Quién diría que aquella llegada de José Omar Pastoriza al fútbol venezolano en 1998 y que se extendió hasta el 2.000, sería tan fundacional para el fútbol de aquel país. Los resultados quizás no se vieron en lo inmediato pero esa semilla germinó y sus frutos lo disfrutaron otros. Incluso el mismísimo Rafael Dudamel. ¿Casi dos décadas repercuten aún en una selección juvenil?. Y sí.

El hoy Director Técnico de la Selección juvenil de Venezuela fue el arquero del “pato”. Una Eliminatoria para el Mundial Corea-Japón que comenzó con tres derrotas al hilo y se cortó venciendo a Bolivia 4-2 en San Cristóbal. Sin los resultados deseados la “picadora de carne” también se devoró al rosarino. Luego Richard Páez y César Farías como adiestradores produjeron resultados históricos para el balompié venezolano como la victoria ante Chile en 2001 en Santiago ó ante Uruguay 2-0. Pero el gran cambio se generó con la llegada de Pastoriza. Él encontró “campo arado”y produjo en el jugador semi profesional un cambio drástico. Hizo que el jugador encarara cada partido de “igual a igual” cuando antes ya entraban derrotados a cada cancha al saberse menos. Cambió la mentalidad, hizo debutar a Arango y Mea Vitali. Hizo que el jugador de fútbol venezolano se comportara de manera profesional, mejorando incluso sus modos en una concentración, mejorar sus viajes, exigir hoteles adecuados, promover giras o partidos internacionales, entre otros tantos cambios tendientes a que los dejen de llamar “la cenicienta”.

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Recién en 2011 Venezuela redondeó una excelente Copa América de Argentina quedando cuarta. El resto de su historia pasó entre fracasos en eliminatorias y alguna participación digna en certámenes de menor envergadura.

La actual eliminatoria rumbo a Rusia 2018 lo tiene en la última colocación con 6 puntos producto de un cotejo ganado, tres empatados y diez perdidos. Pobre desempeño, similar a aquellas épocas previas a Pastoriza. ¿Dudamel será el Pastoriza para la previa de Qatar 2022 con este plantel que consiguió el histórico subcampeonato en el Mundial Sub 20 de Corea del Sur?.

El cuarto o quinto deporte de Venezuela paradójicamente generaba una “verdadera revolución” entre sangre y muertes, entre el caos y el autoritarismo de Maduro en las calles de Caracas y principales ciudades de un país devastado.

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Dudamel, un ex arquero de la gestión Pastoriza y que supo jugar en el Quilmes Atletic Club de la Argentina en la B Nacional y San Lorenzo, es el padre de esta criatura futbolística que surgió de la nada, sobre tierra arrasada y cubierta por la sangre de 72 ciudadanos hartos de la brutalidad, del absolutismo, de fundamentalistas aferrados a un poder desgastado producto de la incapacidad y la locura.

Dudamel dijo al término de la resonante victoria venezolana ante Uruguay por penales que lo metía ni mas ni menos que en la final del Mundial Sub 20: ”Presidente, pare ya las armas”. Su prédica valiente fue casi un pedido desesperado que intentó penetrar en mentes enfermas de poder. Fue una gota de agua en el medio de un desierto de víctimas de la intemperancia e irracionabilidad dictatorial. Un deporte menor, sin historia, generaba un mensaje que ni el mejor jugador de beisbol se animó a proponer.

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Luego de la derrota mínima ante Inglaterra en la final del mundial coreano Dudamel dijo: “Soñaba con verlos campeones”. Yo también soñaba con verlos campeones, para que entre otras cosas Maduro se viera obligado a recibirlos en el marco de una fiesta popular sin disturbios, sin muertes, sin sangre, con la felicidad que solo el fútbol puede crear.
Dudamel se encamina a ser el técnico de la selección mayor producto de esta sensacional campaña pensando en Qatar con una base de jugadores de entre 23 y 24 años, ideal, para soñar con una “vinotinto” sin sangre y en paz, como le gustaba al Pato.

 


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