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SER POBRE

Por Alberto Amorosino

Por Nicolas Mondino

martes 20 de septiembre, 2016

Según el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo dado a conocer en el año 2014, uno de cada cinco habitantes del mundo vive en situación de pobreza o pobreza extrema. Es decir 1.500 millones de personas no tienen acceso a las necesidades básicas para sobrevivir.

¿Qué es ser pobre? Es una situación socioeconómica que no permite satisfacer las necesidades que posibiliten un adecuado nivel y calidad de vida tales como la alimentación, la vivienda y, básicamente para mí, la educación, la asistencia sanitaria y el agua potable.

Muchas veces me pongo a pensar sobre estos indicadores, números fríos. Números que representan a hombres, mujeres, ancianos, niños que padecen esa estadística sin tener posibilidad de revertirla.

No recuerdo gobierno que no haya machacado en sus discursos y en sus primeras etapas de mandato que la “la pobreza será erradicada esta es nuestra prioridad”.

Hay un informe de la Universidad Católica Argentina que me impacto por su título pero que muestra a la vez la realidad que vivimos sobre el tema, “Infancias con derechos postergados”.

Del mismo se desprende que desde el año 2011 al 2015 y primer trimestre del 2016 la pobreza en menores de 17 años subió en forma continua hasta alcanzar a más del 45% es decir 5.500.00 chicos que viven en hogares con menos ingresos. En un porcentaje superior al 12% de esos chicos trabajan y un porcentual mayor hace el denominado “trabajo esclavo”. Como revertir esto, de qué manera podemos ayudar nosotros ya que el Estado se maneja por estadísticas no por sentimientos. El resultado de esta decidía esta manifiesta en las calles de nuestras ciudades. Sí porque no se trata solamente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires donde se ven deambular de día y noche a pequeñas grupos de chicos y adolescentes que buscan entre las sobras de los residuos de restaurantes y casas de comida el sustento que les permita sobrevivir a otra noche de frío o lluvia. Abriendo las puertas de taxis para ganarse una moneda y que muchas veces el pasajero lo deja mirando su mano extendida o le susurre “anda a trabajar”.

La mayoría de estos chicos no puede acceder a la educación y si lo hacen es por medio de un sacrificio que es difícil de entender por aquellos que no han sufrido el dolor del hambre. Sin la educación mínima son carne fácil para ingresar al campo del delito y la droga.

Ser pobre no es un delito.

Delito es tener a nuestros chicos con derechos postergados sin acceso a las necesidades básicas para sobrevivir.

Cuando se darán cuenta aquellos líderes mundiales que se juntan en conferencias y foros económicos que el hambre, la educación y la salud no pueden ser postergadas.

 


Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.


 

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