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Por Manuel Straccia

Como tiburón en el agua

Aldosivi salió decidido a ganar el partido más importante de la temporada. Ahora, quiere volver a morder a los más grandes. Por Manuel Straccia.

Por Redacción

domingo 6 de mayo, 2018

Por Manuel Straccia.

Paciente, pero feroz. Como un tiburón, Aldosivi salió decidido a ganar el partido más importante de la temporada. El equipo mostró una actitud irreprochable. Fue, buscó y mordió. No una, sino tres veces, para demostrar que merece estar en ese mar llamado Primera División.

Fue doloroso salir de ahí. Volver a la laguna de la B Nacional de la que tanto había costado escapar y pensar, quizás, en que iba a ser muy difícil el camino de regreso. Pero el plantel no se dejó arrastrar por la corriente en un torneo duro y muy parejo. Los momentos malos estuvieron, las oportunidades desaprovechadas también. Pero todo queda atrás cuando se pone lo que hay que poner en una final como la de este viernes.

Por momentos parecían ciertos los dichos de “la AFA no quiere que ascienda Aldosivi”. Pero era hora de dejar las habladurías de lado y buscar el ascenso en la cancha. Así fue como, tras el penal inventado por Pitana, Aldosivi respondió en sesenta segundos con un gol que descolocó a Almagro.

Fue un punto vital en el partido. Si los minutos se demoraban y la cosa seguía empatada, Aldosivi podía caer en la desesperación de no poder volver a ponerse en ventaja. Claro, ese tanto de Ellacópulos fue la inyección de confianza fundamental para cerrar la noche a pura gloria. Y Chávez, claro. El Negro con una definición magistral y su imponente garra, para que no pensáramos en la ausencia de Telechea, desató la locura.

Sin desmerecer al balcarceño, todo lo contrario. Su cuota goleadora fue todo para Aldosivi en varios pasajes del torneo. Una presencia dentro del campo de juego que impone respeto y genera miedo en los rivales. Entre otros puntos para destacar está Moyano. El arquero rompió un récord de minutos con el arco invicto en torneos nacionales para el “tiburón”. A pesar de algunos, pocos, errores que costaron caro, contra Almagro fue una muralla.

Lo de Yeri también fue magistral. El nivel de Nahuel fue de menos a más y llegó a ser vital para el equipo, incluso convirtiendo el recordado gol ante Los Andes sobre el final para salvar lo que hubiera sido una derrota catastrófica. Iñíguez fue el que más se acopló al plantel y Parnisari fue un verdadero vikingo. Medina incesante luchador, Ellacópulos y Orfano recambios confiables. Somoza y Brum, aún con sus altibajos, aportaron lo suficiente (fue el mejor partido de Leandro en todo el torneo).

No es fácil armar un plantel y dejarlo en la cima. Los llantos lo demuestran. Lo demuestra el fuerte abrazo de Moscuzza y González, cuando el “Pitu” se sacó la camiseta y se la obsequió al Presidente (ambos también entre lágrimas). A veces hay que tomar decisiones, como cambiar de entrenador y traer un técnico que muchos no aprobaron en su primer momento.

Sin embargo, el funcionamiento colectivo no fue la principal arma de Aldosivi en la búsqueda del ascenso. Las individualidades fueron las más significativas para marcar los triunfos del equipo y salvar puntos que habían sido perdidos desde lo colectivo.

Pero todo pasó. Y Aldosivi deberá reinventarse. Pero eso es otro tema, para el futuro. Aquella fatídica noche en el Minella ya no dejó fantasmas. Fue sólo un año lo que tardó Aldosivi en volver a donde pertenece. Como un tiburón en el agua, está listo para atacar de nuevo. A los más fuertes. Como ya hizo. Como se espera que siga haciendo.

 

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