Inflación sin freno: las claves para pagar menos en tiempos en los que los precios suben a diario

Recomendaciones para ahorrar a la hora de comprar alimentos. La visión de los expertos y la comparación con otros países. La causa de la brecha creciente con la variación de los índices de otros países como EEUU y Uruguay.

Por Redacción

domingo 23 de enero, 2022

La Argentina ocupa el quinto lugar en el ranking de países con mayor tasa de inflación en el año, sobre un total de 200 naciones que mide el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sólo la superan Venezuela, Sudán, Zimbabwe y Surinam; países que atraviesan guerras, golpes de Estado, dictaduras y fuertes crisis.

En un contexto donde la suba generalizada de los los precios no da tregua, salvo unos pocos regulados, que llevó a cerrar 2021 con una inflación acumulada del 50,9%, tener a mano los principales tips para comprar alimentos a los valores más bajos se volvió fundamental.

“En primer lugar, lo que hacen muchos argentinos (para ahorrar) es comprar en los mayoristas”, dijo Damián Di Pace, director de Focus Market, al explicar por qué ese fue uno de los canales que más creció en el último tiempo. Esencialmente, es el elegido porque se adelanta a la evolución de precios futuros. “Uno termina obteniendo grandes descuentos adelantando la compra en los canales mayoristas”, resaltó. La diferencia puede ser del 27% menor con el que se pagaría en el minorista o comercio de cercanía.

Otra forma para intentar ganarle a la inflación es comprar en los días que hay ofertas o promociones, según cada local o comercio. En Coto, por ejemplo, hay descuentos de hasta el 70% en la segunda unidad y en el caso de Día llegan hasta el 80% (en determinados productos).

Las cadenas comerciales aparecen como otro canal de gran importancia para el bolsillo: allí se pueden encontrar cortes de carne populares, Precios Cuidados, programas especiales del Gobierno como los Ahora 6 o 12. No obstante, cuando se trata de productos frescos (carne, verduras, frutas) el puesto de cercanía le gana al resto, aclaró Di Pace.

Osvaldo del Río, presidente de la consultora Scentia, puso de relieve la enorme diferencia de precios que existe entre canales. “Cuando comprás en un supermercado de cadena, en lugar de uno de barrio, te vas a encontrar que en una compra de al menos 8 productos, habrá una diferencia del 20% en promedio a favor del supermercado (más económico)”, destacó. Si bien el supermercado fue 8% más barato históricamente, con las diversas acciones de precios impulsadas por el Gobierno se amplió la brecha e impactó también en otros productos.

Otro tip para generar ahorro que observan los expertos es comprar en los mayoristas packs de grandes cantidades. Es decir, no ir a comprar a buscar un producto suelto. El director de Scentia enfatizó además que hay que prestar atención a los descuentos ya que “las diferencias entre los canales son muy grandes”.

También en supermercados los programas fidelidad generan ahorros importantes. “Cuando sos parte de una comunidad, siempre hay un grupo de productos para miembros”, mencionó Del Río. Eso ocurre en días específicos o se reciben por mail luego de realizar una compra. Para ilustrar, “con la tarjeta Carrefour todos los días de enero podés acceder a un 15% de descuento en la mayoría de los productos”, ejemplificó.

Asimismo, hay que tener en cuenta que en los negocios de barrio, en todas las categorías de productos siempre habrá ciertos productos muy económicos. “Es lo que tratan de hacer estos negocios pequeños para no perder competitividad de precios. Son productos muy puntuales, no muchos, pero existen y son mucho más baratos”, recalcó del Río.

Valores por las nubes

Si bien en varios países se registra un fuerte aumento de los precios al consumidor respecto del promedio que registrado previo a la irrupción de la crisis sanitaria; la mayoría está muy lejos de aproximarse al nivel de Argentina, donde una familia necesitó al cierre del año pasado $76.146 (menos de USD 350 al cambio libre) para pagar una canasta de alimentos y de servicios básicos y no caer debajo de la línea de la pobreza, conforme con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Pese al contexto de suba, los procesos de inflación alta y crónica fueron derrotados hace muchos años en el mundo desarrollado, e incluso en la región. Chile, Brasil, Paraguay, Perú, Uruguay tienen tasas estables de un dígito porcentual en todo el año. Uruguay cerró con u 8% y Estados Unidos al 7%, en ese caso la más alta en 30 años. Argentina, terminó con más de 50%, y acelerando.

