Los 200 años de la UBA: su historia, la visita de Einstein, los premios Nobel y el "invento" de Leloir para sus viajes a Mar del Plata

Dueña de cinco premios Nobel, por sus claustros pasaron profesionales que nutrieron la vida argentina y cientos de miles de personas a quienes la educación les cambió la vida. Los hitos científicos y su historia.

Por Redacción

jueves 12 de agosto, 2021

La UBA cumple este jueves 200 años. La Universidad de Buenos Aires fue inaugurada la tarde del domingo 12 de agosto de 1821, en las Manzanas de las Luces.

Fue escenario de todo tipo de discusiones apasionadas -académicas, políticas y de las otras- y sintetiza como pocos la historia del país. Por sus claustros y por sus pasillos pasaron profesionales que nutrieron la vida argentina moderna. Cinco premios Nobel, tres de ellos en ciencias (Bernardo Houssay, Federico Leloir y Cesar Milstein) y dieciocho presidentes.

La UBA es la historia del esfuerzo, de la meritocracia bien entendida, donde jóvenes provenientes de cualquier familia han podido cumplir algunos de sus sueños. Y donde la ciencia argentina hizo camino, no sólo por los premios obtenidos sino también por inventos y desarrollos de repercusión global.

El intercambio internacional ha sido otro rasgo distintivo de la UBA, que fue receptora de ilustres visitas, entre las más recordadas las del físico alemán Albert Einstein quien colmó salones para hablar sobre su teoría de la Relatividad.

Habían pasado sólo cinco años de la declaración de la Independencia: los revolucionarios de Mayo necesitaban de una universidad que formara a la nueva generación de dirigentes. Hasta entonces cualquier joven que quisiera seguir estudios superiores (en ese momento, sólo de las familias patricias) debía hacerlo en Córdoba, Santiago de Chile, Chuquisaca (Bolivia) o Lima (Perú), en otras universidades aún imbuidas aun del espíritu eclesiástico.

La vida en los laboratorios
La UBA nació con una impronta científica y ya en sus primeras décadas empezó a destacarse por lo producido en sus laboratorios. En 1899, por ejemplo, en la Universidad de Buenos Aires se filmó por primera vez una operación. Lo hizo el doctor Alejandro Posadas, quien intervino quirúrgicamente con luz natural, aparentemente al lado de una ventana, en el Hospital de Clínicas.

En la película se lo ve a Posadas operando a un hombre de un quiste hidatídico, alojado en el pulmón derecho del paciente. La hidatidosis es una enfermedad parasitaria provocada por consumir alimentos contaminados.

En 1914, otro doctor, Luis Agote, logró la primera transfusión sanguínea y con ella nació una nueva profesión médica: el técnico en hemoterapia. El método Agote también hizo nacer los bancos de sangre. Agote nunca registró su descubrimiento.

En el plano institucional, el siglo XX llegó con la novedad del movimiento estudiantil como actor central de la escena y protagonista de la Reforma de 1918, un movimiento que incorporó a los hijos de la inmigración.

Además de bregar por la inclusión, la Reforma también redobló la apuesta por la ciencia. Introdujo valores como la libertad y periodicidad de las cátedras, concurso para profesores, autarquía y cogobierno -en 1949 se sumaría la gratuidad-, y dio impulso a una UBA definitivamente volcada a la labor científica y académica, que más tarde quedaría plasmada en los cinco premios Nobel, tres de ellos de ciencias.

Entre los hitos científicos de la época no puede dejar de mencionar la visita de Albert Einstein a la Argentina, quien arribó en la mañana del 25 de marzo de 1925. Einstein tenía por entonces 45 años y ya era un científico famoso, que estaba revolucionando no sólo la física, sino la ciencia en general.

Invitado por la UBA y por la Asociación Hebraica, Einstein -que ya había recibido Premio Nobel de Física cuatro años antes- expuso en francés su teoría de la Relatividad, ocho veces en el auditorio del Colegio Buenos Aires y otra en la Facultad de Filosofía y Letras.

Dirigido por Ángel Roffo, en 1922 se creó el Instituto de Medicina Experimental para el Estudio y Tratamiento del Cáncer. Fue el primer establecimiento oncológico de América, que sigue funcionando hasta ahora. En 1936, Roffo publicó el primer artículo científico argentino sobre el tabaco como un factor cancerígeno.

En 1947 llegó el primer premio Nobel de ciencia. La academia sueca galardonó a Bernardo Houssay por su descubrimiento sobre el rol de la hipófisis en el metabolismo de los carbohidratos y su relación con la diabetes, un trabajo realizados entre 1924 y 1932 en el Instituto de Fisiología de la UBA. Fue el primer Nobel latinoamericano.

Cuando en 1947 recibió el premio Nobel, Houssay ya no trabajaba en la UBA: había sido cesanteado por el gobierno de facto de 1943 por haber firmado una solicitada donde se pedía la normalidad institucional, la democracia efectiva y la solidaridad americana.

Mientras estuvo cesanteado -con aportes privados- se las arregló para fundar el Instituto de Biología y Medicina Experimental y escribir Fisiología humana, un texto de estudios que se convirtió en un clásico.

La "época de oro"
La ciencia y la investigación tuvo su “época de oro” entre los años 1955 y 1966. En 1957 se creó el Instituto de Investigaciones Médicas “Alfredo Lanari”, donde se hizo el primer trasplante renal, casi simultáneamente con los Estados Unidos. Allí funcionó el primer riñón artificial del país en un hospital.

