Nicolás Maduro está menos aislado de lo que alguna vez estuvo

Una inclinación hacia la izquierda en la región y el alto precio del petróleo fortalecen al régimen de Nicolás Maduro.

Por Redacción

sábado 20 de agosto, 2022

El 7 de agosto, mientras los líderes regionales llegaban a Bogotá para la elaborada toma de posesión del primer presidente de izquierda de Colombia, un hombre se destacó por su ausencia. Iván Duque, el presidente saliente y un conservador, usó lo último que le quedaba de poder para asegurarse de eso.

Le prohibió a Nicolás Maduro, el dictador vecino en Venezuela, pisar suelo colombiano hasta el mismo momento en que Gustavo Petro se juramentó. Así que Maduro se quedó en casa y asumió un rol como de presentador televisivo, parado frente a una pantalla grande en su palacio, donde comentó los eventos en Bogotá a medida que se desarrollaban.

Faltar a la ceremonia no ha disminuido el entusiasmo de Maduro por el cambio político que sucede en Colombia, el aliado más fiel de Estados Unidos en la región. Como muchos tiranos, Maduro alaba la democracia cuando funciona a su gusto. “Nuevos tiempos se avizoran para este hermano país”, tuiteó Maduro en junio, poco después de la victoria de Petro, un guerrillero convertido en senador. El izquierdista Petro ha prometido un deshielo en las gélidas relaciones de su país con Venezuela. Para empezar, dice que restablecerá las relaciones diplomáticas, truncadas desde 2019.

Pero la euforia de Maduro se basa en algo más que una simple inclinación hacia la izquierda en Colombia. Ya que parece pensar que la elección de izquierdistas como Gabriel Boric en Chile y Pedro Castillo en Perú socavará la campaña para aislar a su régimen. Mientras tanto, Estados Unidos parece demasiado preocupado por la escasez de petróleo como para seguir ejerciendo presión sobre el gobierno de Maduro. Todo esto ayudará a que el presidente venezolano ya no sea un paria en la región. Incluso los gobiernos de derecha aceptan en silencio que Maduro llegó para quedarse.

Es irónico que el astuto Maduro pueda beneficiarse del surgimiento de los líderes de izquierda, cuyo ascenso en realidad él ha impedido. Después de impulsar los movimientos socialistas en América Latina en su apogeo, Venezuela se convirtió en un dolor de cabeza político para los izquierdistas que intentan llegar a cargos públicos. En la campaña electoral, los conservadores retratan la agonía de Venezuela como el destino que les espera a los votantes si optan por la izquierda. A menudo los candidatos terminan atrapados entre los aliados centristas, cuyo apoyo necesitan para gobernar de manera efectiva, y las partes radicales de su base que todavía idolatran al régimen de Maduro.

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