Prueba ocular podría mejorar la detección de autismo

Un estudio demuestra que la medición del cambio de las pupilas de los ojos en respuesta a la luz, conocido como reflejo luminoso pupilar, podría utilizarse para detectar esta afección.

Por Gimena Rubolino

lunes 5 de septiembre, 2022

Un estudio publicado en al revista ‘Neurological Sciences‘ demuestra que la medición del cambio de las pupilas de los ojos en respuesta a la luz, conocido como reflejo luminoso pupilar, podría utilizarse para detectar el autismo en niños pequeños.

Sabemos que cuando intervenimos entre los 18 y los 24 meses de edad, esto tiene un impacto a largo plazo en sus resultados.

Intervenir durante esa ventana crítica podría ser la diferencia entre que un niño adquiera el habla verbal o siga sin hablar. Sin embargo, después de 20 años de intentos, todavía no hemos cambiado la edad media de diagnóstico aquí en EE.UU., que es de cuatro años, explica Georgina Lynch, líder de la investigación.

El escrito, realizado en la Universidad Estatal de Washington (Estados Unidos), analizó a 36 niños de entre 6 y 17 años a los que se les había diagnosticado previamente autismo junto con un grupo de 24 niños de desarrollo típico que sirvieron de control.

Los reflejos pupilares de los niños fueron evaluados por personal clínico cualificado mediante un pupilómetro monocular manual, que mide un ojo a la vez. Al analizar los resultados, los investigadores descubrieron que los niños con autismo mostraban diferencias significativas en el tiempo que tardaban sus pupilas en contraerse en respuesta a la luz.

Sus pupilas también tardaban más en volver a su tamaño original después de retirar la luz.

Lo que hicimos con este estudio es demostrar los parámetros de interés que importan la velocidad de constricción y el retorno a la línea de base. Y lo demostramos con tecnología monocular porque sabíamos que no hay diferencias significativas entre los ojos en cuanto a la respuesta pupilar en el autismo, a diferencia de lo que ocurre en los traumatismos craneoencefálicos o las conmociones cerebrales, en los que es habitual ver tamaños de pupila desiguales, detalla Lynch.

Un estudio anterior dirigido por la investigadora analizó a los niños en un entorno de laboratorio utilizando pupilometría binocular, que utiliza un costoso dispositivo fijo que mide ambos ojos a la vez. El menor gasto y la portabilidad asociados a la tecnología monocular permitieron trasladar las pruebas a entornos clínicos similares a aquellos en los que podría utilizarse la herramienta de cribado que Lynch está desarrollando una vez que esté disponible en el mercado.

Con el apoyo de la Washington Research Foundation, Lynch trabaja ahora para ampliar las pruebas a un grupo de 300 o más niños de 2 a 4 años en un mayor número de centros clínicos. Los datos de ese estudio se utilizarán para validar los resultados anteriores y se integrarán en el dispositivo de cribado definitivo para proporcionar un punto de referencia que los proveedores puedan utilizar para decidir si remiten o no a un niño para su evaluación.

Mientras tanto, Lynch está preparando la solicitud de aprobación previa a la comercialización del dispositivo de detección por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) a través de Appiture Biotechnologies, una empresa derivada que cofundó para ayudar a que esta tecnología pase de un entorno de investigación académica a un uso generalizado en las clínicas pediátricas.

 

 

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