“Yo soy el loco de la familia, el patito feo”: el conmovedor audiovisual sobre Federico Peralta Ramos

Artista y performer, invitaba a comer a linyeras y se gastó en cenas y trajes un gran premio internacional. Una película vuelve sobre el tataranieto del fundador de Mar del Plata.

Por Redacción

domingo 27 de diciembre, 2020

“En la hora de los magos todo de golpe es perfecto. Y todos por fin consiguen el que siempre fue su sueño: una casa para el pobre; al rico, fama y talento. El chico se vuelve grande, la delgada saca pecho. En los platos hay manjares: cada hueso con su perro”. La aguda canción -creada por el talentoso Jorge de la Vega y recitada de forma brillante por el excéntrico artista Federico Peralta Ramos (Mar del Plata, 1939- Buenos Aires, 1992)- da la bienvenida al audiovisual que se acaba de estrenar.

Este miércoles, la película se presentó a través del canal de youtube del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), con la presencia de su creador, Juan Carlos Capurro; el director del museo, Andrés Duprat; y los artistas Luis Felipe “Yuyo” Noé y Pedro Roth. Aunque el film fue estrenado el 11 de diciembre en la explanada de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Mal de Plata… alude no sólo a la ciudad costera, fundada por el tatarabuelo del artista sino también a la situación que -el artista sostenía-, se vivía (se sigue viviendo todavía) en la Argentina: siempre en este país andamos cortos de plata.

“Empecé el documental a fines de abril, comienzos de mayo”, comenta Capurro. “La fase de investigación en archivos (toda online, fueron especialmente ricos los de Radio Nacional, los testimonios de entrevistas de Peralta Ramos con Tom Lupo) la terminé a mediados de junio. Entonces comenzó el montaje”.

El breve ensayo audiovisual realizado por Capurro durante la cuarentena, acerca de ese artista totalmente atípico que fue Federico Peralta Ramos, no pretende ser un documental sino la mirada de un artista sobre otro artista, sostiene el director.

Intenta, además, poner el acento en la capacidad de crear, de inventar e imaginar aún en las situaciones más adversas. Capurro sostiene que Peralta Ramos era ejemplo de esto. Y si bien el creador en cuestión fue un artista-dandy nacido con fortuna, parte de una familia rica y artistocrática -las tres empleadas domésticas que trabajaban en su casa lo seguían llamando “niño Federico” o “niño Federiquito”, aun cuando ya tenía 40 y pico de años e invitaba a linyeras que conocía en la calle a almorzar o cenar a la casona familiar-, también fue un creador de alegría para otros.

Las brillantes, lacerantes observaciones y performances que Peralta Ramos hacía -algunas de ellas testimoniadas en su breve paso por el programa de Tato Bores en el que Peralta Ramos intervino-, escondían, también, un trasfondo triste. “El patito feo es feo porque no era un cisne”, explica en el audiovisual Peralta Ramos, “entonces la pata lo echó (de la familia). Ahí el cisne cambió de gente: se fue del mundo de los patos al de los cisnes. Y se puso lindo y cambió”.

Esta es, un poco, su propia historia. Vuelve a comentarla más adelante en la producción: “En todos los grupos familiares hay un emergente, un 'loco de la familia'; los demás depositan todas sus neurosis ahí. Yo soy el loco de la familia; el patito feo”.

Quizás la anécdota (divertida desde algunas perspectivas, oscura desde otras) que pone en evidencia que Peralta Ramos no siempre la pasaba bien con él mismo, es la que cuenta que compró un toro charolais en 1966 por un millón de pesos en La Rural, sin tener el dinero. El padre del artista no lo bancó en esa y el toro fue devuelto, por un lado, para evitar juicios; por otro -y esta es la visión menos feliz de la historia- porque el padre sostenía que el artista tenía problemas psiquiátricos. Entonces su familia y su médico decidieron internarlo en una clínica, suministrándole antipsicóticos.

El artista pasó a definirse desde entonces, en tono divertido, no sólo como un “patito feo” sino también como “psicodiferente” (el diagnóstico clínico brindado por el médico Jaime Rojas Bermúdez). Psicodiferente y brillante. Dentro de la institución, Peralta Ramos no se privó: organizó festivales para todos lo que estaban internados; llamativas fiestas “del mate”.

Peralta Ramos es también el autor de Nosotros afuera: nosotros afuera de ese huevo gigante creado por el artista en 1965, esa obra curva y voluminosa hecha a puro yeso y madera, presentada en el Instituto Di Tella (ganó el Premio Nacional Instituto Di Tella, en la época mítica de esta institución) y vuelta a realizar en una versión contemporánea para ser expuesta en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) en 2016. ¿Quiénes quedaban fuera de qué? ¿Qué había y quiénes se encontraban por dentro de ese huevo…? La metáfora significa: Peralta Ramos se ubicaba fuera de la clara y la yema, lejos del embrión. Al margen. Una vez recibido el premio, el artista rompió a palazos la obra. Ya no había ni afuera ni dentro, podríamos pensar. Pero no: por sobre todas las cosas, en realidad no había cómo sacar el huevo por la puerta del Instituto… La solución fue romperlo.

Cuando el artista obtuvo la beca Guggenheim en 1968 -en pleno Mayo Francés en otras tierras, revolución psicodélica, hippie y sexual, en medio de olas de protestas por el racismo, la paz, la pastilla, el amor libre y los derechos de las mujeres-, acá, en una singular y agitada Buenos Aires, Peralta Ramos decidió gastar los 30 mil dólares que le otorgaba la beca Guggenheim recién ganada en comprarse trajes hechos a medida, cenar con sus amigos en el hotel Alvear, pagar deudas y comprarle obras de arte a algunos artistas amigos. La explicación que dio al Guggenheim en la rendición de cuentas fue que “la vida es una obra de arte; por lo que en vez de “pintar” una comida, dí una comida”, entre más detalles. La institución norteamericana aceptó los fundamentos. “Desde entonces no pidieron más rendiciones de cuentas en la beca”, explica Roth en el documental.

El chico rico rebelde habitué de La Biela, el hombre sin límites de profundos ojos azules, de risa plena y observación crítica, falleció como debía fallecer: en medio de una performance.

Fue en 1992, cantando en el café Mozart: un infarto lo partió al medio. El artista llamativo y de buena cuna, que la pasaba bien y la pasaba mal, el que divertía a todo el mundo por (y a pesar) de sí mismo, sembró sorpresas, carcajadas, intensidad y belleza por donde anduvo. Un dandy libre, que se definió una y otra vez como “un pedazo de atmósfera”.

“A veces he creído que era un oso/ hay gente que no son seres humanos/ Ella es una mariposa/ él es un camión/ pero yo soy un tamaño pedazo de atmósfera”. Atmósfera: esa capa de gas que gravita leve, nebulosa, alrededor de un cuerpo celeste. Sólo se mantiene allí si no es arrastrada por los vientos solares. O por la realidad.

Dónde ver el audiovisual: En la página web del Museo Nacional de Bellas Artes.

Fuente: Clarín

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