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El monumento histórico que agoniza frente al mar

El Parador Ariston, 73 años más tarde de su construcción, trata de sobrevivir entre la corrosión del mar y una ciudadanía que lo recuerda de forma intermitente, como un juguete pasado de moda.

Por Redacción

domingo 26 de septiembre, 2021

Por Bárbara Benitez

Frente a los acantilados de Mar del Plata una estructura arquitectónica de origen húngaro da sus últimos respiros frente a la corrosión del mar y el recuerdo intermitente de los ciudadanos. Tomando la Ruta Provincial número 11, a 15 kilómetros del centro de la ciudad, el Parador Ariston trata de no derrumbarse sobre un terreno con poco mantenimiento en el barrio La Serena.

El trébol de cuatro hojas de hormigón fue una pieza de la arquitectura moderna proyectada y dirigida por Marcel Lajos Breuer, un arquitecto y diseñador industrial húngaro de origen judío. La obra se inició en 1947 y finalizó en 1948. Una vez terminado, funcionó como salada de baile, coctelería y bar para la élite de la época. En un contexto en donde nuestro país y el mundo realizaba este tipo de obras para tener mayor prestigio en las ciudades, y en este caso en una Mar del Plata de veraniego aristocrática.

Breuer nació en Pecs, Hungría. A los 18 años se trasladó a la ciudad alemana Weimar para estudiar en una escuela de diseño y arquitectura que estaba destinada a revolucionar el mundo: la Staatliches Bauhaus. Aquí fue alumno de Walter Gropius, el padre de la arquitectura moderna. En este lugar de estudio se forjaron las ideas estéticas más importantes de aquel movimiento. Con la llegada de Adolf Hitler debió emigrar hacia Londres y luego a Cambridge, Massachussets, en 1937.

De la mano Marcel Breuer nacieron los diseños de las famosas sillas Cesca y Wassily, la Casa Geller I, el nuevo edificio de la Unesco en París y el Museo Whitney de Arte Americano de Nueva York, entre otras tantas obras.

En los Estados Unidos fue docente de Eduardo Catalano, un alumno argentino, que tomaba clases en la Graduate School Of Design de Harvard. Gracias a él podemos tener tan grandiosa obra en La Perla del Atlántico, ya que en 1946 desde la Facultad de Diseño y Arquitectura de Buenos Aires (FADU) le encargaron a Catalano que convenciera a su profesor de diseñar un edificio junto a los acantilados de la zona sur.

Su maestro acepto el desafío, tenía que ser una obra que no haya sido vista en ningún lugar del mundo. Así fue como Marcel Breuer diseñó este trébol flotante gigante de hormigón rodeando por “ondas” de vidrio y madera. Era el anticipo a la modernidad.

Como la obra se extendió un año, el arquitecto argentino recién casado, encargado de supervisar la construcción, decidió que su luna de miel fuera en Mar del Plata. Los obreros debían colocarse en puntillas de pie sobre una plaza de hormigón que, a su vez, se colocaba sobre pilares que apuntaban directamente al Atlántico.

Una vez finalizado, el Parador Ariston, fue sala de baile, coctelería y bar para la clase más alta de la ciudad.

El tiempo pasó y sus futuros dueños o inquilinos comenzaron a descuidarlo. Se puede decir que, en los años 70, comenzó a caer en desgracia. Quitaron y pusieron nuevas estructuras.

Fue la reconocida discoteca Maryana. Para los 80, fue el café – bar “Bruma y Arena”, de estilo relajado y orientado al surf, aunque tampoco funcionó. A finales de este año mutó a una parrilla denominada “Parrilla Perico” y ese fue el final. En 1993 su muerte comenzó a gestarse. Para 2019 se consiguió que fuese anunciado como Monumento Nacional, pero sin apoyo económico expreso.

Abandonado, como un juguete fuera de moda, el Parador duerme entre la calle 437 y la 0. Esperando ya no ser visto con lástima. Al contrario, que comience a verse como lo que es: Un monumento histórico y único en el mundo.

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