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Día Nacional de la Seguridad Vial

Por Fernando Poó

Por LP

miércoles 13 de junio, 2018

En la Argentina se celebra el 10 de junio el Día Nacional de la Seguridad Vial como conmemoración de la fecha en la que se modificó el sentido de circulación de los automóviles en el país. El hecho en sí mismo no está vinculado con la seguridad vial, pero es un motivo válido para llamar la atención sobre el problema. En aquel entonces se tomaron muchas medidas preventivas para evitar que ese cambio se tradujera en un mayor número de choques. Se realizaron campañas de información, tanto desde el Estado, como desde empresas vinculadas al transporte y a otros rubros, se redujeron temporariamente los límites de velocidad máxima, se adaptaron las señales viales, hubo más presencia de agentes de tránsito en la calle, y se hicieron carteles para los vidrios traseros que indicaban por dónde debían rebasarse los vehículos.

Desde 1945 hasta hoy la fisonomía de las calles ha cambiado mucho. Las ciudades se han extendido, la cantidad de habitantes del país pasó de uno diecisiete millones a más de cuarenta, y el número de vehículos aumentó de una manera todavía más pronunciada. Mientras en 1945 se contabilizaban alrededor de 30 vehículos motorizados cada 1000 habitantes, en el año 2017 se calulaba que había aproximadamente 300 para la misma cantidad de personas (sin contar motos ni maquinaria). En 1945 la seguridad vial no consitituía un problema de Salud Pública. Por el contrario, en la actualidad es un problema de tales dimensiones que la Organización Mundial de la Salud declaró a la década 2011-2020 como la Década de Acción por la Seguridad Vial. En ese marco, y desde el año 2004, este organismo produce períódicamente informes con datos mundiales sobre el problema. El último de ellos es del año 2015. Vale la pena destacar algunos de los elementos que allí aparecen.

El informe señala que anualmente mueren 1.25 millones de personas en siniestros viales, y se estima que unos 50 millones sufren lesiones de distinta índole. A nivel de los países, la mayor cantidad de siniestros ocurre en los países con economías de bajos y medianos ingresos, a tal punto que duplican las que ocurre en países de altos ingresos y dan cuenta del 90% de las fatalidades producidas por el tránsito. Los usuarios más vulnerables son los peatones, los ciclistas y los motociclistas quienes representan el 50% de las muertes totales. Para los niños que tienen entre 5 y 12 años de edad las lesiones por hechos de tránsito son la principal causa de muerte violenta, mientras que para los jóvenes que tienen entre 15 y 29 años de edad son la principal causa de muerte, sea violenta o no.

La OMS señala algunas medidas que son necesarias para mejorar las tasas de siniestros y sus consecuencias. Una de ellas es el control de velocidad. No obstante, en Argentina los límites de velocidad máxima (40 y 60 km/h) continúan siendo altos en zonas urbanas. Para entenderlo alcanza con plantear la siguiente situación: si diez peatones fueran atropellados a una velocidad de 30 km/h sobrevivirían nueve de ellos; por el contrario, si los mismos diez peatones fueran atropellados a una velocidad de 50 km/h sobrevivirían solamente dos. La recomendación de controlar la velocidad es aún más específica para zonas escolares, donde la OMS recomienda tener límites especialmente restrictivos. Esto es algo muy poco habitual entre nosotros. Otra de las recomendaciones de la OMS, relacionada con la anterior, es diseñar calles y rutas teniendo como principal objetivo proteger a los usuarios vulnerables, es decir, peatones, ciclistas y motociclistas. En la Argentina, esto no es algo que ocurra a nivel nacional, aunque existen ciudades con iniciativas interesantes como Buenos Aires o Rosario. Medidas como el apaciguamiento del tránsito o la segregación del tránsito por tipo de vehículos son iniciativas que todavía continúan siendo materia pendiente.

Para la OMS también es fundamental trabajar en la expansión del transporte público de calidad como forma alternativa de reducir el impacto negativo de los vehículos particulares. A nivel de los vehículos es importante continuar mejorando los estándares de seguridad. Los mecanismos y dispositivos que los hacen más seguros no deberían estar asociados a diferencias de calidad, al contrario, deberían ser universales.

Para el organismo internacional es fundamental mejorar los sistemas de recolección de datos. Sin información fiable, es difícil generar programas de intervención y más aún evaluar su impacto. En Argentina se están haciendo esfuerzos sostenidos, pero aún no son suficientes. Se está trabajando para generar un sistema único de registro entre las provincias, pero que sólo considera las fatalidades en el lugar del hecho. Saber qué ocurre con los lesionados y corregir los índices de mortalidad a treinta días del siniestro son aspectos que deberían contemplarse. Por ejemplo, según la Agencia Nacional de Seguridad Vial en el año 2016 murieron en el país 5613 personas. Un informe reciente, señala que en el Hospital Interzonal General de Agudos Oscar Allende se atendieron el año pasado 3008 lesionados por hechos de tránsito. Es importante señalar que ni los lesionados muy leves, ni los menores de edad son derivados a esta institución.

Quizás los mejores indicadores de que todavía queda mucho por hacer son los resultados de una encuesta realizada por la Agencia Nacional de Seguridad Vial en el año 2016 que señalaba que para nueve de cada diez entrevistados, la Seguridad Vial era un tema muy preocupante, y que siete de cada diez opinaban que sus compatriotas conducían mal o muy mal, que la causa de ese mal desempeño sería el incumplimiento de las normas, y que el riesgo de sufrir un incidente vial era elevado, tanto en las rutas como en las calles.

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