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Por Roberto Garrone

De brechas, maquillajes y promesas

Los desembarques en Mar del Plata se redujeron en casi 40 mil toneladas en los primeros 9 meses del año. Subsidios para frenar el estallido social y la chance de seguir sumando esfuerzo pesquero sobre el langostino para generar trabajo el año que viene. Por Roberto Garrone.

domingo 4 de noviembre, 2018

A partir de la migración de barcos fresqueros al sur para participar de la temporada de langostino en aguas nacionales y descargar el marisco fresco en los puertos patagónicos hemos mostrado desde esta columna el impacto que esa ausencia masiva generaba en los muelles de Mar del Plata.

Claro que el presente y la estadística oficial que marca la evolución de las descargas en los puertos marítimos no circulan por carriles simultáneos. Mientras la temporada regala las últimas imágenes para la flota tangonera en exclusividad y los desembarques ya superan las 210 mil toneladas, la estadística que elabora los Informes de Coyuntura va unos pasos más atrás.

Dicha fuente estableció esta semana que entre enero y septiembre el puerto local recibió casi 40 mil toneladas menos que en el mismo período del año pasado. Si lo comparamos con el 2015 el número es más significativo. Son casi 75 mil toneladas las que desaparecieron de los muelles locales en este mismo período.

Imagine lector las horas de trabajo que son capaces de generar 75 mil toneladas, mayormente fresco, porque algo de calamar hay en ese número, y ya sabemos que el illex reactiva los brazos de estibadores y el comercio exterior pero no los cuchillos de los fileteros ni las manos de envasadoras y calibradoras en tierra.

Son 75 millones de kilos que faltan en relación a tres años atrás. Pero después hay que escuchar al ministro Etchevehere, al subsecretario Juan Bosch, o al propio Secretario General del SIMAPE,  animar el relato de la recuperación de la pesca en Mar del Plata los primeros y que “no estamos ni mejor ni peor, sino estancados”, como acaba de decir Pablo Trueba, cada vez más oficialista.

El último comunicado de Presidencia sobre el reverdecer de la pesca es conmovedor. Sobre todo de la mano del magrú, que el año pasado pudo mover la aguja de las lanchas artesanales, pero que este año fracasó de manera estrepitosa porque nadie fue a pescarlo, encandilados por el langostino.

Ahora esperan que las lanchas vuelvan a tener su veranito anticipado. Las que quedan por lo menos.

Ya deben ser menos de una docena las que todavía flotan operativas en la banquina chica. La última se fue esta semana. El permiso de pesca de la “Dr. Juan José Traversoni” se transfirió al Juan Pablo II, un costero de menos de 20 metros para sumar toneladas de langostino. Si sigue así este fenómeno, a fin de año la banquina chica quedará desierta.

Mientras se vacía la postal y el esfuerzo pesquero que se aplica sobre el langostino no deja de aumentar, en las calles del puerto se amplía la brecha entre los que gozan de la bonanza del marisco y los que sufren por la falta de trabajo en tierra. La caída en los desembarques explica lo que ocurre en ambas orillas.

En los frigoríficos se reparten horas muertas y salarios garantizados de miseria. Los que no, subsidios de 4700 pesos del programa “Hacemos Futuro”, como cobran más de 2500 obreros precarizados de cooperativas desde principios de año.

¿Quién elige los nombres de la asistencia?… suman una cuota de cinismo innecesaria a estos días de tarifazos, inflación desbocada y desplome de la actividad económica. Qué futuro puede haber en un país cuya economía exhibe tasas de interés por arriba del 65% que hacen añicos cualquier intento de fomento al trabajo y la producción.

Y la brecha puede agudizarse cuando se compute el mes de octubre y se advierta con mayor nitidez la irregularidad que mostró la temporada de anchoita y el faltazo que pegó el magrú. El 2018 será un año inolvidable para los eslabones más débiles de la cadena que dependen directamente de la flota fresquera de altura.

La malaria en el invierno de los efectivos, trasladada a los temporarios de la conserva, genera una crisis social que por ahora se maquilla con subsidios y promesas de más trabajo para la zafra 2019, cuando la Provincia de Buenos Aires pida cupo social para que más actores sumen barcos al langostino con la promesa de reactivar el trabajo en Mar del Plata.

Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.

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