Si la inflación es un fenómeno monetario, la actividad económica no

Por Roberto Manuel Ortea

Por Redacción

lunes 19 de junio, 2017

Después del descubrimiento de América por los españoles, mas precisamente en el período de 150 años comprendidos entre finales del siglo XV y todo el XVI, ocurrió un fenómeno económico centrado en España y que se difundió en toda la Europa Occidental, que actualmente lo llamamos la “revolución de los precios”

Concretamente, en ese siglo medio los precios se sextuplicaron en el Imperio Español, como consecuencia del aumento de las monedas de plata circulante en el reino, lo cual fue posible por los descubrimientos y explotación de los yacimientos de Potosí.

Estos hechos derivaron en un axioma en la teoría económica popularizado como que “la inflación es un fenómeno monetario”, y que establece que hay una relación directa entre la cantidad de moneda que circula en un país con el aumento generalizado de precios en esa economía. Por ejemplo, si tenemos una cantidad determinada de productos y valores monetarios dados, el mercado encontrará un precio de equilibrio para cada producto interactuando la oferta y la demanda. Ahora bien si duplicamos la cantidad de billetes en poder del publico, y los productos ofertados siguen siendo los mismos, la interacción en el mercado hará que haya una presión a aumentar los precios en el mercado porque los agentes se sentirán mas ricos (tienen mas billetes nominales), y habrá mayor puja para obtener esas mercancías, generando así la inflación de precios.

Bajo este razonamiento, y en la creencia que el mercado estaba inundado de pesos al final del gobierno kichnerista, el BCRA inicio desde finales de 2015 una política monetaria contractiva tendiente a limpiar los excedentes monetarios, utilizando varios instrumentos de política, pero fundamentalmente con la fijación de altas tasas de referencia para a través de las LEBACs primero, y los pases actualmente, a los fines de regular la cantidad de dinero de la economía.

Desde este punto de vista, el programa de metas de inflación ha sido exitoso, dado que a pesar de no cumplir con el objetivo del 17% fijado para 2017, las expectativas del mercado es una inflación claramente descendente durante lo que resta del año.

El problema central del esquema planteado es, aun aceptando que la inflación es un fenómeno esencialmente monetario, la actividad económica no, y esta es sensible a la tasa de interés imperante en la economía, por medio de dos canales de transmisión básicos. Veamos:

  • Con tasas de referencia de política monetaria actual del 26,25% y expectativas de inflación del Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA para los próximos 12 meses del 17.4%, da por resultado un spread de 8.85 ppb, una tasa real de interés lo suficientemente alta como generar un desplazamiento de las inversiones desde el sector real al sector financiero de la economía.
  • Semejante nivel de tasa de referencia, implica tasa de interés al consumo (tarjetas de crédito y prestamos personales) mas elevadas aún, generando un desincentivo concreto al consumo agregado.

Estas dos razones, a la que se suma la perdida de poder adquisitivo del salario real durante 2016, se ven reflejadas en la baja perfomance que muestra la economía argentina, a pesar de las pequeñas señales de recuperación.

Indudablemente hay margen para bajar la tasa de política monetaria, lo cual coadyuvaría a empujar una mejora de la actividad más robusta, pero desde el BCRA no están dispuesto hacerlo en el corto plazo por dos razones:

  • La política fiscal no ha acompañado suficientemente el esfuerzo realizado desde el BCRA, y los niveles de déficit fiscal obligan al Gobierno Nacional a tomar de deuda publica externa con el impacto subsecuente en la cantidad de moneda en la economía.
  • Bajar demasiado la tasa de política monetaria puede inducir a una baja renovación de LEBACs, con la consecuente expansión en la cantidad de moneda, y su impacto en la inflación.

El gobierno se encuentro entrampado entre mostrar una mejora palpable de la actividad económica, o una baja consistente de la inflación, a menos que pueda generar una baja sólida del déficit, caso contrario seguiremos con esta débil recuperación.

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