24 de marzo: el último día que una marplatense vio a sus padres

Andrea Carrizo tiene 45 años. El 14 de de noviembre de 1977 sus padres y sus tíos fueron desaparecidos por un grupo de militares. Su abuela paterna buscó a sus tres hijos y nuera en una lucha eterna.

Por Redacción

jueves 24 de marzo, 2022

Por Bárbara Benitez

Salomé, en el patio trasero de su casa, extendió sus brazos y colgó la ropa para que el viento ultrajante marplatense la secara, a su lado una de sus nietas de 2 años, Karina, la acompañaba. Las rodeaba un jardín con cuatro limoneros y algunos escombros de aquel hogar, que una pared interna creada por un armario, contenía el amor y anhelo de una familia que buscaba igualdad.

Dentro de su casa, el mediodía del 14 de noviembre de 1977, su nuera amamantaba a Andrea, su segunda hija de tan solo un año y el hermano de su marido la acompañaba mientras compartía junto a su padre su charla diaria. De pronto silencio en las calles del barrio Malvinas Argentinas, un Falcón verde se estacionó frente a la casa ubicada en Armenia 182 y un grupo de militares vestidos de civiles se llevaron a la joven madre de 22 años y al tío de las niñas. Salomé observó todo lo que sucedió desde el patio y su nieta lloraba desconsoladamente.

“Entraron, se llevaron a mi madre, Cristina Haydeé Monier y a mi tío Horacio Carrizo. Él era técnico electromecánico y estaba en tercer año de arquitectura, mi madre trabajaba junto a mi padre y mi abuela, en el puerto. A la vuelta de mi casa otro grupo de militares los esperaban. Se llevaron los elementos para pintar banderas y otro tipo de símbolo militante. Nos dejaron al cuidado de mi abuela Salomé”, comentó Andrea, con un nudo en la garganta. Un nudo que cada 24 de marzo trata de disolver mediante las palabras y recuerdos que en su mente intenta dibujar.

En simultáneo a lo que sucedía en la calle Armenia, el padre de las niñas, Juan Carlos Carrizo, de 25 años, caminaba junto a su otro hermano Alberto, que era fotógrafo, por la Galería Central, ubicada en avenida Luro, entre Salta e Independencia. “Se los llevaron por la avenida Luro, los vio una amiga de mi padre. En la galería mi tío tenía su local de fotografía. Pienso, muchas veces, que en el subsuelo de ese lugar se reunían. Militaban en Montoneros,  luchaban por los derechos, iban a los barrios carenciados y ayudaban en los merenderos. Querían igualdad y un sueldo justo en la parte del pescado. Los militares rompieron todo y con eso algunas fotos que tenían mías con mis padres. No tengo recuerdos”, expresó Andrea.

LA LUCHA, LA BÚSQUEDA, LOS RECUERDOS

Salomé del Jesús Correa de Carrizo, luego del 14 de noviembre 1977, comenzó una lucha imparable: “En mi casa si había objetos de militancia, que luego mi abuela tiró. Nosotras siempre supimos toda la verdad, jamás dijimos que nuestros padres habían muerto en un accidente, eran parte de los desaparecidos de la dictadura. Mi abuela se bancó todas, nos crió a nosotras sola, luchó por la aparición de mis padres y mis tíos, ya que mi abuelo falleció al poco tiempo”, enfatizó la mujer de 45 años.

“Luego de la desaparición mi abuela salió a buscarlos, pasó por las comisarias, el habeas corpus, todo lo que pudo hacer lo intentó. Jamás supimos dónde estaban los cuerpos, ni dónde estuvieron detenidos de forma clandestina. Integró “Abuelas de Plaza de Mayo”, siempre estuvimos con ella. Tuvimos amenazas, a mi abuela le decían que nos estaban investigando, ella peleaba por sus tres hijos y su nuera, cuando nosotras crecimos empezamos a ir a marchar”, agregó.

Salomé luchó  de forma incansable hasta el último día: "Estuvo presente en todos los actos y lo buscó hasta el año que falleció en 1998. En la actualidad mis compañeros de colegio la recuerdan", recordó la nieta de una abuela imparable.

Andrea marchará el 24, pero un día antes se reunirá con los compañeros de sus padres en el puerto, donde “les realizan un homenaje todos los años a los caídos y entre esos están mis viejos”. Andrea, la bebe de un año, que un 14 de noviembre de 1977, su vida no fue la misma, sus orígenes fueron borrados y desaparecidos por un grupo de hombres que ingresaron a la casa del barrio Malvinas Argentinas, cuando Salomé colgaba la ropa para que el viento ultrajante marplatense la secara.

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