La historia del Papá Noel de los hijos de los tripulantes del ARA San Juan

“Lo que hace es un mimo para todos los chicos y para las familias porque no los olvida”, aseguró Paola Constantini, esposa del suboficial Celso Vallejo, tripulante del submarino que desapareció en las aguas el 15 de noviembre de 2017. Qué motivó al norteamericano a ayudarlos y organizar campañas solidarias por ellos.

Por Redacción

domingo 3 de enero, 2021

“¡Somos hermanos!”, repite desde hace 4 años el hombre que en su juventud conoció la profundidad e inclemencia de las aguas y también la pasión que se siente al sumergirse en los océanos. Aquello que afirma es lo que le dicta su corazón y no deja de recordárselo a las familias de las víctimas del ARA San Juan con el que se perdió contacto el 15 de noviembre de 2017 a las 7:30 en aguas del Mar Argentino y que fue encontrado a unos 500 kilómetros del Golfo San Jorge, a la altura de Comodoro Rivadavia, a un año de su desaparición. También les dice a los pequeños, cada vez que tiene oportunidad, que siempre serán para él y para sus colegas “las sobrinas y sobrinos de los submarinistas de todo el mundo”.

Cuando supo que el ARA San Juan había desaparecido en las profundidades del océano, Edward Michael -que vivió desde el fondo del mar la Guerra Fría-, lloró amargamente. Pero no quiso quedarse en esa posición sino que buscó la manera de acercarse a esas 44 familias que habían perdido a un ser querido. Así se puso en contacto, vía Facebook, con Paola Constantini, esposa de Celso Vallejos, uno de los suboficiales que viajaba a bordo del submarino, y juntos organizaron la que fue la primera de cuatro campañas para que los hijos de la tripulación recibieran sus obsequios navideños.

“Lo que hace es hermoso, emociona. Es un mimo para los hijos de los tripulantes del ARA y para nosotras, las esposas, porque es conmovedor saber que alguien desde tan lejos, y pese al paso de los años, sigue pensando en nosotros”, dice Paola Constantini quien estuvo en pareja 15 años con el sonarista submarino.

Desde diciembre de 2017, Edward incentiva a ser parte de la colecta anual que tiene el objetivo de juntar dinero y cambiarlo por vouchers que luego Paola, por deseo de las demás madres, canjeará por juguetes o ropa deportiva en alguno de los comercios de Mar del Plata elegidos para que esos hijos se sientan, de alguna manera, homenajeados por el trabajo de sus padres.

“A todos ellos les diría que deben estar orgullosos de sus padres”, les escribió Michael cuando faltaba poco para la celebración de las primeras Fiesta de Fin de Año tras la tragedia. En agradecimiento, le devolvieron dibujos, fotos y la promesa de un abrazo apretado cuando pudieran conocerse personalmente.

Una historia de camaradería

Fue un dibujo que hizo el historietista Nik y que compartió en su página de Facebook cuando el submarino con 44 tripulantes había desaparecido el que anotició a Edward de lo que había sucedido con la nave argentina y se conmovió hasta las lágrimas. De inmediato buscó la manera de establecer contacto con algún familiar para ofrecerle su ayuda. Un comentario de Paola Constantini en ese mismo posteo llegó y otro veterano se lo compartió para que se comunicaran por el chat privado de esa red social.

“Primero me contó que fue submarinista y quiso saber cómo estábamos, se mostraba muy preocupado por nosotros”, recuerda la mujer sobre el primer contacto en los primeros días de diciembre de 2017. “Me dijo que tenía la idea de mandar regalos a los hijos de los tripulantes y me pidió ayuda, así que me puse en contacto con todas las esposas del submarino con quienes no nos conocíamos y nos unimos en esta situación... Comencé a investigar quiénes tenían hijos, de qué edades y busqué todos los contactos para coordinar todo”.

Los 44 tripulantes dejaron 59 hijas e hijos, algunos muy pequeños. Todos recibieron en la Navidad de 2017 la primera tarjeta de regalo para cambiar en jugueterías o en una casa de ropa deportiva. “Les pregunté a las madres qué preferían y comencé a armar los vouchers. Desde entonces todos los años él recauda dinero y como quedé de encargada de distribuir las tarjetas se contacta conmigo directamente”.

En aquella primera colecta recaudó en dólares el equivalente a 57 mil pesos y -tal fue su pedido- el dinero fue por transferencia bancaria a una juguetería de Mar del Plata. Siguieron tres campañas a las que sumó a Marines de distintos países y en la ultima participaron argentinos que quisieron ser parte de su acción.

“Cada año se pone metas para juntar dinero para cada niño. Antes fueron 5 mil pesos y este año llegó a reunir $15.100. Es increíble cómo se sigue preocupando y estando presente”, se emociona Paola y reconoce que todo el grupo de esposas, hijas e hijos desea poder verlo personalmente y abrazarlo “porque fue el primero que pensó en nuestros hijos y lo sigue haciendo”.

