Deserción escolar

Por Sebastian Puglisi

Por Redacción

jueves 25 de agosto, 2016

El término deserción escolar, lo utilizamos habitualmente cuando nos referimos a aquellos niños o jóvenes que dejan de ir, de asistir a la escuela y quedan marginados del sistema educativo.

Según el diccionario de la real academia española, la deserción es la acción de desertar. Esto quiere decir dejar de acudir, alguien, a un lugar que frecuentaba o bien, abandonar las obligaciones

La palabra escolar, por su parte, hace referencia a aquello que es perteneciente o relativo al estudiante o a la escuela.

Mucho se ha dicho y escrito al respecto. Entre otros especialistas, lo han hecho algunos equipos técnicos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) que han considerado como causas preponderantes, a la hora de hablar de deserción a la pobreza, la exclusión, la distancia que debe recorrer el estudiante para llegar a la institución educativa y la escasa capacidad de las instituciones escolares para brindar contención.

Muchos de nosotros habremos oído alguna vez la historia de aquellos chicos que recorren varios kilómetros para llegar a una escuela, o bien la de aquellos otros a quienes sus familiares no acompañar en la trayectoria escolar, ya sea por ignorancia, o bien porque provienen de una familia en la que otros miembros también han abandonado el sistema educativo.
Es decir, no acompañan ni alientan la permanencia del niño o el joven en la escuela.
De igual manera, la repitencia, se presenta como otro de los factores que también presenta el abandono escolar.
Pero uno de los principales, dolorosos y vergonzantes motivos es que el chico fuera de las aulas tiene que trabajar y tener responsabilidades de adulto por la situación que vive su propia familia. Son muchos los chicos que dejan la escuela para acompañar a sus papás en el trabajo o aquellos que con la intención de faltar algunos días para acompañar alguna cosecha o zafra, no retoman sus estudios y terminan abandonando.

Según estadísticas de 2014, la deserción escolar en nuestro país llega al 8,54% de los alumnos de la escuela secundaria básica, esto es en los primeros tres años, pero después en cuarto, quinto y sexto año, es decir lo que se denomina secundaria superior, se incrementa hasta el 20%. Esto volcado en números quiere decir que están desertando de nuestro sistema educativo cerca de 300.000 adolescentes en Argentina.

Resulta cuanto menos paradójico leer las cifras que indican que en nuestro país se vivió un crecimiento económico entre el 2002 y hasta el año 2008, y sin embargo el sistema educativo no pudo detener las cifras de deserción escolar.
Siempre las cifras deben servir para definir políticas públicas y estas cifras debieran ser un punto de inflexión en lo que van a ser de acá en adelante las políticas públicas en materia educativa.
Para que exista la tan mentada igualdad de oportunidades, hay que desarrollar profundas políticas de inclusión por un lado pero sin olvidar, por el otro, que además deben posibilitar la permanencia y el egreso de los estudiantes.

Hemos logrado como sociedad a través de la sanción de una ley nacional de educación en el año 2006 que los chicos estén en la escuela. Pues bien, ahora tienen que aprender.

Algunos informes del Observatorio de la Deuda Social, de la Universidad Católica Argentina (UCA), sostienen que se encuentran fuera de los procesos de escolarización, en las familias más pobres del país siete de cada diez chicos.
En materia educativa durante la gestión presidencial que terminó en diciembre de 2015 me consta que se hicieron esfuerzos desde el gobierno nacional para optimizar recursos, pero de todos modos la realidad nos mostró a finales del 2015 que alrededor de 750.000 chicos de entre 6 y 17 años están fuera del sistemas escolar y hay casi 4.000.000 de adultos que no lograron terminar la escuela primaria.
Y un último dato: más del 70% de los jóvenes entre 15 y 20 años, está actualmente en lo que llamamos situación de riesgo educativo, esto es, que no han logrado una cantidad de conocimientos y de habilidades que les permitan formar parte de manera activa, de manera plena, de la vida social.
Éstos son los chicos y chicas que recibimos en el nivel superior de enseñanza, en la universidad y no pueden comprender lo que leen o tienen serias dificultades para hacerlo.
Decía casi al final de su mandato en diciembre de 2015, el ahora, ex ministro de educación de la Nación, el Licenciado Alberto Sileoni que desde el 2003, todo el crecimiento de la matrícula en las escuelas primarias se había dado en la educación privada y que se registraba una pérdida absoluta de alumnos de las escuelas públicas. En ese momento el argumento que esgrimía el ex funcionario era que desde el año 2003, más familias eligieron la escuela de gestión privada debido al crecimiento económico, ya que las familias tenían dinero para pagar la educación privada. Con todo el respeto que me merece Alberto Sileoni, creo que las cifras no merecen la interpretación que él les daba y había que habérselas tomado con la seriedad que las cifras tienen, para poder definir políticas públicas que revirtieran situaciones de abandono.
Asimismo me permito poner en duda si lo que pasó es que las familias se mudaron a la escuela privada porque tuvieren el dinero para abonar una cuota o si lo hicieron porque la escuela pública dejó de dar la respuesta esperada a las esperanzas del grupo familiar.
Muchos de los docentes que trabajamos a diario en el sistema educativo seguimos pensando que la escuela pública no debe ser un castigo para quienes no tienen posibilidades económicas, como se podría interpretar de las palabras del ex ministro. La escuela pública debe ser otra cosa. La escuela pública debe ser una elección para todas las familias, más allá del nivel económico de la misma.
En ningún país del mundo se entendería que mandar a un hijo a la escuela pública tenga que ver con la pobreza, por el contrario, una sociedad se muestra democrática y justa, cuando tiene escuela pública inclusiva.
Por estos días en el Ministerio de Educación de la Nación se presentó un informe elaborado por 12 líderes políticos latinoamericanos que comenzaron su tarea en noviembre de 2014 en el que acordaron una agenda de trabajo para el cambio educativo profundo en América Latina y que propone la movilización tanto de los sectores público, como privado en el ámbito educativo pero que también involucra a los medios de comunicación , y que además involucra a la sociedad civil para mejorar la calidad educativa, pero también para evitar los altos índices de deserción.
Para revertir estas preocupantes cifras a las que nos referíamos más arriba, habrá que producir, en palabras del actual ministro de educación, una verdadera revolución educativa.
Ojalá la logremos pronto.

Las cifras muestran que nuestro sistema educativo no pasa por un buen momento.
Ya no se puede esperar.

Sebastian Puglisi

Prof y Licenciado en Cs de la Educación. Especialista en Gestión Educativa


Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.


 

 

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