La inflación acumulada en Uruguay en 2021 fue de 7,96%. En 2020 había sido de 9,41%, mientras que la meta del gobierno de Luis Lacalle Pou era de entre 3% y el 7%. Por su parte, en EEUU el año pasado fue la más alta desde 1982, fuertemente afectada por el encarecimiento de la energía, 29,3% y en menor medida de los alimentos 6,3%, según su índice CPI. Si se excluyen estos sectores volátiles, la inflación alcanzó 5,5%, su nivel más alto desde febrero de 1991.

“El caso de EEUU con 7% de inflación anual, es una clara consecuencia de las megaemisiones cuantitativas (Quantitative Easing-QE) necesarias para hacer frente a la fuerte contracción de la actividad y el empleo con la llegada del Covid-19. Ya el primer y segundo trimestre después de la crisis del 2008 habían mostrado que la inflación podía acelerarse, pero nada ocurrió efectivamente hasta este cuarto trimestre. Era bastante lógico que sucediera, la hoja de balance de la Reserva Federal (FED), equivalente al Banco Central de la Argentina, se expandió extraordinariamente”, especificó Fernando Camusso, director de Rafaela Capital.

Los países mencionados cuentan con tasas de inflación que son el resultado del equilibrio en sus variables macroeconómicas. En ese sentido, el economista dijo a Infobae: “Por supuesto hay matices, pero prevalece la coordinación fiscal y monetaria, que es clave”. Según su perspectiva, ese es en general el compromiso de los hacedores de política económica.

Respecto de la gran mayoría de países de la región, explicó que estos tomaron compromisos fiscales y monetarios bastante estrictos: “No fue magia. Herramientas macroprudenciales claras y bancos centrales bastante independientes, diría”, añadió Camusso.

Una característica concluyente

“Argentina tiene más inflación que esos países y, básicamente, que el resto del mundo producto de la acumulación de desequilibrios macroeconómicos durante mucho tiempo, déficit fiscales que a veces se financian con emisión monetaria, otras con deuda y eso a la larga termina generando más inflación, devaluación, crisis cambiaria y va deteriorando la función del peso de nuestra moneda como reserva de valor”, puntualizó Federico Furiase, director de Anker Latinoamérica, en diálogo con este medio.

A su vez, producto de esas crisis macroeconómicas, “hay un comportamiento defensivo de los agentes de la economía que tienden a cubrirse, a retocar precios ante el aumento de la cotización del dólar, independientemente de la estructura de costos; a dolarizar ahorros y eso genera una presión cambiaria e inflacionaria adicional; además de ir generando una inercia inflacionaria difícil de romper”, continuó el economista.

Entre otro de los factores por los cuales el país tiene mayor inflación que el resto, Furiase comentó que hay una economía “muy indexada” y hace mucho “nuestro Banco Central tiene un balance muy deteriorado, no tiene credibilidad y entonces no hay anclaje de expectativas hacia adelante”. Sumado a esto, subrayó, muchas veces se intenta contener presión inflacionaria distorsionando precios relativos, atrasando el dólar, tarifas; y eso es inflación que se esconde debajo de la alfombra porque genera más desequilibrios macroeconómicos que a la larga provocan mayor inflación.

Para Santiago Bulat, economista de IDEA, la contracara de la inflación es la baja de demanda de pesos. “Si tomamos un gráfico desde los 2000 para acá, salvo excepciones, todos los años la inflación en Argentina fue subiendo un poquito y ya nos acostumbramos a una inflación más alta. Una vez que te metés en una inflación alta, bajarla es muy difícil. Sobre todo en una economía que no quiere pesos y tiene déficit, entonces necesita financiarse con más pesos y eso lleva a una depreciación permanente”, reconoció.