El pasado jueves 24 de diciembre, el ex marine contó en su cuenta de Facebook que logró recaudar el dinero necesario entre sus camaradas y donantes argentinos, y que las primeras 15 tarjetas para cambiar por regalos habían sido recibidas, pero que “desafortunadamente, las 36 tarjetas de regalo de ropa deportiva restantes se recibirán la próxima semana cuando el banco en Argentina reabra”, explicó junto a las fotos de quienes había recibido sus regalos. Todas ellas pudieron ser cambiadas esta semana.

“Siempre es una gran felicidad darles una sonrisa a estos niños, hijos de verdaderos héroes”, comentó luego de saber que ya tenían sus regalos. “Y ya está pensando en los regalos de la próxima Navidad”, admite emocionada Paola y revela que este año Edward le pidió que abriera una cuenta de Mercado Pago para recibir directamente el dinero allí y facilitar las cosas.

Respecto a ese sentimiento de hermandad que el hombre confiesa, la viuda de Celso cuenta que es algo que también notaba en su marido. “Me contaba que dentro de los barcos donde había estado antes era distinto, porque en los submarinos se conocen más por estar tanto tiempo juntos bajo el agua y compartir un espacio reducido. Se conocían todo, por ejemplo, yo no conocía a sus compañeros pero ellos sabían quién era yo y quiénes mis hijos porque él les contaba”.

Constantini no evita su emoción al hablar del estadounidense al que los hijos del ARA consideran un tío que vive lejos: “Siempre me da mucha emoción pensar que desde tan lejos hay una persona que se preocupa por nosotros y nuestros hijos. Tiene un corazón enorme y siempre estuvo acompañando con una palabra, compartiendo desde las redes sociales todo lo que nosotras posteábamos sobre el submarino, siempre fue muy atento. Es increíble”.

El recuerdo que siempre dice presente

Paola conoció a Celso en 2002. Estuvieron dos años de novios y trece casados. De esa relación quedaron tres hijos, el más pequeño tenía apenas un año y ocho meses cuando su papá, subteniente sonarista (era el que escuchaba todos los sonidos de abajo del mar) emprendió el viaje sin retorno.

“Siempre se hace difícil tocar este tema. Ahora, con el paso del tiempo, estoy un poco más acostumbrada y tranquila, pero al principio hubo mucha locura por no saber nada, hubo muchas mentiras. Los primeros meses estábamos todos revolucionados. Pero como nunca supimos qué fue lo que pasó seguimos luchando por la verdad y por justicia”, resume cuando se le pregunta cómo sobrelleva estos años de dolor e interrogantes sin resolver.

Emocionada, agrega: “Los recuerdos están todo el tiempo no solamente para los aniversarios, que sí es cuando más se profundiza el dolor. Estas fechas de fiestas de fin de año son movilizantes para nosotras las esposas y para los hijos son momentos muy difíciles”.

Justamente hace dos días, le tocó responder la pregunta inevitable de su pequeño de 4 años: “‘¿Por qué le pasó eso a papá?’, me preguntó y casi me muero. Siempre busqué la manera de contarle lo que podía entender a su edad. Al año y ocho meses, cuando iba a la Base por novedades y lo llevaba porque era chiquito para dejarlo con alguien, veía una bandera con la cara del papá e iba directamente a tocarla. Él sabe que su papá murió y que está en el submarino... En casa se habla constantemente de Celso, están las mismas fotos y me dice que lo extraña y que quiere que todo vuelva a la normalidad”.

A Paola se le corta la voz y lamenta que su pequeño deba pasar por esta angustia. “Nunca le vamos a encontrar explicaciones. Lamentablemente pasó”, admite apenada y agrega que ese dolor se acentuó al leer informaciones que aseguraban que las viudas estaban detrás de las indemnizaciones por la muerte de los tripulantes.

“Hablaron de no sé cuántos millones y no es así, más allá de que no sean los montos... Ese no es el tema. Nosotras seguimos luchando por justicia y no por la indemnización, que si bien corresponde como corresponde ante cualquier accidente, lo que buscamos es justicia y no ser criticadas, ni señaladas. ¡Seguimos buscando justicia y saber la verdad!”, remarca.

Recuerda que en una de las ultimas conversaciones que tuvo con Celso sobre su trabajo, en lo que pocas veces ahondaba, sí le comentó sobre un sonidos que le llamó la atención durante la ultima navegación de la que regresó.

“Mucho no hablaba sobre el trabajo, pero sí me había dicho que se estuvo comentando sobre el famoso submarino nuclear. Me dijo que le pareció haberlo escuchado, pero no entró en muchos más detalles. Tampoco me contó sobre las fallas técnicas que tenía... sí sabías que muchas veces ellos mismos reparaban las cosas que se rompían y que a veces sacaban partes de otros submarinos para ponérselo a este porque no había presupuesto para comprar las piezas”, finaliza.

Fuente: Infobae

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