Panelistas: “todas las voces todas, encimadas e inaudibles”

Análisis de Héctor Peirou de algo que “no es ficción, es pura realidad y ocurre en casi todos los programas de televisión”.

Por Redacción

lunes 5 de diciembre, 2016

Por Héctor Peirou

Esto no es ficción: es pura realidad y ocurre en casi todos los programas de televisión donde tienen determinado protagonismo los panelistas. Sea el tema que sea, esto no es lo importante: sí dar el propio parecer y que su voz se imponga sobre las demás. Si la circunstancia es dirimir sobre la división del átomo, lo explicitan como si fuesen ingenieros de la NASA. O si la noticia del momento transita sobre la aparición de plantaciones de trigo en la cumbre del Himalaya: lo saben, lo conocen y opinan con casi convincentes argumentos. Lo insoportable e inaudible se da cuando todos hablan a la vez y al conductor le falta rigor para imponerse y ordenar: ¡de a uno¡.

*–Otros de los tics reiterados que ocurre en ese tipo de envíos es cuando el conductor hace una pregunta en general y todos “explotan” como el Krakatoa para hacerse escuchar. Lo hacen con una “catarata” de palabras muchas veces innecesarias, les falta poder de síntesis, entonces manifiestan la “incontinencia” verbal, entendiendo que cuando más se hablan es mejor, pero no siempre es así. Muchas veces menos es más.

*–Además y muy notable es cuando el entrevistado –el que sea– comienza a intentar armar su argumento para contestar las diferentes preguntas, no ¡puede¡, porque los panelistas, sean cuatro o diez, editorializan sobre cada una de las palabras de los invitados. Esto es terrible. Ha ocurrido que el televidente se queda en “ayunas” porque soportó todo el programa y la contestación del entrevistado nunca se escuchó porque estos periodistas –algunas veces lo son y otras son improvisados– no le dieron tiempo y el conductor no tuvo el profesionalismo mínimo e indispensable para imponerse y encarrilar la cuestión por donde debe transcurrir.

*–También el televidente puede observar que se da y con mucha continuidad que muchos de los reporteados, estén en el plató o en exteriores muchas veces, con educación y elegancia se ha pronunciado de la siguiente manera: “por favor, me dejan redondear la contestación anterior para que no quede en el aire y se complete el tema”. Esto es lastimoso porque aquí también quien mira y escucha no puede sacar sus propias conclusiones, o puede pensar: “para que habla si lo hace a medias, y no es así, no le dieron en el tiempo mínimo e indispensable.

*–Siguiendo con esta mirada sobre los distintos programas de la televisión argentina, otra observación que se reitera una vez y otra vez es cuando al cruce de palabras se da entre dos o tres panelistas. Lo terrible es que nadie quiere cerrar la boca, nadie quiere escuchar al otro y ese “montado andamiaje” de vocablos y frases es insoportable para el oyente que de inmediato toma el control remoto y huye hacia otro espacio donde pueda entender el tema y no ser “aplastado” por tantas voces.

*–Pero algo aún más grave es cuando el conductor tiene la muy mala costumbre de hacer extensas presentaciones, luego la decenas y decenas de palabras que utiliza antes de preguntar, lo hace como innecesario prólogo y luego viene lo fundamental: ¡que quiere saber¡ Aquí lo hace y luego un “discurso” largo a modo de justificación de la primigenia pregunta. Los códigos elementales que debe manejar quien muy bien hace su oficio es tener en cuenta que cada pregunta debe ser corta, concreta y concisa. De ninguna manera es necesario una “galería” de palabras innecesarias que nada aportan a buen reportaje.

*–Muchos conductores se olvidan que tienen en su poder el modo de encarrilar el desarrollo de sus respectivos programas, entonces deberían tener mayor cuidado en mantener un orden para que cada uno de los panelistas hable sin encimarse a otro. Si no ordena el panorama, el producto final queda desprolijo y en definitiva la resta calidad a su propuesta. ¿Y quién es el culpable y gran responsable? Obviamente quien es la cara visible de esos mismos programas, el conductor.

*–Pero lo inadmisible es cuando el entrevistado comienza a responder y sobre sus palabras el conductor encima más preguntas y no quiere escuchar a quien convocó . Observen que a menudo esto ocurre. Es penoso pero así es y no solamente en televisión por cable, sino también en la abierta y en todos los horarios: centrales o periféricos. Al parecer es un mal endémico, contagioso o que todos imitan pensando –y mal por cierto– que cuando más se polarice la palabra es mucho mejor y lo mostrará más capaces o inteligentes. ¡Qué equivocados que están¡ En estos casos, menos es más.

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