Mar del Plata enfrenta una decisión clave: qué hacer con la arena de sus playas

Todos los años se requiere rellenar las playas para reforzar la protección natural contra la erosión. Cómo mejorar una actividad vital en la economía de la ciudad. Una licitación en marcha.

Por Redacción

martes 26 de octubre, 2021

Mar del Plata es el ícono del turismo nacional y la cultura argentina por excelencia. Todos los años abre sus puertas y recibe, sin distinción, a argentinos de todos los rincones del país. Con una oferta hotelera diversa, una gastronomía de primer nivel, amplias playas y una actividad cultural vibrante, no es difícil de entender por qué la llaman La Feliz: por sus playas pasan cientos de miles de turistas que cada temporada dejan atrás los rigores del año para ser felices. Ni más ni menos.

El insumo básico que hace posible todo este fascinante ecosistema es la arena. Se trata de un recurso estratégico a nivel mundial, pero cuyo impacto en la actividad que mantiene viva a Mar del Plata -el turismo y todas las actividades económicas en torno a él- es vital. No sería exagerado decir que, sin arena, Mar del Plata difícilmente sería lo que es.

Sin embargo, hacer que la Ciudad esté a punto para cada temporada demanda mucho trabajo y esfuerzo. En el caso de sus famosas playas, mantenerlas en el estado que todos conocemos, implica rellenarlas todos los años con arena, un elemento que además funciona como barrera de protección natural contra la continua erosión del mar.

Contrariamente a lo que uno podría imaginar, la arena que se utiliza para esto sale principalmente de un lugar. En julio de este año, el consorcio que explota el Puerto de Mar del Plata realizó un llamado a licitación para el servicio de extracción y acopio de arena en uno de sus sectores donde ésta se acumula, una actividad que viene desarrollando una misma empresa desde hace más de 20 años. Parte de esta arena se destina a la construcción (una actividad muy golpeada por la cuarentena) y al relleno de las playas antes del comienzo de la temporada, una actividad poco visible pero esencial, como mencionamos.

A la oferta del actual concesionario se sumó una segunda, la de Cantera Fátima, una empresa con sede en Chapadmalal que, junto a otras empresas asociadas del grupo, opera desde 2008 y que emplea a 25 personas de forma directa y 100 de forma indirecta.

Fátima se caracteriza por la extracción de piedra mediante maquinaria pesada de última generación. Con esto, se busca realizar la extracción tratando siempre de cuidar el ecosistema en el que se realiza la actividad productiva. Como se conoce en la jerga, Cantera Fátima se guía por el concepto de triple impacto, es decir, desarrollando la actividad teniendo en cuenta su impacto ambiental, social y económico simultáneamente. El fin último de esta idea es que ninguna de las dimensiones mencionadas pueda cumplirse a costa de alguna de las otras.

En esta línea, Cantera Fátima presentó una propuesta para el servicio de extracción y acopio de arena en el Puerto de Mar del Plata. Básicamente, propone aplicar un modelo empresarial más eficiente y sustentable que explote de manera más racional los recursos de esa zona, y que al mismo tiempo cumpla las normas del triple impacto.

El eje de esta propuesta es la puesta en valor, refacción, mejoramiento y refuncionalización de las instalaciones del predio donde la extracción, clasificación, lavado y acopio de arena se van a desarrollar, incorporando además algunas pautas de sustentabilidad y ahorro energético que no se han implementado hasta el momento.

El aspecto más importante y urgente que atender es el de la arena que se extrae en este espacio del Puerto y que se destina a construcción, una arena que requiere un tratamiento especial que hoy se realiza de manera poco eficiente. Las consecuencias de comercializar arena para esta actividad sin el tratamiento adecuado pueden ser muy peligrosas. Los altos niveles de sal en la arena de mar hacen que absorba la humedad del aire, por lo que el cemento no alcanza la dureza requerida, la sal le da a las paredes un alto contenido de humedad, los hierros se oxidan más rápidamente de lo normal y el cemento termina desintegrándose. Debido a que hace más de 20 años que se viene comercializando arena de mar con un tratamiento deficiente, no es de extrañar que esto derive en la comercialización de un cemento de muy mala calidad. Las consecuencias de este problema dicen cada tanto presente en la ciudad de manera dramática con la caída de balcones o mampostería, y afecta sobre todo a desarrollos inmobiliarios de clase media.

La mejor manera de resolver este problema es tratar la arena en el lugar. La propuesta de Fátima proyecta la instalación de una planta lavadora y clasificadora de arena dentro del Puerto, lo que implicaría una mejora sustancial respecto al procedimiento que viene desarrollándose hasta ahora. Esta innovación garantizará que la arena que se comercialice desde el predio sea de óptima calidad para la construcción y otras actividades productivas. Además, el agua que se emplea en el lavado se reutilizaría, con lo que se lograría también una reducción en el consumo de agua en la futura planta.

Hoy, a un año y medio de haber irrumpido la pandemia, la Ciudad se prepara para volver con todo. Después de lo que vivimos como sociedad, todos necesitamos un poco de normalidad. Pero también se hace evidente que la forma en que se desarrollaban muchas actividades productivas antes de la pandemia, como sucede en el caso de la extracción y acopio de arena en el Puerto, han dejado de ser normales y aceptables. El primer paso de ese cambio es proponer un nuevo paradigma para el sector, donde el eje esté puesto en la sustentabilidad y perdurabilidad tanto de la explotación, como de los materiales que se producen.

El dilema que enfrenta Mar del Plata en realidad se plantea en términos muy sencillos. Si no modificamos nuestra manera de producir bienes y servicios, la única salida, a la larga, será dejar de producirlos. Y como eso sólo produce pobreza y atraso, la única opción que tenemos es hacerlo bajo nuevos estándares que contemplen las necesidades económicas, ambientales y humanas de toda comunidad.

Fuente: Clarín.com

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