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Cuando “La Rural” fue “La Bombonera”

Por Ernesto Gallardo

Por LP

martes 22 de noviembre, 2016

Uno relaciona “La Rural” con sus tradicionales exposiciones ganaderas. Esas que muestran el producto de nuestro campo reflejados en animales que llegan a esa instancia en su mejor momento, con un gran  trabajo de producción que los hace lucir espléndidos, bellos.
Allí en ese mismo predio donde todos los presidentes de la nación han estado, menos una. Hubo otro que utilizó ese momento para subir su voz con su vehemencia habitual, recibiendo a cambio una rechifla general. Otro que volvió a la tradicional muestra fue el actual Presidente. El mismo Presidente emparentado con Boca Juniors y con su deporte postizo, el pádel.

Una semana de noviembre el mejor pádel del mundo volvió a su lugar basal, a la Argentina. La historia indica que este deporte nació en México pero que su semilla germinó en la provincia de Buenos Aires y en especial en Mar del Plata. A partir de sus características tan particulares, esa semilla prendió de tal forma hasta convertirse en un fenómeno social-deportivo que llevó a esta disciplina a ocupar el segundo lugar en preferencias de los argentinos detrás del monstruo mundial: el fútbol.

Desde el 96’ al 2.000 el pádel entró en “terapia intensiva” por estos lados. Su industria, su volumen, las lesiones, los malos manejos de una actividad que se había salido de sus carriles, hizo que para muchos el deporte hubiera desaparecido del mapa,  se hubiera muerto. Esa misma gente que consumía paletas, pelotas, turnos, torneos, clases, revistas, programa de tv, radio, de repente lo dejó de hacer. Ese marketing en nuestro país  se extinguió. España paralelamente captó la coyuntura y absorvió la materia prima, la transformó, la procesó y la profesionalizó. Aprovechó los últimos años del menemismo y la convertibilidad Argentina para generar un cambio que aún hoy se mantiene a pesar de la bonanza económica ibérica de los 90’ y la recesión  de los últimos 6 años.

Sin querer decir que el  Buenos Aires Pádel Master”, hiciera que esta disciplina volviera, renaciera como el “ave fénix”, sí podemos decir que produjo un estrépito pocas veces visto, el pádel  hizo delirar a la “ciudad de la furia”, la hizo vibrar, le sacó sus viejas telarañas, cobijó al país padelero, generó una “caja de resonancia” que sólo “mi Buenos Aires querido”puede irradiar. Provocó una respuesta trepidante  de un pueblo padelístico carente de emociones de elíte. El pádel nunca murió, eso está claro. En esos años de “vacas flacas”, ocupó un lugar lógico en el deporte nacional, un lugar igualitario a diversas variantes del amplio espectro polideportivo. El globo que se infló hasta explotar, hizo que sus restos se depositen en lugares mas terrenales.

España, receptor del primer Mundial allá en setiembre del 92’, mitad en Madrid, mitad en Sevilla, hizo un trabajo fino, prudente, cauto, planificado, silencioso, de orfebre, sólido. Supo leer la realidad de un grupo de deportistas y su mercado para darle el toque europeo y profesional que se merecía este incipiente deporte. La prehistoria ibérica y sus torneos internacionales, el espaldarazo que produjo ver al Presidente Aznar jugando a este deporte, hizo que las acciones del pádel subieran hasta la estratósfera. El PPT, luego  el WPT, captaron esa necesidad rentada, oficial, ordenada,  coherente de jugadores españoles y los argentinos exiliados de una de las tantas crisis que les tocó atravesar directamente o transversalmente, brindándoles cobijo, permitiendo basamentar sueños postergados, continuando con su pasión, permitiendo estirar sus vidas deportivas. Tremenda tarea que produjo la España deportiva, la España padelera. El poder económico, las excelentes condiciones de trabajo y los proyectos a futuro, provocó también que la España federada tentara a jugadores bien dotados de papeles para defender sus colores al menos en el deporte donde le brindaron su plataforma de desarrollo, el que no le había dado su país de origen.

Hoy, muchos años después de ese mojón que cambió la dirección del pádel, muchos exponentes de esa era aún prolongan sus carreras desparramando talento, abriendo puertas, enseñando, siendo espejos de los que vienen pidiendo permiso, al influjo de un atractivo circuito que se sigue diversificando en algunos sitios del mundo, buscando que esa semilla original prenda en otras latitudes.
España ha conseguido en estos tiempos de una mezcla productiva, jugadores propios, una nueva generación, independiente, con pergaminos propios, con ADN “rojo”, de su propia cantera. La tarea no fue, ni es ni será sencilla.El estigma de conseguir un número 1 propio caerá por peso específico, el tiempo será lapidario, cruel e irá acomodando calendarios y palmarés. Como la vida misma. El pádel no puede ni debe ser la excepción.

Esa mixtura hace que el Circuito World Pádel Tour goce de muy buena salud a pesar de cambios dolorosos. El WPT se lo ve sólido, erguido, prolijo, con futuro. De allí el “efecto Bombonera” en la Argentina. Gradas a tope como en los viejos y buenos tiempos del pádel “made in argentina”. La taquilla explotó y el pádel, aquel que para muchos parecía muerto, se dio el gusto de colgar orgulloso  el cartelito donde rezaba “no hay más localidades”. Éxito rotundo por donde se lo mire.

El pádel de Nerone, Lahoz, Juan Martín Díaz, Reca, Santana, Jordi Muñoz, se ha fusionado saludablemente con la trepidante juventud de Pablo lijó Santos, Juan lebrón, Alvaro Cepero, Alex Ruiz, Jaime Bergareche, Matías Marina, Uri Botello, Javier Concepción, Nacho Gadea, Stupaczuk, Patiniotis, Tello y Chingotto por citar sólo a algunos.
Pero para que aparecieran los Stupa, los Di Nenno, los Estrella, los Tello, los Chingotto, los Ozán, los Cejas, los Soliverez, los Aguirre, los Agustin Gutierrez, hubo un país padelero que “aguantó los trapos”, que se quedó consumiendo lo estrictamente local. Hoy la cosa es diferente y el poderío social del pádel parece reencontrarse con su viejo amor, generando torneos nacionales FAP,CAP,APA y AJPP (¿demasiadas siglas para un solo deporte verdad?) multitudinarios, populares, tremendos.

El germen, el virus padelero, seguro quedó en alguna desvencijada  pared,de una oxidada reja de un viejo club de este bendito país donde “levantás una baldosa y encontrás un jugador de pádel”. De allí se propagó a los sobrevivientes y ellos a su vez a su descendencia. La vida, la pasión, como en “La Bombonera”, como en el fútbol pero con el pádel. La mítica “La Rural” fue  “La Bombonera” gracias al resurgido pádel. Un nuevo crédito que se abre.

Ernesto Gallardo

Periodista


Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.


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