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Función disuasoria y preventiva de las multas

Por Fernando Poó

miércoles 21 de marzo, 2018

La literatura especializada señala que el comportamiento vial es la consecuencia de numerosos factores que actúan simultáneamente. Se los clasifica habitualmente en tres grandes dimensiones: (1) el comportamiento humano, (2) el vehículo, y (3) el ambiente. Este tipo de clasificaciones son útiles para los investigadores, que necesitan aislar distintos elementos para analizar la influencia relativa de cada uno de ellos. No obstante, en cada hecho de tránsito todos los factores confluyen.

El ambiente vial comprende la infraestructura (calzada, sendas peatonales, señalización vertical) y las condiciones sociales y culturales. Entre estas últimas, se incluyen las pautas informales de comportamiento, y las normas reflejadas en las distintas leyes y códigos contravencionales, las cuales señalan los comportamientos permitidos y estipulan las sanciones a recibir en caso de infracción. Las sanciones no son otra cosa que las multas, es decir, un pago en dinero por algún comportamiento que transgrede una norma.

Siguiendo este razonamiento, podemos decir que las multas son un elemento del ambiente vial, aun cuando no suelen ser consideradas como tales por la mayoría de las personas. Las multas, son particularmente polémicas porque muchas veces se las percibe como la consecuencia indeseada de un comportamiento deseado y se atribuye su costo al interés recaudatorio de los gobiernos. Sin embargo, el control y las sanciones asociadas al control son elementos fundamentales para lograr cambios positivos en el comportamiento vial. Más aún, la evidencia científica disponible señala que la educación y la concientización, por sí solas, no son suficientes para lograr modificaciones a este nivel porque frecuentemente las personas cometen infracciones aún conociendo el contenidos de las normas.

Una de las funciones de las multas, posiblemente la menos valorada, es la disuasión de comportamientos de riesgo, es decir, la prevención de siniestros y lesiones. Para lograr este objetivo deben tener algún impacto sobre quien debe pagarla. Es decir, deben tener costo, y al mismo tiempo debe ser justas y equitativas.

El sistema más extendido (y el que se usa en Argentina) para establecer el valor de las multas es el lineal que establece montos fijos a abonar que varían de acuerdo con la gravedad de la infracción. Este sistema ha sido objeto de críticas. La principal de ellas, señala su falta de equidad. Dicho de otro modo, para algunas personas, de ingresos bajos o medianos, las multas lineales pueden imponer una presión muy grande sobre sus finanzas; para otras, de mayor poder adquisitivo, pueden resultar insignificantes. En el segundo caso, la sanción puede perder la función disuasoria esperada, mientras que en el primero pueden generar deudas impagables.

Por este motivo, en algunos países utilizan un sistema en el cual el valor de las multas es proporcional a los ingresos de los infractores. Este sistema también es conocido como sistema de multa por día (day fine en inglés). La lógica es sencilla, una multa por la misma falta tendrá distinto costo según el nivel de ingresos de la persona. Hay distintas formas de cálculo, pero el más habitual toma como base los ingresos anuales, deduce el ingreso diario del infractor, y establece a partir de allí un valor proporcional para la multa.

Un país pionero en usar este sistema es Finlandia que lo aplica desde 1921, seguido de Suecia, Dinamarca, Alemania, y Suiza, que también utilizan exitosamente el modelo proporcional. Es interesante destacar que estos países se encuentran entre los que tienen mejores indices de seguridad vial alrededor del mundo, tal como señala la Organización Mundial de la Salud en sus publicaciones períodicas sobre el tema. Obviamente, sería una simplificación atribuir estos valores al sistema proporcional de multas, pero como señalamos al principio todos los factores confluyen en cada hecho vial.

En conclusión, si el objetivo de las políticas públicas sobre seguridad vial es reducir los comportamientos de riesgo que pueden derivar en siniestros fatales y no fatales, todos las piezas del sistema deben ser consideradas. Las multas, no escapan a esta afirmación. Para que sean realmente efectivas deben entenderse como un elemento que disuada a los usuarios de comportarse de forma riesgosa. En consecuencia, deben realizarse esfuerzos que las alejen de su carácter recaudatorio y las acerquen a su función preventiva. La equidad y la justicia son piezas fundamentales para lograrlo.

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