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Conducción agresiva y violencia vial

Por Fernando Poó

miércoles 12 de septiembre, 2018

Hay escenas que son habituales en el ambiente vial. Pero por habituales no deberíamos considerarlas válidas. Me interesa señalar dos de ellas. La primera se repite incontables veces en las bocacalles de Mar del Plata, que son teatro de conflictos entre vehículos, peatones, y ciclistas por la prioridad de paso. Aunque hay normas escritas, como el privilegio para los más vulnerables, o el sentido de circulación, la contienda suele ganarla el más fuerte. Además del porte del vehículo, el comportamiento del conductor va a influir en el resultado. Mientras más temerario, o más agresivo sea, más rédito obtendrá (la misma afirmación podría sostenerse respecto de peatones y ciclistas, pero no vamos a ocuparnos de ellos en esta ocasión). La segunda escena también se repite frecuentemente. Los atropellos, los choques a gran velocidad, las lesiones y las muertes subsiguientes ocurren todo el tiempo, pero de tanto en tanto parecen captar la atención social. A menudo, como función de su espectacularidad. El guión en estas escenas es ligeramente distinto al anterior, pero ambos están relacionados. Son, en muchas ocasiones, distintas expresiones de un mismo fenómeno: la conducción agresiva y su extremo, la violencia vial.

La conduccion agresiva se define como cualquier comportamiento de un conductor que, de manera deliberada, genera una situación de peligro físico, psicológico, o ambos, para otro participante del tránsito. La violencia vial es una forma extrema de conducción agresiva que implica la intención deliberada de causar lesiones en otro usuario, o incluso de matarlo. Los comportamientos agresivos en el tránsito son variados. Pueden enumerarse algunos como: (1) conducir muy por encima del límite de velocidad, (2) cambiar repentinamente de dirección o de carril, (3) realizar acciones intimidatorias como reducir demasiado la distancia entre vehículos, tocar bocina, meter la trompa del auto, hacer gestos amenazantes o insultar, y/o (4) atacar físicamente a otros usuarios, ya sea por medio del auto o mediante el uso de armas.

Los factores que favorecen los comportamientos agresivos al conducir también son múltiples. Han sido agrupados en cuatro categorías (aunque no son las únicas posibles): (1) psicológicos y personales, como la edad, la personalidad agresiva, la hostilidad, o la búsqueda de estimulación, (2) psico-sociales, como la influencia social, o el género (3) temporales, como la hora del día o la presión horaria, y (4) ambientales, como el estado de la calle, la densidad de tráfico, o el clima.

Si bien varones y mujeres parecen no diferenciarse en su inclinación a comportarse de manera agresiva, los actos de violencia son más habituales entre los primeros. La edad es un aspecto que también afecta a los conductores. Los jóvenes protagonizan siniestros viales como resultado de la conducción agresiva más a menudo que los conductores de mayor edad. Además, ser joven y varón aumenta la permeabilidad a la influencia de los acompañantes. Cuando esto sucede, es más probable que los jóvenes se comporten de manera agresiva. La percepción de falta de tiempo genera estrés que, a su vez, puede favorecer la expresión de comportamientos agresivos. Esto puede ser más marcado en ciertos momentos del día, como las horas pico. En términos ambientales, algunas condiciones climáticas, como las altas temperaturas, incrementan la agresividad de los conductores. Por último, el mal estado de la infraestructura vial puede provocar reacciones de ira, que se traducen fácilmente en comportamietos agresivos.

Es importante distinguir dos componentes de la agresividad que se vinculan con lo que hemos expuesto hasta aquí. Uno de ellos es su carácter emocional, y el otro su valor instrumental. La agresión puede ser el resultado de la experiencia de ira, es decir, de una reacción emocional provocada por algún estímulo interno o externo. Cuando es así, el comportamiento agresivo suele ser la exteriorización del malestar subjetivo experimentado. Por el contrario, cuando la conducción agresiva persigue el objetivo de obtener alguna ventaja relativa sobre otros, pero sin ninguna experiencia emocional asociada, se trata de su uso instrumental. En esta caso la agresión es un medio para un fin.

De lo expuesto se deduce que la conducción agresiva y la violencia vial son fenómenos complejos, que requieren ser estudiados con detalle, y sobre los cuales nuestras conclusiones deben ser formuladas con cautela. Sin embargo, para finalizar me gustaria plantear algunas preguntas que son más morales que científicas: ¿Se atenúa la responsabilidad de alguien que conduce de manera agresiva o con violencia porque existen factores que condicionan su comportamiento? ¿Cómo debe juzgarse a alguien que, aún conociendo las consecuencias de sus actos, se comporta en el tránsito de manera tal que puede dañar a otras personas? ¿Por qué el incumplimiento de las normas viales suele tener sanciones más leves que otras transgresiones a la ley? Las respuestas que demos a estas preguntas deberían guiar nuestras acciones individuales y colectivas, y orientar las penas que caigan sobre los comportamientos de tránsito que resultan en crimenes y delitos.

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