Fue militante, lo torturaron y se exilió: la historia del primer muerto por coronavirus en el país

Guillermo Abel Gómez tenía 64 años y falleció el 7 de marzo de 2020 en el Hospital Argerich. Nunca supo que se había contagiado. Unos días antes había viajado a Francia para conocer a su nieta.

Por Redacción

lunes 7 de marzo, 2022

Más lento como en la actualidad, o más rápido como antes de la llegada de las vacunas, el número de muertes por coronavirus en la Argentina crece día a día desde hace -hoy- dos años. Una lista compuesta por más de 125.000 historias que el 7 de marzo de 2020 anotó su primer nombre y apellido: Guillermo Abel Gómez, de 64 años.

Faltaban 13 días para que se decretara la cuarentena obligatoria en el país, pero el COVID-19 ya era una realidad que había llegado para quedarse. Así lo venían anunciando las postales que llegaban desde Europa y exhibían hospitales atestados de pacientes, ciudadanos encerrados en sus casas, el tapabocas como nuevo elemento de uso diario, el temor y el desconcierto ante un enemigo desconocido e invisible.

Gómez había estado en Francia unos días antes y se cree que allí contrajo la enfermedad. El nacimiento de su nieta lo había motivado a viajar a principios de febrero. María Eugenia, su hija nacida y radicada en París, se había convertido en madre y Guillermo quería conocer a la beba.

El primer muerto por coronavirus en la Argentina fue un sobreviviente
En su viaje a París, llegó junto a Nélida, “La Turca”, su esposa. La pareja conocía muy bien la Ciudad Luz: habían vivido allí desde la década del ‘70, cuando se exiliaron. Guillermo Gómez era militante del Movimiento Villero Peronista y fue secuestrado y torturado por la Triple A.

El primer paciente que murió por coronavirus en la Argentina fue un sobreviviente del horror de aquellos años: tras ser sometidos a distintos tormentos, él y su mujer fueron abandonados en el barrio porteño de Villa Lugano.

En 2014, luego de cuatro décadas de residencia en Europa, Guillermo y Nélida se instalaron en un PH en San Telmo. Un primer piso por escalera.

En esa casa, tras el retorno desde Francia, el 25 de febrero de 2020, el hombre comenzó a sufrir los primeros síntomas de coronavirus : fiebre alta y dificultades para respirar. Además de ser mayor de 60 años, Gómez era diabético, hipertenso, padecía insuficiencia renal y bronquitis crónica: él no lo sabía, pero integraba la población de riesgo.

“Sabemos que fue dos veces al Hospital Argerich y lo mandaron de vuelta a su casa. La tercera vez quedó internado. Fue una situación dramática: Nelly se contactó con Luis, un viejo compañero de militancia, porque Guillermo tenía 40 grados de fiebre y no sabía qué hacer”, contó Alicia Vázquez, una amiga de Guillermo, en una publicada por Clarín el año pasado.

Luis Contreras, de 80 años y que también fue parte del Movimiento Villero Peronista, salió de su casa en Monte Grande, en el sur del conurbano bonaerense, se tomó un tren y un colectivo para asistir a su amigo. Nelly había llamado varias veces a una ambulancia que nunca llegó. “Luis, entonces, lo cargó al hombro y lo bajó por la escalera”, recordó Vázquez.

Tomaron un taxi y llegaron al Hospital Argerich, la opción más cercana para tratar el cuadro de Gómez, que desde su regreso a la Argentina no contaba con cobertura médica. “Allí tuvo que esperar cuatro horas y media”, precisó la mujer.

Vázquez, otra de las personas con las que Guillermo Gómez había retomado una amistad a su regreso del exilio, lo visitó dos días más tarde en el centro de salud de La Boca. “Estaba en un box dentro de la unidad coronaria. Dijeron que tenía neumonía, que su estado general era muy grave y que no iba a sobrevivir. El sábado a la mañana falleció. A las 19 confirmaron el rumor que ya circulaba desde el mediodía: era covid positivo”.

Guillermo Gómez murió sin saber que tenía coronavirus. Pero, a diferencia de tanto otros, no murió solo: su mujer y amigos más cercanos lo acompañaron en sus últimos momentos. Todavía no estaban definidos los protocolos contra el COVID-19. Entre ellos, la necesidad de aislar al paciente incluso una vez fallecidos, lo cual impediría, a partir de las semanas siguientes, a muchos familiares de fallecidos poder velarlos y darles una despedida más cercana.

Abel Gómez, el primer paciente que murió por coronavirus en la Argentina: sus años de militancia

“Morocho, grandote, de contextura física importante. Dejó la escuela para poder sobrevivir y salió a enfrentar la vida. Trabajaba como recolector de residuos desde arriba de un camión. Su conciencia de clase lo depositó en el MVP”, lo recordó una nota publicada en la Agencia Paco Urondo.

Gómez era oriundo del barrio porteño de Villa Soldati y en sus años de militancia ayudó a construir veredas, cañerías, zanjas y salas de primeros auxilios en barrios humildes.

“Cuando llegó a París se consiguió un trabajo de lava copas en un restorán. No duró mucho. Allí le pagaban un sueldo miserable y el trabajo excedía las 12 horas diarias. Buscó por otro lado”, retrató el artículo.

Tiempo después, Gómez se incorporó al establecimiento oficial de impresión de billetes de curso legal en Francia y fue delegado gremial.

“Cuando Nelly llamó para contarme que Guillermo había fallecido no me dijo nada del coronavirus. Al parecer se enteró más tarde”, contó Vázquez. Y concluyó: “Me quedó un gusto amargo por esa ambulancia que nunca llegó y por todo lo que tuvo que esperar para ser tratado”.

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