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Gustavo Fontán presenta sus últimos films en Mar del Plata

Este viernes, en la sala Roberto J. Payró del Teatro Auditorium, proyectan dos de sus películas.

Por LP

viernes 30 de septiembre, 2016

Las películas “El rostro” y “El limonero real” de Gustavo Fontán, se proyectarán este viernes en la sala Roberto J. Payró del Teatro Auditorium. Cabe destacar que el director estará presente para dialogar con el público.

-A las 16.30, podrá verse “El rostro”, producción de 2013 protagonizada por Gustavo Hennekens, María Del Huerto Ghiggi, Héctor Maldonado y Pedro Gabas. Premio al Mejor Director, BAFICI 2014.

Un hombre llega en un bote a una isla sobre el río Paraná. Se dirige a un sitio donde hubo una casa o tal vez un caserío, y ya no hay nada. Su presencia permite que se corporicen las cosas en el lugar abandonado: ranchos y mesas, animales y canoas. Construye así un espacio para el reencuentro con su mujer, su padre, los amigos, los niños. Es el reencuentro del hombre con sus seres queridos, con sus muertos y sus pájaros, con la música del río y con su dolor. Filmada en la provincia de Entre Ríos, Argentina, en formato 16 mm y Súper 8 mm.

https://www.youtube.com/watch?v=9L1O2hCj6lw

-A las 18.00 y 20.00, se proyectará “El limonero real”, producción de 2016, protagonizada por Germán de Silva, Patricia Sánchez, Rosendo Ruiz, Eva Bianco y Gastón Ceballos. Basada en la novela homónima de Juan José Saer.

Una familia de pobladores del río Paraná se dispone a compartir el último día del año. Son tres hermanas, con sus maridos e hijos, que viven en tres ranchos, a la orilla del río, separados por espinillos, algarrobos y sauces. Aunque Wenceslao intenta convencerla, su mujer se niega a asistir a casa de su hermana para participar del festejo. Dice que está de luto: su hijo, su único hijo, murió hace seis años. También sus hermanas y sus sobrinas se desplazan para convencerla. Pero Ella sigue firme en su negativa: está de luto. El río omnipresente, las variaciones de la luz, el baile festivo, el sacrificio del cordero y la comida, el vino y los cuerpos, todo es atravesado, desde la percepción de Wenceslao, por las dos ausencias: la de su mujer y la de su hijo muerto, cuya figura emerge cada tanto, otorgándole al relato una densidad creciente.

 

 


 

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