme. 

 

 

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