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LA PUNTA DEL ICEBERG

Por Nicolás Mondino

Por Redacción LP

jueves 4 de agosto, 2016

Por Nicolás Mondino

 

Es más que conocida aquella metáfora de la punta del iceberg. Los icebergs son témpanos de hielo flotantes que pueden alcanzar decenas de metros de altura, con una dimensión que les permite mantenerse a pesar de las distintas corrientes. En la superficie sólo se ve una pequeña parte (aseguran que sólo una séptima), por lo que es probable que si se ve un témpano de unos 10 o 15 metros, más allá de su imponencia, debajo del agua haya otros 70 u 80 metros más. Y además es la parte más gruesa y compacta de esa masa de hielo.

De eso surge la metáfora a la que hago referencia. A veces  -muchas veces- nos quedamos impactados por lo que se ve pero lo que mantiene eso está debajo de la superficie.

Peor aún es cuando ni siquiera se ve lo superficial y ahí sí tenemos un problema serio, sino pregúntenle al capitán del Titanic.

Entiendo que bastante de eso nos está pasando con algunos temas coyunturales, de actualidad. Aparecen emergentes de un problema mucho más profundo y, en el mejor de los casos, sólo atendemos la urgencia. En el mejor de los casos, insisto, porque a veces ni eso.

Uno de los casos que me llevó a este comienzo son los constantes robos a los Centros de Atención Primaria de la Salud.

Elmarplatense.com ha hecho un repaso de lo acontecido este último fin de semana en dos de esas “salitas”, como se las llama popularmente. Dice la nota periodística del portal:

“El Centro de Salud del barrio Las Américas volvió a sufrir un robo. En horas de la noche, delincuentes rompieron uno de los vidrios y sustrajeron, sin ingresar al edificio, dos monitores de computadora, uno de los cuales ya había sido robado y posteriormente recuperado por la Policía.

“Este es un hecho más de los tantos que venimos teniendo en los CAPS. Este robo nos perjudica mucho en el día a día y en la reposición”, expresó el coordinador de los Centros de Atención Primaria de la Salud, Gustavo Méndez, quien manifestó la necesidad de contar con presencia policial constante.

La semana pasada se registró en la sala de Juan N. Fernández 360 el cuarto robo del año. Tras violentar una de las rejas, delincuentes ingresaron y se llevaron computadoras, monitores e, incluso, medicamentos. Luego de una serie de allanamientos, se detuvo a una persona acusada de participar en el robo y se recuperó parte del botín, dentro del cual se encontraba uno de los monitores que volvió a ser robado.

Luego de esto, el director de Salud municipal, Gustavo Blanco, salió a reclamar seguridad las 24 horas en los Centros “estén o no abiertos”, a lo que el jefe de la Policía Local, Fernando Telpuk, respondió que “los edificios públicos no tienen seguridad permanente porque no hay posibilidad física”.

EL CENTRO DEL CENTENARIO, TAMBIÉN ALERTA

Por otro lado, el Centro de Salud del barrio Centenario de Tierra del Fuego 3116 también padeció la inseguridad. Responsables de la sala advirtieron que las rejas habían sido violentadas y que el portón de ingreso al predio había sido abierto.

Antes este escenario que parecía indicar que había una intención de ingresar a la Sala con fines delictivos, se procedió a custodiar el lugar. Durante toda la noche hubo rondines con personal de Gendarmería y de la Policía Local para amedrentar a quienes presuntamente planeaban perpetrar algún tipo de robo allí.”

Los problemas de seguridad en líneas generales ameritan un análisis profundo en sí mismos. Lo que ocurre con las entraderas a personas mayores, los asaltos violentos, los casos que sufren varios comercios de una misma zona, los hechos criminales en líneas generales. Todos los casos tienen un trasfondo que excede el hecho puntual de alguien que comete un crimen. Es decir, nadie se levanta un día y dice “bueno, hoy voy a salir a robar”. Es más bien una consecuencia de una multiplicidad de factores.

Pero el caso de los ataques criminales a los Centros de Atención Primaria combinan muchos de esos factores.

Por un lado, es un robo en sí mismo, se enmarca en la mal llamada “inseguridad”. Sin embargo, hay muchos factores que nos derivan a meter la cabeza bajo el agua y encontrar la base de la problemática que, como el iceberg, es bastante más densa y de mucha mayor extensión.

Me animo quizás a hacer unas pocas preguntas y a intentar encontrar un camino de respuestas. ¿Por qué alguien robaría un Centro de Salud del barrio donde probablemente se atienda algún familiar o él mismo? Como respuesta podríamos encontrar varios caminos a tomar, como por ejemplo un estado de desesperación o desinterés por la mayoría de las cosas, incluyéndose a él mismo. Pero lo que me dicen es que se entra a las salitas con un objetivo de máxima, los medicamentos, las drogas.

Los robos a estos sitios son constantes y tienen como objetivo llevarse los productos de farmacia. De paso, si hay algo de valor y se puede cargar, genial.

Uno de los problemas de fondo, una parte de este enorme iceberg, está relacionado con la falta de un tratamiento eficiente por parte del Estado con relación al consumo de estupefacientes. Poco se hace, poco hay y, lo que hay, no alcanza.

Previo a llegar a esa situación, también hubo ausencias notorias en cuanto a contención e inclusión. Incluso se carece en aspectos como la educación y concientización sobre adicciones.

Líneas generales, grandes rasgos de un conflicto social que emerge como delito o criminalidad. El tema es mucho más profundo, muchísimo.

¿A quién se afecta robando un Centro de Salud? Aquí es donde empieza la otra cuestión, ¿quién es la víctima de un robo al Estado? A todos, sin embargo, pareciera que nadie. Como es de todos pero nadie toma conciencia de eso, no se dimensiona de forma, aunque sea parcial, el daño que genera. Lo que cuesta recuperar lo robado o reparar los daños en infraestructura lleva mucho más trabajo del imaginado.

Mientras tanto eso se recupera, muchas familias terminan haciendo largos viajes para llegar al Materno o al Regional, recargando la atención en esos nosocomios que están creados para la alta complejidad.

Y yendo a lo superficial, ¿vemos aunque sea la punta del iceberg? ¿Se trabaja en pos de mayor seguridad en los Centros de Atención Primaria? La respuesta es que poco. Ojo, no lo digo yo como una crítica despiadada, buscando perjudicar a alguien.

Les cuento, el sábado a la noche, alguien de la mismísima Secretaría de Salud me mandó un mensaje pidiéndome ayuda para difundir lo que pasaba en el Centenario. Les habían robado las rejas y habían dejado todo listo para entrar en la noche. ¿cómo puede ser que haya que recurrir a los medios para exigir seguridad? ¿Cómo es que el Estado mismo no puede arbitrar los medios para evitar un hecho delictivo en sus propios edificios? A esas preguntas, no tengo respuestas. Eso sí es un problema más y complejo, que también tiene una raíz que genera eso que vemos en la superficie.

Como les vengo contando y basándome en eso, en este tema, el de los robos a las salitas barriales (para detenerme en eso y no hablar de todo el conflicto sobre criminalidad que es mucho más grande) estamos conduciendo la nave como el capitán del Titanic.

No sólo no estamos viendo la profundidad que tiene el témpano de hielo, sino que ni siquiera estamos prestándole atención al emergente.

 

Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad de quienes escriben.

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