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Opinión - Por Ernesto Gallardo

Bloque vs individualidad, esquema vs rebeldía

Análisis del Mundial de Rusia 2018, con la consagración de Francia campeón. Por Ernesto Gallardo.

domingo 15 de julio, 2018

El Holanda del 74’, el campeón sin corona, se recuerda mas que el título de Alemania. No es para menos. Allí cambió el fútbol. El fulgurante Johan Cruyff, Rep, Resembrink, Kroll, Neeskens y toda “la naranja mecánica” dejaban un legado imborrable, se había producido la última gran revolución futbolística de la historia.

Casi dos años antes el Ajax de Rinus Michells se adueñó de Europa e Independiente lo padeció en aquellas finales de la Intercontinental del 72’. Ni la criminal patada del “tano” Mírcoli sobre el mago holandés pudo opacar el andar de una Ferrari contra un Fiat 600. 1 a 1 en “la Doble Visera” con gol correntino de Pancho Sá y un paseo descomunal en la tierra de los tulipanes. Carretas contra aviones. Puestos fijos contra polifuncionales. Lo viejo y lo que vendría. La improvisación contra la planificación.

La Selección Argentina dirigida por un triunvirato con Cap, Varaka y Rodriguez. La Selección, un caos, el país otro y para colmo la muerte de Perón en pleno Mundial de Alemania. Tras llovido mojado: la selección de Carnevali, Perfumo, Telch, Chazarreta, Houseman, Brindisi,  Babington, Kempes, Heredia, Ayala, Fillol, Santoro, Glaría, Wolff,Balbuena, Poy, Yazalde, Bargas y Squeo, entre otros era destruida ante ese elenco vestido de naranja que andaba como una orquesta cuyo director era Michel y su mejor ejecutante Johan. El 7 era por momentos el 2, el 10 era 10 pero por momentos defendía, el 9 no era 9, los wines bajaban a defender, todos jugaban de todo, “el fútbol total”.

Argentina luego de su papelón y en ruinas llama al técnico del momento, al que armó el Huracán del 73’, Cesar Luis Menotti. A partir de él…Argentina cambia su paradigma. El orden y la planificación se vislumbran sobre la debacle. Arrancaba una nueva era donde la selección pasó a ser prioridad sobre los clubes. El Mundial del 78’ se convertía en una obsesión para la AFA y para el gobierno militar.

44 años después un mundial en Rusia, antes la URSS, los tiempos cambiaron. El Mundial donde todo funcionó, rayando la perfección. El Mundial sin Holanda ni Italia. El Mundial con el campeón 2014  Alemania eliminado en fase de grupos, aburguesado y confundido, la Argentina arrasada por Croacia, por Francia y por Sampaoli. La España que se prendió fuego dos días antes de jugar y que lo sintió en plena competencia cayendo en octavos contra el dueño de casa que jugó mas allá de sus propias limitaciones. Las últimas pinceladas del artista  Iniesta. El México que no puede pasar de octavos de final y el Brasil que de candidato no pudo pasar cuartos mas allá de la apuesta a sus orígenes por parte de Tité. Apretada síntesis sólo para que sirva de introducción.

Que Bélgica, Inglaterra, Francia y Croacia hayan llegado a los últimos dos días del Mundial de Rusia 2018 no es casualidad.  Un Mundial sin los principales candidatos históricos ya es una rareza. El Mundial de los contrastes, de los bloques sobre las individualidades, de los esquemas sobre la rebeldía. Del desdoblamiento ofensiva-defensa y viceversa. El Mundial de saques laterales realizados por “especialistas” como si fueran lanzadores de jabalina, centros al área.

El Mundial de los arqueros sobrios, con prioridad que atajen ante su eventual juego con los pies, el Mundial de los buenos arqueros como Curtois, Pickford y LLoris, arqueros bajo los tres palos, stándart, clásicos, de poco salir y de un discreto juego  con los pies. Sólo el impresentable entrenador de Casilda priorizó los pies sobre las manos y a si le fue. Por su parte Tabares en Uruguay siguió confiando en Muslera y otra vez lo decepcionó.

El Mundial del VAR, de la tecnología que vino para quedarse, que corrigió errores, que volvió atrás jugadas, que modificó resultados, que maquilló falencias arbitrales, que marcó roces, agarrones y pelotas conflictivas en la zona de conflicto. Incluso en la final con el penal para Francia cobrado por Pitana (de gran Mundial) a instancias del sistema en cuestión y que lo transformó en gol Griezmann.

El Mundial de lo colectivo sobre las individualidades, del funcionamiento general ante los arrestos solitarios de unos pocos elegidos. El Mundial del bloque belga que defiende y ataca en zona, con movimientos de cortinas y desplazamientos dignos de un equipo sólido y adulto que aún tiene una cita ecuménica mas, con cuatros años mas de formación grupal como selección mas lo que generen sus principales figuras en sus clubes de origen. El juego de equipo aceitado, mas Hazard y su consagratorio Mundial, para un “10” desfachatado, talentoso y con genes que parecen ser de un potrero de Barracas.

El Mundial de esta sorprendente Croacia que en su corta vida de 5 ediciones consecutivas jugadas mantiene un estilo mitad europeo mitad latino, mitad de tenencia mitad de vértigo y Modric como estandarte de un paladar negro que ese país adoptó para jugar al fútbol no excento de enjundia y rebeldía para sobreponerse de tres alargues y una final encarada con valentía y coraje.

El Mundial del Francia de Didier Deschamps transitó por momentos trepidantes como el choque contra Argentina en octavos. Mbapé, su tranco y su desparpajo, provocaron en la endeble resistencia Argentina un tembladeral cada vez que se lo propuso. Pero volvemos al precepto anterior, lo colectivo en un andamiaje elástico y con avances o retrocesos efectuados de manera inmediata, prevalecieron mas allá del improductivo Giroud o del mismo Mbapé. No es evidentemente el mismo fútbol que jugó el exquisito Deschamps en el último Mundial ganado por Francia hace 20 años en su propia casa.

El Mundial de un Inglaterra que fue de mas a menos. La figura de Kane y una explosiva primera fase ilusionaron a un país deseoso de viejas glorias que confiaban en una camada joven que sustenta quizás la mejor liga del mundio.

El Mundial de la pelota parada y un enorme porcentaje de goles que vinieron de tiros libres, corners o penales, o conquistas de segunda jugada que nacieron con balón detenido. Buenos ejecutantes de esas pelotas paradas y excelentes receptores  de esos envíos mediante cabezazos al primer palo o dobles cabezazos en el área. Movimientos que idearon en la década del 60’ Helenio Herrera y Zubeldía y que luego perfeccionó Lorenzo con Boca y Bilardo con Estudiantes o en los 8 años de selección.

El Mundial de los equipos con centrodelanteros, con número 9 fijos, grandotes y de área no como el calvo entrenador santafecino que tenía petizos o directamente no los ponía como contra los galos campeones en Rusia.

El Mundial de modernidad terminó con Francia campeón, utilitario y explosivo, elástico y contundente.

El mundial terminó para Argentina hace rato, muy temprano y pudo ser aun mas temprano de no mediar una ayuda impensada de Nigeria. Ya sin Sampaoli, sin con Tapia y sus incompetentes compañeros de ruta. Panorama sombrío y preocupante de cara a un futuro de muchas caras nuevas y de un Messi con ganas de pegar su segundo y quizás último portazo en su conflictiva relación con la selección Mayor.

Chau Rusia, que buen Mundial hiciste. Hola Qatar y su exótica cita en cuatro años. Hasta luego Argentina, borrón y cuenta nueva pero la amargura continuará.

 

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