6° C
Rain
Rain

La mayor inseguridad es vial

Por Fernando Poó

Por LP

viernes 11 de mayo, 2018

Para empezar una anécdota personal. El domingo pasado alrededor de las 17 horas podria haber sido atropellado por un automovilista que perdió el control de su vehículo mientras circulaba por el Boulevard Patricio Peralta Ramos entre la Avenida Libertad y la Avenida Costitución. El auto se subió a una de las islas de pasto que separan al Boulevard de la Avenida Felix U. Camet, recorrió de manera zigzaguente alrededor de 100 metros, bajó de nuevo a la calzada y lo perdí de vista rápidamente. Justo en ese instante yo trotaba a la misma altura por la vereda de la costanera marplatense. Soy corredor amateur, siempre corro por la costa, pero nunca lo hago por las islas de pasto. Desconfío de los automovilistas y de su capacidad de controlar sus vehículos. El domingo mis precauciones dieron fruto.

Para que la anécdota sea más interesante se la puede poner en contexto con algunos datos. Veamos el primero. Para el mes de febrero de este año, según informaba la prensa local, habían muerto quince personas por siniestros viales en la ciudad, cinco más que en el mismo período del año anterior. Estos casos fueron protagonizados principalmente por automovilistas que atropellaron a otras personas (peatones o ciclistas), chocaron contra otros vehículos, o perdieron el control de su auto. Hubo al menos un caso con un vehículo de gran porte en una vía interurbana. Aunque la tendencia puede cambiar, la situación es al menos alarmante.

El segundo dato no es sobre inseguridad vial, pero es útil para establecer un contraste. Hasta el mes de abril de este año las muertes por homicidios en la ciudad, también informadas por la prensa, habían sido catorce. Excepto en uno de los casos, en todos los demás la víctima tenía algún tipo de vínculo con el victimario. Los presuntos asesinos fueron vecinos, socios, pareja, o familiares. En más de uno de los casos ambos tenían antecedentes penales. La conclusión que deberíamos sacar es que sería mejor estar preocupados por perder la vida atropellados por un automovil que a manos de un delincuente.

Continuemos con unas preguntas ¿Cómo entender estos datos?, o formulado de otro modo, ¿Qué factores explican la alta cantidad de muertos por siniestros viales? Hay más de una respuesta dada la complejidad del tema. Veamos al menos cinco que están relacionadas entre sí. La primera, y la más habitual, dice que se trata de falta de educación y de conciencia. Sin embargo, las investigaciones que se han ocupado de evaluar el impacto de la educación vial sobre la seguridad señalan que las personas conocen las normas, pero que no se comportan en base a ese conocimiento. Más aún, con algunos grupos específicos, como los jóvenes, el efecto puede ser paradójico. Es decir, el contrario al buscado. Señalar dónde reside el riesgo puede ser atractivo antes que disuasorio.

La segunda respuesta es el control. A la mayoría de las personas no suele gustarle ser controladas. Pero el control tiene una función preventiva si se aplica de manera correcta. Las normas deben ser claras, las sanciones justas, y el control efectivo. En el contexto local no siempre se cumplen esos tres elementos. La percepción de ausencia de controles, o de falta de legitimidad en las sanciones actúan en desmedro de su potencial preventivo.

La tercera respuesta a la pregunta por los factores que influyen en la inseguridad vial es la movilidad. El sentido común asocia tránsito con automóviles, pero podría decirse que esa es una concepción reduccionista. Por ese motivo hay que recurrir a otro término. Todas las personas, aun las que no tienen auto (que son la mayoría) necesitan trasladarse de un lugar a otro. La acción de trasladarse no es otra cosa que la movilidad. Por este motivo en la vía pública conviven muchas personas con distintas necesidades y motivaciones. La vía pública no sólo es lugar de tránsito, también es lugar de reunión, de recreación, y de movimientos. Por ejemplo, las personas pasean en bicicleta, salen a correr, o toman mate sentadas en plazas o paseos de la ciudad. Los distintos usos del espacio se asocian a distintas vulnerabilidades. Proteger al más vulnerable debería ser un objetivo deseable.

La cuarta respuesta es el ambiente. Las personas interactuamos con el ambiente que nos rodea, nos modifica y lo modificamos. La estructura del ambiente vial permite algunos comportamientos y limita otros. Actualmente en Mar del Plata hay zonas que se asemejan a pequeñas pistas de carrera, sobre todo en la costa de la ciudad. No es casual que muchos siniestros se registren en esas zonas y que allí ocurriera la anécdota con la que comenzó esta columna. Si no se trabaja sobre el ambiente educar no es suficiente y controlar no es efectivo.

La última respuesta, aunque no la menos importante son las políticas públicas de seguridad vial. Alrededor del mundo, aquellas que han sido más efectivas en la reducción de los siniestros y sus consecuecias tienen enfoques sistémicos. Es decir, incluyen educación, control y intervención ambiental. Los principios que las rigen son la falibilidad humana (las personas somos propensas a equivocarnos) y la protección de los usuarios más vulnerables. Ambos principios permiten diseñar ambientes predecibles en los cuales el riesgo de lesiones y de muerte se reduzca. Esos principios se expresan materialmente en medidas como la disminución de los límites de velocidad máxima, la segregación de vehículos por tamaño y por función, o la creación de zonas vedadas a la circulación vehicular. Otro elemento indispensable para el éxito de toda política pública es que sea sostenida en el tiempo y evaluada períodicamente. El resultado final será siempre menos muertes que lamentar.

Comentarios