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De la inestabilidad suicida a la estabilidad de muertos

Por Roberto Manuel Ortea

lunes 8 de octubre, 2018

El Banco Central de la Republica Argentina presento, luego del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el nuevo programa monetario que pretende desarrollar desde el presente octubre hasta el fin de mandato del Presidente Macri, con el cual se quiere finalizar la inestabilidad financiera-cambiara en la que esta inmersa la Argentina desde abril pasado.

Básicamente, el programa tiene dos grandes ejes, por un lado, se establecen bandas cambiarias o zonas de intervención (compra si el dólar baja a 34, y vende si sobrepasa los 44), y propone utilizar como ancla nominal el crecimiento de la base monetaria, la que propone que sea del 0% hasta septiembre de 2019, y de ahí al fin de 2019 que crezca un 1% mensual.

Dicho por el ministro Dujovne la idea central es que sin pesos no se puede comprar dólares, y que el ancla sobre la base monetaria, actuará como un ancla nominal que impedirá que el tipo de cambio se desplace por encima del techo, y contribuirá a reducir fuertemente la inflación en los próximos meses.

Ahora bien, esta idea tiene un corolario básico, si no hay dinero para comprar dólares, tampoco hay para comprar otros bienes, y esto implica profundizar en el corto plazo, y alargar en el mediano la recesión que se encuentra inmersa la economía, llevando una posible recuperación por lo menos al segundo trimestre del año próximo, ceteris paribus, que tanto el clima (futuras cosechas) y eventos internacionales, no descontrolen el precario equilibrio alcanzado.

Por otro lado, no queda clara como se realizará la brusca desaceleración de la base monetaria, ya que en el mes de septiembre creció al 45% anual (en abril lo hacía al 30%), producto del desarme de las LEBACs efectuado por el ex Presidente del BCRA Caputo, la cual se contrarresto con un fuerte aumento de los encajes legales. Pasar de un crecimiento del 45% anual a 0% en doce meses implica establecer tasas de interés de referencias astronómicas (aún quizá mayores que las actuales del 70%), que reforzarán el sesgo recesivo del final de la estabilización.

El crecimiento de la base monetaria de los últimos meses fue como consecuencia de los efectos netos de creación de dinero que implico la no renovación a los tenedores privados no bancarios de las LEBACs, y su transformación en Leliqs de los tenedores bancarios de aquellas, proceso que aún no ha concluido. Pero adicionalmente el debut del nuevo esquema implico elevar la tasa de referencia de política del 60% al 73% anual, lo que rápidamente endogenizará el problema de las renovaciones de estas cada 7 días de las nuevas letras para regular la liquidez.

En definitiva, si bien el nuevo programa monetario apunta exclusivamente a una reducción de los niveles de inflación, y dado semejante apretón monetario es muy factible su éxito en esta perspectiva, la consecuencia en la economía real se vera reflejada en una profundización de la recesión por dos cuestiones básicas: por un lado, niveles de tasa de interés por encima del 73% hace imposible la dinámica de cualquier proceso de inversión, e inclusive del giro normal de las empresas, pero, a su vez, la estrechez monetaria limita un marco de discusión en paritarias de la recuperación de los salarios reales, y por ende, del consumo privado. De lo anterior, el único motor para la salida de la recesión imperante se constituirá el sector externo.

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