17° C
Clear
Clear

Mujeres, conducción, movilidad y transporte

Columna de opinión por Fernando Poó

martes 6 de marzo, 2018

Los nombres propios habitualmente asociados con la invención y el desarrollo del automóvil son masculinos. Ejemplos de ello son Henry Ford, Karl Benz, Gottlieb Daimler o Ferdinand Porsche, entre otros. Mucho menos conocidos son los nombres de algunas mujeres que fueron pioneras en el desarrollo de este invento que cambio la forma en que recorremos el mundo.

Una de esas mujeres fue Bertha Benz, esposa de Karl Benz, que en el año 1888, fue la primera persona en realizar un viaje en automóvil entre dos ciudades. Este viaje lo hizo junto con sus dos hijos adolescentes, pero sin que su marido supiera de ello hasta que llegaron a destino. El punto de llegada elegido fue la casa de la madre de Bertha, pero el objetivo principal del viaje era lograr publicidad para el invento de su esposo.

Dorothy Levitt fue una conductora británica, piloto de carreras, que estableció varios records de velocidad y de distancia entre 1903 y 1905. También fue instructora de manejo de las mujeres de la realeza y fue la primera en patentar el espejo retrovisor. Su idea surgió de usar un espejo de mano para ver qué ocurría detrás suyo. Curiosamente, o no tanto, recién cuando su patente caduc comenzó a incluirse el espejo retrovisor en la fabricación de automóviles

Mary Anderson fue otra mujer que tuvo un papel importante en el desarrollo de los primero vehículos a motor. A ella se le debe la invención del limpiaparabrisas en el año 1903. Otra mujer notable fue Alice Rampsey que unió la costa Este y Oeste de Estados Unidos en 1909. Curiosmanete, el marido de Alice nunca aprendió a conducir.

Mary Ward también pasó a la historia debido a los automóviles, pero en este caso como la primera víctima de un siniestro. Fue atropellada por el mismo vehículo en el que viajaba, después de salir despedida cuando el auto se topó con un bache en el camino. El cinturón de seguridad no había sido inventado en ese entonces, y el auto era impulsado por un motor a vapor. Mary era una entusiasta de la ciencia, que había tenido que formarse de manera autodidacta ya que las mujeres no tenían permitido realizar estudios superiores en aquel entonces. De todos modos, Mary logró ser la primera mujer en escribir y publicar un libro de microscopía.

En la Argentina, una pionera en la conducción de autos fue Victoria Ocampo. Su presencia al volante solía generar escándalo, desaprobación y hasta la expresión prejuiciosa “machona”, cuando la veían manejando por las calles de Buenos Aires. Si bien Victoria no fue la primera mujer en tener licencia habilitante, conducir un auto era para ella un gesto de independencia, y se inscribía en su lucha por la equidad de género, causa que militó de muchas maneras.

En la actualidad, las mujeres, a diferencia de Mary Ward, pueden estudiar en la universidad, y ya no son llamadas machonas por conducir un auto como cuando Victoria Ocampo era joven. Sin embargo, es posible, y hasta habitual, escuchar la aseveración falsa de que las mujeres conducen peor que los varones, o la expresión peyorativa “minita tenía que ser” cuando una mujer comete un error al conducir. Por otro lado, aunque algunas mujeres han accedido a puestos jerárquicos en la industria automotriz, su lugar sigue siendo minoritario. Este fenómeno es conocido como techo de cristal, y es habitual en el mundo laboral. En puestos no jerárquicos, tampoco es igualitario el acceso al trabajo como conductoras profesionales. En todos los campos, desde el transporte de pasajeros hasta el transporte de carga, la proporción de mujeres es mucho menor que la de varones. Sin embargo, no existe ninguna razón relacionada con capacidades diferenciales que lo justifique. Más aún, la evidencia científica existente indica que las mujeres son conductoras más seguras que los varones.

Suele afirmarse que existen culturas que son menos igualitarias, o así se las interpreta desde algunos parámetros. En algunos países del mundo, como Arabia Saudita, hace muy poco que las mujeres tienen derecho a conducir un auto. Su habilitación llegó por un decreto real hace menos de un año. Sin embargo, en otros países, como Argentina, donde el derecho existe desde hace mucho tiempo, sólo un tercio de las licencias de conducir pertenecen a mujeres. Esas diferencias, menos ostensibles, esconden desigualdades en el acceso a la movilidad, y en consecuencia, al espacio púbico, al trabajo, a la educación, y al pleno desarrollo de las capacidades.

 

Dr. Fernando M. Poó – Investigador Adjunto -CONICET

Comentarios