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“La base está”

Pro Ernesto Gallardo

martes 28 de agosto, 2018

No es un solgan mio, eso está claro. Lo he recogido de una frase que inmortalizó el Director Técnico de fútbol, Héctor “el bambino” Veira en sus años de gloria. Eso lo decía en una nota periodística donde daba a entender que su equipo estaba bien parado, equilibrado, que tenía “la famosa columna vertebral” para pelear arriba y también dejaba entrever que su club disponía de inferiores que podían nutrir al plantel profesional de frescura y recambio necesarios e imprescindibles para continuar con el proyecto.

16 de diciembre de 1993, Centro de Convenciones de Las Vegas, sorteo del Mundial USA 94’.Mi primer y único mundial de fútbol empezaba para mí con el sorteo en la ciudad de la lujuria y el descontrol. Por mi viejo y enorme grabador habían pasado una constelación de estrellas como Pelé, Boby Charaton, Teofilo Cubillas, Beckenbauer, Platini, Chinaglia y Roger Mila entre otros. Por allí viene con sus pronunciados bigotones Xabier Azkargorta, el veterano director técnico vasco, que dirigió a la selección boliviana de fútbol en el Mundial de Estados Unidos. Su voz profunda y gruesa entre decenas de micrófonos me contestó mi pregunta. Ese humilde periodista pelilargo con pinta de cantante de ABBA ó de Poisson le consultó: ¿Xabier le preocupa tener un plantel rico pero a su vez añoso de cara al mundial y el futuro?. El otrora entrenador de la selección del altiplano me dijo con su habitual franqueza: “ sabes que pasa en tu país levantas una baldosa y encuentras un jugador de fútbol. Ojala yo tuviera la misma suerte. Se que tengo a Melgar, Etcheverry y un plantel muy experimentado pero no hay mucho recambio”. Clarito.

Términos muy futboleros pero que se ensamblan en el pádel y el análisis que quiero encarar.

El “gordo” Cristian Gutierrez, el que hoy llegaba a la final del World Pádel Tour de Andorra junto al increíble Franco Stupackzuk, correteaba por los pasillos del mítico “Los Naranjos”. Era un niño. Su juguete era una vieja paleta de madera de esas que algún grande había dejado ante la imperiosa necesidad de cambiar por las de mejor tecnología. Ahí estaba ese pequeño que estaba rodeado de afecto e impregnado de pádel en todo el ámbito. El pádel no era su deporte postizo. Era el primero y único que abrazó desde la cuna, bah…desde la cancha. El talento en su máxima expresión se gestaba en Dorrego y Brandsen para luego prodigarse por todo el mundo. Materia prima marplatense, como los alfajores, como los pulloveres. Su ejemplo es sólo un faro por el cual guiarse. La nota se extendería en tiempo y en líneas. Sabemos que Mar del Plata es la ciudad basal, la ciudad donde el pádel germinó cual semilla traída desde México. Los genes se multiplicaron coma una epidemia de talento. Después todo lo que sabemos: la explosión de jugadores, de canchas, de paletas, de organizadores inescrupulosos, la caída del negocio….la primera y gran migración hacia donde hoy está la meca de esta actividad: España. Pero esos años de bonanza y fertilidad, dejaron el aire impregnado de pádel y mas allá de sostener la actividad a pesar de ver sus cenizas, los embriones quedaron en los Naranjos, en Play Time, en La Manzana, Once Unidos, Pádel Match y algunos lugares que evitaron la muerte de esta disciplina aguantando el temporal esperando que mejore. Los casos apuntados en esa era romántica son enormes y ya los hemos recalcado en otra editorial seguramente.

Momentos de vacas flacas para el pádel. Pero ese germen aún perenne generaba un nuevo fruto: Aris Patiniotis. Otro diamante en bruto gestado desde la tierra original. Ese claro ejemplo habla de una nueva época post “década ganada”. Michael Díaz, Alfredo Bidabhere. Después hay que hablar de Facu Dominguez, de Luca Bengoa, Kevin Oest, de Lucas Zappa . Martín Andornino y Rama Pereyra. Matías Raimo, Iñaki Sarasúa, Juano Gianullo, Lucas Mazzorella, Lucas Lucero y tantos mas.

Pero en lo estrictamente contemporáneo hay dos hermanos que ya están dando que hablar. Son Exe y Federico Mouriño. Ejemplo de constancia, dedicación y apoyo familiar. Sus avances son notorios y ya han dado muestras acabadas en torneos profesionales de estar metidos en el asunto. Sus nombres y rendimientos han sido por demás satisfactorios y ocupan un lugar de análisis para el pádel “grande”.

En 2004, nacía Nicolás Zurita. Hoy con 14 años ya está encaramado en sus primeros pasos del profesionalismo. Pero su actualidad lo sitúa en la elíte de los menores y juniors del país. Quizás estemos en presencia de uno de los proyectos mas sólidos del pádel nacional. Otro signo claro que en esta ciudad se mantienen en el aire los restos de aquella bacteria que hoy permanece intacta.

Pero el que ganó el AJPP 150 de “Indoor Pádel” organizado por otro ícono de este deporte como Damián Diez, fue otro producto genuino de la ciudad. Tiene 16 años, un físico espigado, flaco y largo, envidia para equipos de vóley y básquet. Pero juega pádel y se ubica en el drive. Es Gonzalo Sassano. Lo orienta otro eslabón de esta larga cadena, Pablo Sisti. Juega en sub 18, es cuarto en el ranking APA. Su aplomo a la hora de dejar en el camino junto a Maxi Sanchez Blasco a los dueños de casa Diez-Bengoa en cuartos y a Surace-Pato en semi hablan claramente de su ubicuidad y seriedad. En la final vencieron a los experimentados Rincón-Rincón demostrando un poderío y proyección realmente notables.

Veira hablaba que la base estaba y Azcargorta que en la Argentina el fútbol sacaba jugadores de debajo de las baldosas.25 años después el pádel argentino tienen una base envidiable para cualquier país del mundo en jugadores de 14 a 18 años. El futuro. Y también Argentina se puede jactar que en cualquier cancha del país levantas una alfombra y encontrás un nuevo jugador de pádel .Aquellos especialistas del periodismo de pádel juvenil como Alejandro Ertola, Daniel Ferreyra ó Nancy Alvarez deben tener sus herederos en cada región del país donde nacieron. En la ciudad basal, Mar del Plata, el semillero eterno y rico sigue sacando frutos de un deporte que caprichosamente dicen que nació en México.

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