¿Por qué tenemos la sensación de que enero “duró” tanto?

En conversaciones de café, en redes sociales, una gran mayoría de personas se hicieron eco de esta situación de un mes más extenso, aunque tenga la misma cantidad de días que diciembre, por ejemplo. “Es una cuestión subjetiva, pero nuestra realidad es en base a lo que nuestro cerebro percibe”, explicó el neuropsiquiatra Pablo Bolognesi.

Por Redacción

viernes 31 de enero, 2020

El inicio del año 2020, muchas personas lo percibieron “aletargado”, infinito. Las redes sociales se llenaron de memes sobre lo extenso que se hizo el mes de enero. Hace algunos días comenzaron a circular en las redes varios memes que daban cuenta de lo tanto que duró este mes.

Enero tiene 31 días, como marzo, mayo, julio, agosto, octubre y diciembre. Pero la sensación es que duró una eternidad. Sobre esta cuestión habló el neuropsiquiatra Pablo Bolognesi, quien entre tantas cuestiones se especializó en Neurología Cognitiva en la Fundación Favaloro bajo la dirección de Facundo Manes, como así también Gerontopsiquiatría y Psicogeriatría.

Y la explicación del doctor fue precisa y didáctica. Aunque no deja de ser una cuestión subjetiva, tiene un gran impacto sobre la realidad de cada una de las personas.

 

“Hay varias explicaciones y una es la hipótesis del reloj de la dopamina. La dopamina es un neurotransmisor, que son sustancias químicas que se trasmiten para comunicarse entre ellas. La dopamina interviene en muchísimas funciones como la conducta, el conocimiento, la actividad motriz, de hecho, en la enfermedad del Parkinson ocurre porque disminuyen estos niveles. También interviene en la motivación, ya que al haber una disminución aparece lo que se llama apatía. Y fundamentalmente interviene en lo que se llama el circuito de la recompensa. La dopamina cuando aumenta en ese circuito cerebral produce sensación de bienestar y de placer. Y hay una teoría muy vieja que es la percepción subjetiva del tiempo y tendría que ver con ciertos niveles de dopamina. Cuando uno está pasándola bien, disfrutando de una situación, existe la sensación que el tiempo está pasando rapidísimo; mientras que cuando no se está disfrutando una situación, el tiempo parecería pasar más lentamente. Entonces hay una relación directa con el aumento o disminución de los niveles de dopamina”, inició en conversación con el programa “Minuto a Minuto”, que se emite por CNN Radia Argentina (FM 88.3).

Y amplió: “De ahí surge que en la época de las pre fiestas de fin de año hay mucha emoción, activación placentera, relacionadas por los encuentros familiares y un montón de situaciones más. Y después viene enero, donde todo eso desaparece, baja a niveles normales la dopamina y uno se encuentra con una percepción del tiempo más enlentecida. Lo que se suma a que se viene de unos días de feriados puente y en enero no tenés ni uno, y los días también duran mucho más por nuestra ubicación geográfica: amanece más temprano y oscurece más tarde. Es una cuestión subjetiva, pero nuestra realidad es en base a lo que nuestro cerebro percibe”.

Respecto a una posible relación de “arrastre” de un 2019 que recién acababa, Bolognesi detalló que “en este 2020, enero se hizo más largo porque tiene que ver con el año del que venimos. Fue muy convulsionado por cuestiones políticas, económicas y geopolíticas, y el estrés de fin de año tiene mucho que ver. Algo que es habitual porque se llega cansado después de todo un año de trabajo y/o estudios, por lo que hay un nivel de energía mental desgastado, pero hay que estar a tope de las mismas porque a esa altura hay un nivel mayor de exigencia. Y si sumamos las fiestas, en las que se remueven también recuerdos y sensaciones no siempre placenteras, porque quedan más expuestas las ausencias y los conflictos, se genera un mayor estrés y, como consecuencia, mucho más cansancio, que cuesta percibirlo por la adrenalina que generan todas las exigencias antes mencionadas. Recién cuando paraste de todas las obligaciones y todas las situaciones de estrés, ahí lo percibís. ¿En qué mes? Enero".

“El 2019 fue un año muy complejo, por lo que estamos empezando el actual con mucha incertidumbre por lo económico, político, económico y laboral. Todo eso genera un impacto cognitivo, a nivel cerebral, muy elevado. No veo tanta sensación de renovación o hay mucha expectativa. Estamos frente a una problemática difícil de desanudar y eso genera un desgaste, que quizás tenga que ver con esta sensación a diferencia de otros años”, cerró el neuropsiquiatra, en el último día del primer mes del 2020.

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