El regreso a los hogares un día después de la tragedia: "Es la destrucción de una guerra"

Entre los escombros y las cenizas, entre las pérdidas totales y los milagros. Así se encuentran los vecinos de la esquina de Rivadavia y 20 de septiembre poco más de 24 horas después de uno de los peores incendios en la historia de Mar del Plata. En diálogo con El Marplatense, Beatriz, una de las vecinas cuyo departamento se mantuvo intacto a pesar del infortunio, detalla cómo se vive la vuelta al lugar.

Por Redacción

miércoles 18 de diciembre, 2019

La mesa todavía tiene las marcas de las hojas que, tiempo antes, allí descansaban. Tamaño A4, llenas de apuntes y anotaciones con letra apretada. Una especie de mate descansa entre ellas, entre el polvo y las cenizas que demuestran que la tragedia ocurrió, que el desastre está a la vuelta de la esquina.

El departamento es como una foto, una imagen estática que no concuerda con los alrededores. Es como si el tiempo se hubiera detenido minutos, segundos antes de que aquella chispa iniciara el caos aquella noche del domingo, cerca de las 22. En diálogo con El Marplatense, Beatriz, quien era la habitante de ese departamento que permanece en pie, cuenta cómo es volver un día después de la tragedia.

“Mi departamento es el único del piso que quedó intacto, es un milagro”, explica. Las imágenes hablan por sí solas, muestran paredes manchadas de hollín, suelos cubiertos con ceniza y polvillo y escombros por doquier. Los riesgos permanecen latentes, como manifiesta ella, señalando la enorme cantidad de grietas que proliferan por toda la estructura, por las paredes del vecino. De casi 40 departamentos, sólo 10 se encuentran en relativo buen estado.

La experiencia es desoladora para todos los vecinos que, poco a poco, se animan a adentrarse, con compañía de personal de Defensa Civil u otro tipo de asistencia. Es como caminar en un campo de guerra, dice, asombrada. “Es una película”, resalta Beatriz, quien todavía tiene las marcas de sus apuntes sobre la mesa, porque se encontraba estudiando para rendir un examen en febrero. “Me hizo acordar a Chernóbil, a las cosas que han quedado en su lugar y siguen así luego de un desastre, es algo impactante”, agrega.

A pesar de que el momento de mayor labor ya pasó, gracias al incansable trabajo de los bomberos y los equipos de emergencias, por los edificios todavía circulan personas, que reciben la contención de personal de asistencia psicosocial y de Defensa Civil. “Hay gente permanentemente en el lugar, hay carpas de la Cruz Roja todavía”, cuenta. Las donaciones poco a poco se distribuyen entre los más necesitados, mientras se forman grupos de consorcio vecinales para continuar coordinando la recepción de ayuda y chispean todavía algunas partes de Torres y Liva.

Por su parte, una de las representantes de estos consorcios adelantó que se encuentran entablando conversaciones con abogados y personal de los edificios, para evaluar los pasos a seguir. Están analizando la posibilidad de que ingresen inspectores al establecimiento para analizar los daños estructurales.

Mientras tanto, en la esquina de Rivadavia y 20 de Septiembre el panorama sigue virando entre la desolación, la rutina, la destrucción, los recuerdos lejanos, las imágenes de desastres naturales y los ojos curiosos. Entre ellos, pequeños oasis de mesas y sillas, de cuadros y fotos se mantienen en pie, como invitando a comenzar de nuevo.

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