Ser competitivos

El análisis de un licenciado en psicología, con experiencia en el trato con deportistas, sobre el presente de la Selección Argentina y , en especial, las duras críticas recibidas a los jugadores tras la derrota con Croacia. Por Ricardo Deniso. 

domingo 24 de junio, 2018

La imagen de Messi tomándose la frente fue un anticipo de lo que se venía. Como si Lio nos spoileara el final del partido. Errores no esperados en profesionales, lógicas de juego sin trascendencia y sobre todo una crítica despiadada. Nada que sorprenda, pero justamente por eso no podemos dejar que se naturalice.

Coincidimos en que Caballero tuvo gran parte de responsabilidad en el primer gol. Se podrá criticar su actuación general o no, pero ¿desear que violen a su hija, que contraiga una enfermedad como el cáncer, etcera?, ¿qué nos pasa? Sabemos que la realidad del país no es la mejor, y que la población puede que deposite frustraciones en el deporte para poder sentirse realizados. ¿Esto realmente es un justificativo?

Los jugadores antes que deportistas, son personas. Como tales, y como cualquiera de nosotros, si no se sienten cómodos en un lugar, por quienes los rodean u otras variables del contexto como por ejemplo “a quienes representan” es muy difícil que alcancen su rendimiento óptimo.

A la distancia, analizando a través de la televisión con la perdida de exactitud que eso conlleva podría decir que lo que veo en el equipo es la incomodidad, el no disfrute del desafío. Difícil con una horda preparada para volcar su frustración, ¿no? Representando a la Argentina, esa que tiene hinchas agrediendo a otros en las tribunas, a personas que bastardean en la calle a jóvenes rusas. ¿Cómo sentir la camiseta así?

¿Este es un momento para recriminar o de entender?, ¿de destruir o construir en base a lo real? No olvidemos que es un juego. Pongamos la pasión en alentar. En disfrutar de un evento distinto que solo cada cuatro años se genera. Si queremos criticar que sea con ideas, y sobre todo, aplicándolas en nuestro día a día. En esa realidad que depende de nosotros en cada acto por más pequeño que sea. Luchando por los derechos que como ciudadanos nos merecemos. Ayudando a quien lo necesita. Trabajando en equipo. Buscando dejar todo en los objetivos que nos planteamos, superándonos sin perjudicar al otro. Tal vez ahí, los deportistas se sientan identificados con los colores.

No solo se necesita esta autocrítica por parte de la afición para lograr el óptimo rendimiento. Para ello, en mi opinión, hace falta una mentalidad de crecimiento. Este concepto es desarrollado por la psicóloga Carol Dweck. Ella diferencia dos tipos de mentalidades:  fija y de crecimiento. La primera remite a la creencia que las habilidades y destrezas son innatas. Las tenemos y listo, no hace falta nada más. En cambio, la de crecimiento enfatiza en el esfuerzo. Nuestras competencias dependerán de que tanto nos esforcemos. Por lo tanto, si queremos lograr un objetivo dependerá, no de algo ya dado de antemano e invariante, sino de la persistencia inteligente que apliquemos a la situación.

Remitiéndonos a las declaraciones del director técnico, Sampaoli, en las cuales se jacta de “no planificar”. Sumando a las decisiones de recurrir al brujo Manuel. Claramente vemos que tipo de mentalidad poseen aquellos responsables de la selección.

La mentalidad de crecimiento no es algo que se tiene de por si al nacer, ni tampoco es algo general para todas las actividades. Se construye para cada situación, es por eso que se necesita trabajar de forma sistemática. Si se quiere construir un equipo con destrezas psicológicas a la altura de la exigencia lo primero que se debería hacer es contratar a un psicólogo especialista en deporte. Si el DT no quiere planificar y se prefiere lo exotérico antes que lo científico, es difícil que se pueda establecer un abordaje así.

El lenguaje corporal de los jugadores es bastante claro. No la están pasando bien dentro de la cancha. Una de las consecuencias de la mentalidad fija es que la persona prefiere no exponerse ante situaciones desafiantes, por lo cual sus capacidades técnicas y físicas se ven coartadas. Por el contrario, alguien con mentalidad de crecimiento disfruta ante estas condiciones, entre otras razones, porque sabe que depende del esfuerzo y si pierde buscara aprender para luego reintentarlo.

En Rusia dependemos del azar pero por consecuencia propia. Entender el porqué nos permitirá en un futuro revertir la situación. No dejemos el rendimiento del equipo al destino de una moneda. Hagamos del esfuerzo inteligente nuestro estandarte, es el único camino para ser competitivos.

 

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