Aumentos en alimentos y productos de primera necesidad

En 2021 los productos que integran la canasta básica de los hogares acusaron incrementos sustanciales, aunque muy dispares:

- La carne pasó de $528,67 a $884,61, es decir, subió 67,33 por ciento;

- El kilo de pan costaba $140,13 al cierre de 2020 y se elevó a $207,97 un año después, implicó un alza de 48,41 por ciento.

- La leche fresca entera en sachet (por litro) costaba $57,3 en 2020 y en 2021 el precio subió a $90,29, se encareció 57,57 por ciento;

- El precio de una gaseosa (1,5 litro) pasó en el período de referencia de $106,35 a $143,75, se incrementó 35,17 por ciento.

- Y el litro de nafta súper pasó de costar $67,1 en 2020 a $90,4 en 2021, registrando así una suba de 34,72 por ciento.

“La inflación en Argentina es el resultado de permanentes desequilibrios fiscales, monetarios y cambiarios. El 50,9% es producto de la fuerte emisión de pesos desde inicios de 2020 y la consiguiente caída en la demanda de moneda local en un país que es básicamente bimonetario y no ahorra en moneda local. Eso no ocurre en ningún país de la región. En el 2016 la inercia inflacionaria era de 25 puntos anuales, pero la crisis cambiaria iniciada en 2018 la duplicó. La gran falla en esos años fue tener dos velocidades para la política monetaria y la fiscal, no hubo coordinación”, remarcó Camusso, de Rafaela Capital.

La inflación -que no es un problema reciente a nivel local- se acelera o desacelera por distintos factores, pero sin dudas lo que genera el diferencial es la inercia, consideró Guido Lorenzo, director de la consultora LCG. “Aunque en el fondo, la causa última esté en la emisión de pesos por sobre la demanda de estos; en esta economía si nadie emite un peso igual cada quien quiere recuperar lo que perdió el período anterior”, dijo.

Según sus dichos, la expectativa de inflación ya existe y hace que cada contrato (en sentido amplio) que se actualiza se haga mirando al futuro, pero para eso también se debe tener en cuenta el pasado. “Más aún cuando el futuro es muy incierto… Ahí mirás al pasado y le sumás un poco a la hora de fijar precios. Esa gimnasia no está en el resto de los países”, agregó Lorenzo.

Con una visión similar, Sebastián Menescaldi, director de Eco Go, coincidió en que la inercia inflacionaria, contratos que duran un año, la emisión que hubo en los últimos dos años para financiar al fisco, y el ritmo de depreciación y las expectativas de devaluación de la moneda podrían estar causando el diferencial por el cual la inflación en Argentina es mucho mayor que la de Uruguay, EEUU o casi cualquier otro país del mundo.

¿Es un problema con solución a la vista?

Los economistas creen que, eventualmente, se puede dar vuelta este escenario. Empero, en el largo plazo. Varios de ellos proyectan que este año la inflación seguirá subiendo y podría rondar el 60%. Concuerdan además que hasta que no haya un plan consistente, la Argentina seguirá con inflación elevada.

“El plan va a tener que ser cada vez más de shock. Creo que va a tardar mucho tiempo con tasas de interés que vamos a necesitar que sean positivas, con una baja en el financiamiento del déficit. Y obviamente mediante las expectativas de toda la economía, que todos le creamos al BCRA que está haciendo su tarea de bajar la inflación”, deslizó Bulat.

Según Camusso, esta compleja situación siempre se puede revertir. Sin embargo, se debe iniciar el proceso de retorno al equilibrio de variables fundamentales, luego debe haber un compromiso serio de coordinación de políticas y un Banco Central con independencia real. “Nada de eso se ve por ahora”, lamentó.

Así y todo, los especialistas estiman que para lograr cierta normalidad y tener una base sólida en la economía argentina el proceso será largo y demoraría no menos de 15 años. Algo que no es imposible, pero suena difícil si se tienen en cuenta los antecedentes de la Argentina.

FUENTE: INFOBAE

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