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La Esperanza

Por Alberto Amorosino

Por Nicolas Mondino

sábado 10 de septiembre, 2016

Hay momentos en la vida política de nuestro país que describir lo que se están viviendo resulta realmente difícil. Más de una vez, como en este caso, sentarse frente a la computadora para analizar lo que nos está pasando tiene como resultado que la mente queda en blanco como la página que tenemos enfrente.

Ese bloqueo lo provoca la desigualdad de los acontecimientos que golpean con fuerza inhumana. Hablo de la inseguridad, que siempre existió que no es nueva que siempre estuvo en las páginas de los diarios y en las pantallas y las radios. No es nada nuevo. He sido periodista de uno de los diarios emblemáticos en temas policiales desde su inicio, Crónica. He conocido a asesinos, ladrones de bancos, estafadores, proxenetas y a cuantos hombres y mujeres inmersos en el mundo del delito se les pueda ocurrir. Pero tenían códigos. Esos códigos de los cuales muchos de los que hoy se hacen llamar “progresistas” dicen que pertenecen a las mafias, a otras épocas, que no deben ser tenidos en cuenta. Sin embargo, esos códigos hacían que cuando un ladrón cometía el delito no mataba porque si a su víctima. Hoy pareciera que la ley está rota en mil pedazos. Que la policía, en especial la de Provincia de Buenos Aires, esta corrompida de la cabeza a los pies sin que nadie pueda poner fin a ese estado. ¿Quién es culpable de que esto ocurriera y siga ocurriendo? La respuesta es de manual, la Política y quienes las aplican, es decir los políticos. Aquí vamos. La política tendría que poner el orden necesario (que no se entienda esto como “mano dura”) para que las leyes se cumplan y den un ejemplo muy fuerte para que en las próximas elecciones los ciudadanos sigamos creyendo que el mejor camino para seguir andando la Democracia es el del voto a los más capaces.

¿Cuáles serían los temas a tratar en forma urgente por parte de los gobernantes para que este flagelo, sumado al de las drogas amaine un poco su volumen tormentoso? A mi modesto entender, detener la ola de despidos creando reales fuentes de trabajo, aumentar la producción, la obra pública que quedó parada desde la gestión anterior, políticas educativas de inserción, aumentar la exportación de nuestros productos abriendo nuevos mercados (se dice mucho y se hace poco al respecto) políticas económicas coherentes y no excluyentes como las tomadas hasta el momento. Que no se anuncien inversiones fantasmas como en el gobierno anterior para que podamos creer que tenemos un horizonte claro y no nuboso. La inserción de aquellos que están desamparados como los movientes sociales que creyeron en muchos delincuentes de guante blanco que les dieron un subsidio en lugar de herramientas para un trabajo digno. Aquí el Movimiento Obrero Organizado en la CGT dio un paso histórico impensado por propios y extraños al abrirles las puertas del edificio de la calle Azopardo a los representantes de Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa y el Movimiento Evita, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y escucho los reclamos y armaron una agenda de reclamos al Gobierno en la que se incluyeron entre otros puntos los de emergencia social y diálogo multisectorial. En esa agenda quedó marcado el día 24 del corriente para un nuevo encuentro a los que se sumarán integrantes de la Pastoral Social de la Iglesia Católica.

En este encuentro podemos hacer una o varias lecturas políticas. La CGT muestra a la sociedad y al gobierno que la unificación del Movimiento Obrero sirve para dar señales de pacificación y reencuentro de la sociedad en su conjunto con la inclusión necesaria de todo el conjunto no discriminando a nadie. Todos debemos entender que para que la delincuencia en todas sus facetas vaya declinando tenemos que poner en práctica lo ya enumerado más arriba. Nos merecemos vivir sin el sobresalto de la falta del trabajo y el de poder salir de nuestras casas con la convicción de que volveremos a ella para poder mañana levantarnos y poder ver crecer a este país que no se merece estar donde está, en la nebulosa.

Alberto Amorosino – Periodista

 


 

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