Juan Manuel Artaza: “De chico me quisieron pegar por ser el hijo de…”

El actor es uno de los “Chicos católicos, apostólicos y romanos” que se presentan este viernes y sábado en la Sala Melany. La obra aborda con humor el bullying y la formación religiosa.

Por Redacción

viernes 5 de mayo, 2017

La obra “Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos”, llega con un nuevo elenco este viernes y sábado a las 21.30 a la sala Melany. La comedia protagonizada por Juan Manuel Artaza, Santiago Caamaño, Marcos Gianoli, Tomi Munaretto e Imanol Rodriguez, aborda con humor temas como la formación religiosa y el bullying.

“Chicos católicos, apostólicos y romanos” comienza con la llegada de un ángel encarnado en la figura del portero de la escuela (Tomi Munaretto), quien tiene la misión de convencer a cuatro chicos para que tomen la Primera Comunión con los demás compañeritos del curso. La historia se compone de una sucesión vertiginosa de conversaciones entre los alumnos, el portero y los maestros de la escuela. En ellas se evidencian, las dudas y los planteos con respecto a la religión mal entendida, a los pecados, al Cielo, al Infierno, y a su vez, las preguntas propias de la edad en torno a la sexualidad y otros tabúes. Estos disparadores generan situaciones que se suceden propias del teatro del absurdo o del grotesco.

Cabe aclarar que la obra no está enfocada solo a la crítica religiosa sino que también abarca temas de la sociedad en general: la mala educación, la discriminación y a las agresiones que nacen desde el miedo y la censura.

Crecer implica angustias y también se evidencian en el bullying al chico gordo (Imanol Rodriguez), la burla al chico que va a ser gay cuando madure (Marco Gianoli), al que tiene una visión inocente del mundo (Santiago Caamaño), al que nunca entiende nada (Juan Manuel Artaza) y al portero por ser de una extracción social diferente.

Escrita por Juan Paya, quien integró el elenco original que ya estuvo en Mar del Plata, y dirigida por Carlos Kaspar, la obra lleva ocho temporadas en cartel, convirtiéndose en toda una pieza de culto.

Juan Manuel Artaza define a su personaje, Elvidio, como “el más ingenuo de estos niños que van a tomar la comunión”. “Es el que se cree todo lo que le dicen sus compañeros. Le venden una fantasía y él compra todas”, comenta a El Marplatense. “Lo mismo con los sacerdotes. Él se hace toda una fantasia sobre eso. Con la ingenuidad que tienen os niños en general, pero él es un poco especial”, remarca.

-¿Cómo te fuiste conectando con el personaje?

Con el personaje fue un poco amor a primera vista. Inmediatamente salió algo muy propio mío. Y lo pude adaptar a este niño. Es algo que uno lleva consigo. Un juego de ser un niño. Me pasó además que en Córdoba, cuando teníamos función todos los días, salía y seguía hablando como él. Me costaba sacármelo.

Es una obra hermosa, muy divertida y que al público le gusta. Y a nosotros también nos gusta mucho hacerla. Nos divertimos muchísimo, y eso se ve arriba del escenario.

-¿Tuviste formación religiosa como para adaptar tu experiencia al personaje?

Me crie en Trelew, y fui a un colegio de monjas, a María Auxiliadora. Me siento identificado con las cosas que pasan en la obra. Sobre todo, en esto de reversionar las canciones de la Iglesia, en formato de cancha.

“El Padre Javier es una especie de cura facho, muy divertido”

Además de interpretar al niño Elvidio, Artaza personifica en la obra al Padre Javier. “Lo lindo de ser actor, es poder llevar a gente que uno conoció, y tomarlo como referencia”, relata. “Tomé ciertas cuestiones militares. Tengo ese lenguaje porque me gusta el cine bélico, al igual que a mi viejo. Fui tomando algunas cosas. El Padre Javier es una especie de cura facho, muy divertido”, añade.

-¿Sufriste de bullying durante tu infancia?

No tuve casos graves. Pero al ser el “hijo de”, por ahí venían en un boliche y me decían que alguien me quería pegar. Pero no me sabían decir por qué. Eso me pasó algunas veces, pero nunca llego a nada porque soy una persona muy pacífica. Y yo pensaba que si no me conocía, porque me iba a pegar. Éramos solo ocho chicos, y muy unidos en el colegio. El bullying era casi un juego mutuo, por suerte.

 

 


 

 

 

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