Según ISEPCI, el 61% de los hogares de Mar del Plata vieron reducidos sus ingresos desde el comienzo de la cuarentena

El IFAL es un Indicador que busca registrar y dar cuenta de la manera en que se configuran los patrones alimentarios en época de pandemia y las posibilidades de compra de alimentos de las familias en situación de vulnerabilidad socio sanitaria. Se encuestaron a 490 familias de barrios populares de la ciudad.

Por Redacción

miércoles 10 de marzo, 2021

En el marco del programa “Argentina Contra el Hambre” convocado por el Gobierno Nacional se constituyó el “Observatorio de Lucha Contra el Hambre”, con el objetivo de monitorear el impacto de las políticas públicas destinadas a resolver el problema del hambre en nuestro país. El Instituto de Investigación Social Económica y Política Ciudadana (ISEPCI) fue llamado a integrar dicho Observatorio desarrollando así el Indicador Familiar de Acceso a la Alimentación (IFAL).

Dicho Indicador es el resultado de un proceso de relevamiento, para el que se realizaron 20.260 entrevistas presenciales a los adultos responsables de la alimentación de familias que concurren a comedores comunitarios en 22 provincias del territorio nacional. El total de niños que integran estos hogares es 38.302, de 0 a 18 años. Se seleccionaron un 50% de las familias que perciben Tarjeta Alimentar y un 50% que no la reciben.

Consultado sobre los principales resultados obtenidos del relevamiento a nivel local, el Director del Isepci en Mar del Plata, Rodrigo Blanco, afirmó:
"Las personas respondentes fueron casi universalmente mujeres (94%), en consonancia con la premisa de ser responsables de la alimentación en los hogares, lo cual confirma que las tareas de cuidado están casi excluyentemente sostenidas por las mujeres".

"Teniendo en cuenta que en los meses que se hizo la encuesta el valor de la Canasta Básica de Alimentos (CAB) para una familia de dos adultos/as y niños/as estaba en el orden de los 20 mil pesos por mes, los ingresos declarados colocan –como mínimo- a dos terceras partes de los hogares relevados en condiciones de indigencia, ya que obtienen menos de $20.000 mensuales para su manutención: 23% de los encuestados dijo percibir hasta $10.000, y un 39% entre 10 y 20.000 pesos", detalló.

Aseveró que "el 61% de los hogares vieron reducidos sus ingresos desde el comienzo de la cuarentena. Un 34% declararon no haber sufrido variación y para un 5% se incrementaron".

El informe, asimismo, detalló:

  • En el momento de la medición, en el 32% de los hogares ninguno de sus integrantes tenía trabajo y en el 55% de los hogares, trabajaba una sola persona. La desocupación relevada en General Pueyrredon fue más alta que la del resto del país, que promedió el 18%. Del 68% de personas que declaran trabajar, la mayoría lo hace en condiciones de alta informalidad. En un 56% de estos hogares no hay ningún integrante que tenga acceso a un programa de empleo.
  • Sobre un total de 490 hogares entrevistados, los que poseen Tarjeta Alimentar (TA), han logrado una mejora en las condiciones de acceso a su alimentación. No obstante, las carencias/dificultades continúan afectando a la totalidad de los segmentos pobres. El 83% de los hogares que reciben la Tarjeta Alimentar declararon que con ese recurso cubren sólo hasta dos semanas de sus necesidades de alimentación.
  • La mayoría de los hogares encuestados tuvieron que reducir consumos de carnes, frutas, verduras y lácteos, esta situación se registró con mayor intensidad entre los que no reciben la TA.
  • Entre los beneficiarios de la TA se identificó: un 48% compró más alimentos que antes de recibirla, un 30% compró igual cantidad, y un 22% compró menos. A un 20% la TA les permitió adquirir alimentos de mejor calidad, en tanto que un 47% sostuvo la misma calidad, y un 33% no pudo evitar que los alimentos adquiridos sean de menor calidad.
  • Entre quienes no reciben la TA se identificó: solo un 7% compró más alimentos que antes, un 21% compró igual cantidad, y un 72% compró menos. En cuanto a la calidad de los alimentos adquiridos: en un 63% de los casos los alimentos bajaron de calidad, en un 36% la mantuvieron y solo en 1% la mejoraron.
  • Solamente el 15% (con TA) y el 10% (sin TA) de los niños cumplen con la ingesta necesaria de lácteos recomendadas para una alimentación saludable (3 porciones al día). Esta carencia alcanza al 84% de hogares con T.A. y al 91% de hogares sin T.A.
  • En el 98% de los hogares el consumo de verduras no sobrepasa las 2 porciones diarias y en el 30% de ellos no se consumen verduras diariamente.
  • El consumo de frutas refleja valores similares, en el 90 % de los hogares no se alcanza a cubrir las necesidades nutritivas y en 3 de cada 10 de esos hogares, no se registra ningún consumo de frutas en los niñes.
  • Si se considera la frecuencia en el consumo combinado de huevos, pollo y carnes rojas (de vaca o de cerdo) en la ingesta semanal, en los hogares entrevistados se alcanzarían los valores recomendados para una adecuada cobertura proteica. Sin embargo, las partes del pollo y los cortes de carne consumidos son preferentemente los económicos: alitas, menudencias, pollo entero y carne picada, los cuales contienen un alto porcentaje de grasas saturadas, por lo cual sería recomendable restringir su consumo.
  • La TA significó una ayuda muy importante para paliar la emergencia alimentaria agravada por la pandemia, pero insuficiente para cubrir el total de las necesidades alimentarias de millones de hogares que sufren de inseguridad alimentaria severa.
  • Las condiciones socio ambientales y económicas de todos los hogares encuestados son muy similares, las necesidades básicas insatisfechas alcanzan a todos por igual. A su vez, la TA sólo llega a aquellos hogares que tienen niños hasta seis años de edad.

Finalmente, Blanco destacó: “Queremos resaltar la gran ventaja de construir indicadores desde la comunidad, fundamentalmente desde el aporte de las organizaciones sociales porque así se potencian y se abren espacios de discusión y formación dentro de los sectores populares acerca de derechos humanos básicos a la Salud y la alimentación, lo cual permite a la población apropiarse de saberes generalmente restringidos a la academia y de ser protagonistas en la construcción de propuestas que permitan transformar la realidad en la que habitan".

"Los indicadores que se visibilizaron sobre aspectos socio demográficos, accesos a servicios básicos, aspectos socio económicos, acceso a una alimentación adecuada, contienen datos no conocidos hasta ahora –o por lo menos no conocidos en todo su alcance y magnitud- que deben convertirse en herramientas indispensables para abordar soluciones de corto y largo plazo para las familias afectadas", agregó.

Y cerró: "El IFAL es un indicador más esencial que nunca, cuya realización es indispensable repetir sistemáticamente para actualizar la información relevada en esta oportunidad, incorporando ejes que completen los datos obtenidos en dirección de tener una radiografía lo más precisa posible de las carencias que afectan a las familias en situación de vulnerabilidad”.

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