10° C
Clear
Clear

Daniel Barenboim frenó su concierto en el CCK para enseñar modales

El afamado pianista y director de orquesta argentino debió interrumpir su concierto de este martes en varias oportunidades por culpa de aplausos fuera de lugar y la toma de fotos con flash por parte del público presente en la sala porteña.

Por Redacción

miércoles 18 de julio, 2018

Durante su presentación del martes pasado en el Centro Cultural Néstor Kirchner, el afamado pianista y director de orquesta argentino Daniel Barenboim debió interrumpir el concierto en varias oportunidades por culpa de aplausos fuera de lugar y la toma de fotos con flash por parte del público presente en la sala. El maestro se encuentra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el marco del festival 2018 del Teatro Colón, donde hizo su debut al frente de la ópera Tristán e Isolda de Richard Wagner el pasado miércoles. 

La repetición del primer programa Brahms (segunda y primera sinfonía, en ese orden) comenzó más tarde de lo pautado, a las 20.20. La impuntualidad llegó a la sala sinfónica, no por culpa de la orquesta ni de Barenboim, que estaban listos para arrancar a horario, sino por los enredos de tránsito engrosados por alguna de marcha de las tantas que perturban cotidianamente a todo aquel que pretenda trasladarse de un punto a otro de la ciudad.

Ya comenzado el concierto, los aplausos entre movimientos fueron más que los habituales. Cerrada la segunda sinfonía, Barenboim se dirigió al público y con amabilidad pidió que no aplaudiera antes de que la orquesta extinguiera completamente su sonido: “Sé que estamos todos muy emocionados”, dijo. “Pero, por favor, escuchen hasta el final”, reclamó cuando ya era tarde para recuperar los acordes de cierre del último movimiento, pisados por un ostentoso “bravo”. Ya puesto a pedir, con calidez docente explicó por qué es necesario no aplaudir entre movimientos: “De un movimiento a otro hay un cambio de tonalidad; si ustedes aplauden, esa relación se pierde”, dijo antes de retirarse a descansar antes de dirigir la segunda parte.

Lo que vino a su regreso fue un poco más desagradable que lo anterior. Apenas había comenzado a sonar la primera sinfonía cuando paró en seco a la orquesta, se dirigió a las filas de butacas ubicadas a espaldas de la orquesta y exclamó: “¡No saquen fotos, por favor! Primero, porque la luz lastima mis ojos, que son sensibles. Segundo, porque no está permitido”, marcó, antes de terminar el sermón con una humorada: “Por último, porque con esas máquinas en la mano no podrán aplaudir a la orquesta”.

Comentarios