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Tolerancia Cero

Por Fernando Poó

viernes 5 de octubre, 2018

La Ley Nacional de Tránsito establece un límite de alcoholemia de 0,5 gramos por litro de sangre, pero como la Argentina es un país federal, sólo tiene jurisdicción sobre las rutas nacionales, incluidos los tramos que atraviesan zonas urbanas. Las provincias y los municipios pueden adherirse a esa norma en su totalidad, parcialmente, o generar sus propias legislaciones y ordenanzas. Esta condición hace posible que encontremos jurisdicciones con distintos límites de alcoholemia dentro del país. Desde hace un tiempo algunas provincias han establecido la Tolerancia Cero en sus rutas y han invitado a sus municipios a sumarse a esta iniciativa. Ejemplos de ello son Córdoba, Salta, Neuquén, Tucumán, Entre Ríos y La Rioja. A esa lista se sumó hace unos días la ciudad de Mar del Plata, por medio de un decreto de su intendente, que además estableció la Tolerancia Cero para la conducción bajo los efectos de estupefacientes.

Existe consenso generalizado con respecto a que conducir bajo los efectos del alcohol incrementa el peligro de participar en un siniestro, y que ese peligro es mayor a medida que crece la cantidad de alcohol consumida. Entre los efectos negativos del consumo de alcohol se encuentran el aumento de los tiempos de reacción, la reducción de la agudeza visual y la visión lateral, dificultades para la percibir el color rojo, una peor estimación de la velocidad, una falsa sensación de seguridad, y la inducción de somnolencia y fatiga. Frente a esto, resulta obvio que una importante medida de prevención es evitar que las personas conduzcan luego de haber bebido, o que sean pasajeros de un conductor alcoholizado. Una nota aparte merecerían otros usuarios como peatones y ciclistas que también pueden desplazarse luego de haber bebido, sin embargo, no tenemos espacio aquí para referirnos a ellos con detalle.

Una forma de prevenir la conducción bajo los efectos del alcohol es establecer límites de alcoholemia, y controlarlos de manera rutinaria. Desde hace algunos años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los países limiten los volúmenes de alcohol en sangre permitidos para  conducir. Su recomendación es que la concentración permitida no sea mayor de 0,5 grs. por litro de sangre. No obstante, la sugerencia de la OMS no tiene carácter obligatorio. En Europa, el Reino Unido establece 0,8 grs por litro de sangre, mientras que en otros países rige la Tolerancia Cero, como en Suecia, la República Checa, Rumania y Eslovaquia. Un caso algo atípico es Estados Unidos donde la Tolerancia Cero se aplica sobre los menores de 21 años, mientras que para los mayores de esa edad el límite es de 0,8 grs por litro de sangre.

La pregunta más importante frente a la diversidad de limites para la alcoholemia es si alguna de ellas es más efectiva que la otra, y más específicamente, si la Tolerencia Cero conduce a una mayor reducción de la siniestralidad vial y sus consecuencias. Esta pregunta no puede responderse directamente con un Sí o con un No, ya que se trata de un fenómeno multideterminado. La seguridad vial no depende solamente del comportamiento humano, sino que también involucra la seguridad de los vehículos, y aspectos ambientales, ya sean de infraestructura o culturales.

La mejor manera de responder es contar con estudios que aporten la evidencia empírica necesaria. Por ejemplo, investigaciones que analicen cambios en las tasas de siniestros vinculados con el consumo de alcohol, antes y después de introducir modificaciones en las normativas vigentes. Lamentablemente, en el caso de América Latina, los estudios de ese tipo son muy limitados. No obstante, salvando las diferencias culturales, existe evidencia internacional que puede ser útil. Según algunos estudios realizados en la Comunidad Económica Europea reducir el límite de alcoholemia de 0,8 a 0,5grs por litro de sangre tuvo un impacto positivo en la reducción de la siniestralidad vial. Ese impacto no fue tan claro cuando la reducción fue por debajo de los 0,5 grs. Más aún, algunos de los países con Tolerancia Cero registran tasas de siniestros más altas que países con límites más elevados (cf. Castillo Manzano et al., 2017). Esto podría deberse a factores culturales, como la valoración social del consumo de alcohol. Por otra parte, tanto en Europa como en Estados Unidos, los resultados en términos de prevención parecen ser más potentes cuando la limitación afecta a los conductores varones menores de 21 años.

A pesar de que el sentido común podria llevarnos a suponer que las medidas más severas son la manera adecuada de cambiar el comportamiento, no parecen ser suficientes por sí solas para reducir los siniestros relacionados con el alcohol. Para ser efectivas deben acompañarse con una reducción del acceso a las bebidas, es decir, una política integral sobre  el consumo de alcohol. Para ello se recomiendan medidas como el aumento de los impuestos y la reducción de puntos de venta; la educación y la concientización sostenida, los controles de alcoholemia regulares y los sistemas punitivos claros, efectivos y justos. También es importante que los mensajes sociales no generen confusión. En ese sentido, pude ser complejo para muchas personas que existan distintas legislaciones al interior del país, o de una misma provincia.

En definitiva, el límite de alcoholemia, para ser efectivo, debe incluirse en una política pública sobre seguridad vial que sea amplia, coordinada, sostenida a largo plazo y evaluada con periodicidad. La sola acción de establecer límites más severos al comportamiento de los individuos no es suficiente si el objetivo es reducir las consecuencias negativas del sistema de tránsito y movilidad imperante.

 

Dr. Fernando M. Poó – Investigador Adjunto – CONICET – UNMDP- IPSIBAT


Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.


 

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