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“Malvinas es el ligamento que terminará con las malditas grietas”

En el acto que se desarrolló esta mañana en la ciudad en homenaje a los veteranos y los héroes caídos en la guerra, el Intendente Carlos Arroyo brindó un discurso con mucha emoción en el que instó a dejar de lado los “egoísmos” y la “prepotencia” para que “todos los argentinos se unan”. “Sólo mueren aquellos que desaparecen del recuerdo”, sentenció.

Por Redaccion

lunes 2 de abril, 2018

El Intendente Carlos Arroyo encabezó en la mañana de este lunes el acto en homenaje a los soldados veteranos y los héroes caídos en la Guerra de Malvinas con un discurso emotivo en el instó a dejar de lado los “egoísmos” y la “prepotencia” para que la sociedad argentina se pueda “unir”.

En la tradicional cita que se llevó a cabo en diagonal Alberdi, entre Córdoba y San Luis, junto al monumento que conmemora a los marplatenses que murieron en el conflicto bélico, el jefe comunal insistió en que Malvinas es el “ligamento” que permitirá “terminar para siempre con las malditas grietas”.

“En realidad aquellos granaderos del siglo XX que hoy recordemos no murieron: nadie muere mientras que otro ser humano lo recuerda. Esto es así. Sólo mueren aquellos que desaparecen del recuerdo”, sentenció Arroyo.

El Intendente debió interrumpir en diversas oportunidades sus palabras, producto de la emoción, y confió que “el tiempo y la historia” harán que las islas vuelvan al “dominio argentino”. “No habrá olvido ni habrá perdón, las Malvinas son argentinas”, aseguró.

Argentina es grande: nacimos para ser muy grandes, y a ese espíritu debemos llegar. Eso depende sólo de nosotros, capacidad nos sobra. Argentina tiene un recurso incalculable que no está en sus vacas, sino en su población, en su inteligencia, en sus posibilidades”, reflexionó también Arroyo, en la parte final de su alocución.

El acto de esta mañana contó, además, con la presencia de otros integrantes del Ejecutivo local, así como de concejales y miembros del Centro local de Ex Combatientes de la Guerra de Malvinas.

EL DISCURSO COMPLETO DE ARROYO:

“Se hace difícil, extremadamente difícil, hablar en esta fecha. No es una fecha común, ni una fecha más. Yo creo que hoy estamos aquí reunidos para rendir tributo a un conjunto de hombres que se jugaron todo lo que tenían por la patria. Es decir, por la tierra de los padres.

Recién acaban de escuchar un mensaje que tiene mucho que ver con la fiesta religiosa que hemos vivido. La Pascua es, en realidad, el triunfo de la vida sobre la muerte. La resurrección es vida, es luz, no oscuridad. Y tiene mucho que ver con lo que estamos viviendo hoy nosotros, porque en realidad aquellos granaderos del siglo XX que hoy recordemos no murieron: nadie muere mientras que otro ser humano lo recuerda. Esto es así. Sólo mueren aquellos que desaparecen del recuerdo. Y en ese sentido, podemos decir que hay ejemplos del SXIX y del SXX que no han muerto y que no van a morir jamás.

Quién no va a recordar a San Martín, a Belgrano, a Güemes, a Brown. Quién no va a recordar al dr. Illia, al dr. Favaloro; esos espíritus no van a morir jamás. Hoy Argentina necesita, como nunca, una sustancia de ligamento para que termine con las grietas y con los datos menores que nos dividen. Saben cuál es el ligamento: el ligamento se llama la causa de Malvinas, porque Malvinas es lo único que une a todos los argentinos.

El 2 de abril de 1982 era un día que podría ser calificado como la antítesis de hoy: hacía frío y lloviznaba; estaba horrible. Recuerdo, mirando por una ventana, el aspecto de tristeza, de humedad, el gris de la ciudad, y pensaba que en ese momento me daba cuenta y sentía en mi propio espíritu qué habían sentido los hombres de Mayo, los que declararon la independencia.

Yo enseñaba en Historia Argentina en esa época, y en los momentos de pausas se me daba por pensar muchas veces cuando discutían en las jornadas previas al 25 de mayo, qué sentían esos hombres. Y ese 2 de abril descubrí qué sentían, porque sabía que vivía un momento histórico: la recuperación de nuestras islas por los hombres de Argentina, por sus fuerzas.

Después hubo un proceso lamentable de desmalvinización. Las grandes potencias hacen guerras físicas y psicológicas. Aquí hubo una tremenda guerra psicológica. Ni bien terminó la salida de Malvinas, comenzaron las influencias de todo tipo para destruir la mente de los argentinos. Era necesario enfrentarnos y convencernos de que era una causa menor, y no es una causa menor. Como dice la canción de Malvinas: no habrá olvido ni habrá perdón, las Malvinas son argentinas.

El tiempo, la historia, hará que las islas vuelvan al dominio argentino. No tengo ninguna duda. Tal vez nuestra generación no lo vea, pero otras generaciones lo van a ver. Por eso tenemos la obligación de inculcarles a nuestros hijos el amor por la patria, el amor por Malvinas; enseñarles a dejar de lado el egoísmo y esa sensación de prepotencia que a veces nos envuelve. Llegar a la humildad y ver en el otro un hermano.

Malvinas es el ligamento que nos va a unir, y que va a hacer que las malditas grietas se terminen para siempre. Argentina es grande, nacimos para ser muy grandes, y a ese espíritu debemos llegar. Eso depende solo de nosotros, capacidad nos sobra. Argentina tiene un recurso incalculable que no está en sus vacas, sino en su población, en su inteligencia, en sus posibilidades. Sólo nos tenemos que unir todos juntos y dejar esos vicios que adquirimos, tal vez por la propia prensa extranjera.

Los invito a que todos juntos gritemos: ‘¡Viva la patria!'”

 

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