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Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Siniestros Viales

Por Fernando Poó

martes 13 de noviembre, 2018

Una resolución del año 2005 de la Asamblea General de las Naciones Unidas invitaba a los países miembros a conmemorar, a partir de ese entonces, el Día Mundial en Recuerdo de las Víctimas de Siniestros Viales cada tercer domingo de noviembre. Unos años después, las Naciones Unidas iniciaron la Década de Acción Para la Seguridad Vial 2011-2020. La meta principal para el decenio era reducir en un 50% la muertes por siniestros viales. Ambas iniciativas compartían el objetivo de aumentar la visibilidad del problema, generar conciencia, y promover su prevención. Para ello, tanto las Naciones Unidas, como la Organización Mundial de la Salud propusieron actuar sobre los que consideraban los principales factores de riesgo: conducir bajo los efectos del alcohol, no utilizar los mecanismos de protección pasiva como el cinturón de seguridad, los sistemas de retención infantil o el casco, y el exceso de velocidad. Además, señalaban la necesidad de aumentar la seguridad de los vehículos y de la infraestructura, poseer buenos sistemas de información, y contar con organismos nacionales encargados de la politica de seguridad vial.

¿Qué ha pasado desde ese entonces? ¿Hemos progresado? ¿Hemos resuelto al menos parcialmente el problema? ¿Hay lugar para el optimismo? No hay una sola forma de responder a estas preguntas. En primer lugar, podemos señalar que el conocimiento sobre el tema ha aumentado. Por ejemplo, de acuerdo con algunos relevamientos recientes, para los argentinos la inseguridad vial es el segundo problema social en orden de importancia, luego de la inseguridad provocada por el delito. Con respecto al conocimiento sobre los factores de riesgo, también ha crecido el nivel de información disponible. Sin embargo, el conocimiento no se refleja de manera directa en los comportamientos. Informes recientes de la Agencia Nacional de Seguridad Vial indican que aproximadamente el 50% de los conductores no usan cinturón de seguridad, y que el uso es menor entre los demás ocupantes de los vehículos. Más preocupante es la ausencia de uso de sistemas de retención infantil, que puede llegar hasta más del 80% dependiendo de la edad de los niños. Entre los motociclistas, el uso del casco llega a las dos terceras partes, pero ese valor es menor en las zonas periféricas de las ciudades, cuando se trata de pasajeros, o de niños. El exceso de velocidad, que es un problema en sí mismo, ocurre en Argentina en el contexto de límites de velocidad demasiado altos. Las recomendaciones actuales indican que en zonas urbanas residenciales, el máximo permitido debería ser de 30 kilómetros por hora, de acuerdo con la relación entre velocidad, peso de los automóviles y vulnerabilidad del cuerpo humano. Reducir los límites de velocidad es una medida fácil de tomar, y que tiene el potencial de salvar muchas vidas. La Ley Nacional de Tránsito establece limites de alcoholemia, los cuales han sido objeto de debate recientemente, pero más allá del margen de consumo permitido, los controles son fundamentales para que su cumplimiento sea efectivo. Este es un aspecto en el que las falencias y las dificultades continúan siendo muy importantes.

En Argentina desde el año 2008 contamos con la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Es un gran avance contar con un organísmo gubernamental encargado de las políticas públicas específicas. Uno de los progresos relacionados con su existencia es contar con estadísticas oficiales. Sin embargo, los sistemas de registro todavía no son universales y el acceso a los datos brutos no está disponible para todos los interesados en el tema. La infraestructura vial continúa siendo deficiente a nivel de las ciudades y también de las rutas. En el primer caso, y solo por nombrar algunos ejemplos, el estado del pavimento, la falta de señalización vertical, y los problemas de accesibilidad son moneda corriente. En el segundo, alcanza con mencionar que todavía existen rutas de doble vía por las que circulan al mismo tiempo vehiculos de distinto porte. La incorporación de elementos de seguridad en los vehículos, y la obligatoriedad de la verificación técnica son avances positivos, sin  embargo, desde el Estado no se ha trabajado en la promoción de sistemas de transporte intrínsecamente más seguros, y que tienen un impacto menos dañino sobre el ambiente y la salud, como son las formas activas de movilidad (e.g. caminata, bicicleta), el transporte público de colectivos, o el tren, sea urbano, inter-urbano, o de carga.

Este apretado balance puede dar lugar al optimismo si creemos que lo que no se ha hecho ofrece una oportunidad para mejorar. Sin embargo, las respuestas deben ser urgentes. Las estimaciones actuales señalan que en Argentina mueren 15 personas por día en siniestros viales. Los lesionados son más difíciles de contabilizar. Cada una de esas muertes deja detrás familias enteras sumidas en dolor. La contención y el cuidado de los sobrevivientes es todavía una deuda del estado y de la sociedad. El mejor recuerdo de las víctimas son acciones que salven vidas. Acciones que deben ser sistemáticas y sostenidas.

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