En 1958, se fundó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), dirigido por el mismo Bernardo Houssay, y nace la editorial EUDEBA.

Tres años después, en 1961, el Instituto de Cálculo de la UBA instala Clementina, la primera computadora de la Argentina. El matemático y físico Manuel Sadosky, considerado el “padre de la computación” en el país, inaugura este centro en donde diversos grupos se dedicaron a investigar temas de matemática aplicada.

Clementina era una computadora Mercury II, a válvula, que permitió investigar, formar personal y prestó servicios a terceros. Costó unos 4 millones y medio de dólares. Hubo que derribar una pared para que entrara en el pabellón I de Ciudad Universitaria: medía 18 metros de largo y 2 de alto y demoraba dos horas en encender. La llamaron Clementina porque al encenderla sonaba 'Oh my Darling Clementine', una canción infantil estadounidense.

La "época de oro” terminaría de la peor manera. Con la excusa de desalojar una toma de protesta ante la intervención de la universidad, el 29 de julio de 1966 la policía del dictador Juan Carlos Onganía entró a sangre y fuego a la Facultad de Ciencias Exactas, por entonces ubicada en Perú 222.

Los uniformados llenaron de gases lacrimógenos la sede universitaria y golpearon a estudiantes y autoridades. El decano Rolando García terminó con la cabeza rota y una fractura en su mano derecha. Hubo 400 detenidos y 1.400 docentes renunciaron. La fatídica noche dejó como saldo el exilio de los principales investigadores y el atraso de la ciencia por las siguientes décadas.

Pese al desprecio autoritario, y como consecuencia de investigaciones anteriores, la UBA siguió sumando reconocimientos. En 1970, Federico Leloir fue distinguido con el Premio Nobel de Química por haber descubierto cómo se fabrican los azúcares en los seres vivos. Discípulo de Houssay, desarrolló sus trabajos entre 1946 y 1950 en la Fundación Campomar.

En el anecdotario de Leloir se cuenta que fue el “descubridor de salsa golf”. Dicen que fue quien mezcló la proporción exacta de ketchup y mayonesa y consiguió la medida justa para condimentar los camarones y langostinos que solía comer en sus viajes Mar del Plata.

En tanto, desde el exilio científico -en el Reino Unido-, en 1984 Cesar Milstein obtuvo el Nobel de Medicina, compartido con el alemán George J. Köhler y el danés Niels K.Jerne, por sus trabajos sobre inmunología y anticuerpos monoclonales, cruciales en el tratamiento de las enfermedades cancerosas.

Milstein fue uno de los tantos talentos argentinos que el país se dio el lujo de expulsar. En rigor, había sido becado en 1960 para hacer un postdoctorado por la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Pero en 1961 volvió para hacerse cargo de la División de Biología Molecular del Malbrán.

Sin embargo, tras el golpe de Estado de 1962 que derrocó a Arturo Frondizi, Milstein decidió irse del país tras renunciar a su cargo en solidaridad con otros compañeros echados y en protesta por el desmantelamiento de su equipo. Hace dos meses el presidente Fernández firmó un decreto por el cual se designa a 2021 como año de homenaje a César Milstein.

Recuperación tras la noche más oscura
La década del setenta se vivió con particular intensidad en la UBA, como en todo el país, con interventores que reflejaban la violenta lucha interna del peronismo y que se tradujo en cierre de muchos institutos de investigación por razones políticas.

Pero todavía faltaba la noche más oscura de la última dictadura y su saldo de más persecución, censura, destrucción y desaparecidos. Se impuso el examen de ingreso, cupo por facultades y hasta arancelamiento. La matrícula bajó como nunca antes, mientras se terminaban de desmantelar la mayoría de los centros de investigación.

Precisamente por la defensa de los derechos humanos en la última dictadura, el profesor de la UBA Adolfo Pérez Esquivel recibió el premio Nobel de la Paz en 1980. En 1936, Carlos Saavedra Lamas -fue rector de la UBA- había obtenido el mismo galardón por su gestión pacificadora en la guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia.

Finalmente, en 1983 se inicia una nueva etapa de la UBA, con la vuelta a la vida democrática y la recuperación de todas las libertades, aunque en un contexto de mayores limitaciones económicas.

Vuelve la intensa vida académica y estudiantil. Vuelve el ingreso irrestricto, que multiplica la cantidad de estudiantes y desemboca en la creación un ciclo especial de ingreso de un año: el CBC.

Marzo de 2020 trajo la inesperada pandemia del coronavirus y obligó a repensar la universidad. Se debió pasar -de la noche a la mañana- de la tradicional vida presencial en los pasillos universitarios a una educación remota de emergencia. Todos los equipos de investigación cientifica de la UBA se "reformatearon" en modo pandemia y produjeron una gran cantidad de trabajos relacionados con el coronavirus.

Hoy la UBA sigue más viva que nunca, con más de 300.000 estudiantes de grado, 13 facultades con más de 100 carreras de grado y casi 500 de posgrado, 6 hospitales públicos con diferentes especialidades, 6 colegios secundarios y ubicado en el puesto 69 a nivel global, en el ranking de universidades QS.

Fuente: Clarín

 

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