Las soledades compartidas en “Las noches blancas”

La obra de Dostoievski dirigida por Ariel Gurevich, estuvo en Mar del Plata, protagonizada por Nelson Rueda, Esteban Masturini y Silvana Tomé.

Por Redacción

lunes 17 de abril, 2017

Este sábado, estuvo en la Sala Astor Piazzolla del Auditorium la obra “Las noches blancas” con Nelson Rueda, Esteban Masturini, Silvana Tomé y dirección de Ariel Gurevich. La pieza continúa presentándose en Buenos Aires, todos los lunes a las 21 en El Teatro El Extranjero (Valentín Gómez 3378).

“Las noches blancas” es una reescritura escénica de la novela de Dostoievski, a la manera de una variación musical, donde se superponen lo clásico y lo contemporáneo, la noche y el día, lo posible y lo imposible. El mismo encuentro de amor contado más allá del tiempo, la geografía e incluso el género. La obra sorprende por su expresivo e inédito lenguaje estético apoyado en un fuerte despliegue coreográfico y musical declaradamente contemporáneo, que despierta interés en los públicos y en la crítica especializada.

La actualización de este clásico ha sido abordada por un equipo de jóvenes creadores, entre ellos, el autor y director escénico Ariel Gurevich, considerado una de las voces nuevas del teatro porteño, y los actores Nelson Rueda, Esteban Masturini y Silvana Tomé, singulares y reconocidos intérpretes del llamado “nuevo teatro off porteño”, que tienen recorridos que abarcan tanto el circuito comercial, el circuito oficial, independiente y el teatro musical.

La pieza retrata a un hombre que vive en su departamento, retirado del mundo. Una madrugada encuentra un joven llorando en la calle y lo invita a subir. Afuera es verano y la ciudad está vacía. Noche a noche el muchacho volverá con una condición: que el hombre no se enamore de él. Tal vez sea demasiado tarde, el chico espera a una mujer, y en el edificio (y en la vida) del hombre también hay una portera. El inicio del día traerá otro desenlace, acaso inesperado. La mañana de la última noche coincide con el final de una ilusión.

“Cuando el actor Nelson Rueda me acercó “Noches Blancas” para que la leyera, lo primero que visualicé fueron dos hombres en un departamento blanco. Como si los personajes del original, el solitario y Nastenka, fueran almas que pudieran transmigrar en este nuevo encuentro, que es a la vez el mismo, una vez y repetido, de todos los que alguna vez se quisieron. Y así las noches blancas, ese fenómeno donde desaparece el límite entre la noche y el día, la realidad y la ilusión, ese espacio encantado que la novela nombra como amor y que en la escena permite investigar las formas en que se mezclan y funden la novela y el teatro, el pasado y el presente, el recuerdo y su olvido. Y el amor como ideal. Eso que a veces nos encandila y aún en su decepción, nos hace volver a la parte más entrañable y reparadora de nosotros mismos” destacó el director Ariel Gurevich.

El arte trasciende más allá del tiempo. Y esta obra es una demostración de ello, ya que, a pesar de haber sido escrita en otra época, lugar y contexto, se puede adaptar perfectamente a cualquier historia actual de amor. “Viaja más allá del tiempo, y son almas que buscan ser queridas. Una indagación sobre la soledad y los encuentros en la vida que renuevan la esperanza. Con la figura de Dostoievski y San Petersburgo como un eco lejano, en una historia que trasciende la geografía física. Es un material sereno que contiene un estallido sordo, donde conviven la melancolía y el humor”, agregó.

 -Esta reversión trasciende al clásico desde lo temporal hasta el género y a través de un desarrollo estético inusual para la obra. ¿Cómo arribaron a este desafío?

La obra se estructura a partir del recuerdo de lo que pasó. Como si el recuerdo fuera algo a lo que uno se aferra desesperadamente, para no dejarlo ir, pero que necesita una buena dosis de olvido. Tiene una textura de ensueño, de retazos de madrugada, con canciones y coreografías que se entremezclan en cuatro noches y una mañana, lo que dura la historia de amor. Como el enamoramiento, es una zona de encantamiento difuso, y en esos cruces de lenguaje contamos con actores notables: Nelson Rueda, Esteban Masturini y Silvana Tomé. Son trabajos de gran entrega emocional y física, donde se permiten cantar, bailar, pasar a escenas de texto, en las que tejen juegos muy libres, porque están en un espacio que es también mental, el espacio del recuerdo. Como en el duelo amoroso, muchas veces el otro es una ausencia que sigue presente.

– ¿Qué caracteriza a cada uno de los personajes en la historia?

Son seres de una gran humanidad, que se quieren y no se lo pueden decir. El solitario encuentra a un joven llorando por la calle y lo invita a subir, pero el joven espera a una mujer. Queda planteado un triángulo imposible. A la vez, la portera del edificio, enamorada del solitario, sufre las madrugadas que el muchacho está en la casa del señor. Son personajes extremos: el solitario es un ermitaño que solo habla con su portera, hasta que lo conoce a Juan, la portera está enamorada del señor, aun sabiendo que no tiene chances, Juan es un muchacho que vive atado al alfiler de gancho de una abuela ciega, que lo tiene vigilado.

 


 

 

 

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