El hipocampo de los taxistas

Por Fernando Poó

miércoles 6 de febrero, 2019

Supongamos que estamos sentados en un sillón en el living de nuestra casa y que de repente sentimos sed. Para tomar un vaso de agua debemos ir a buscarlo a la cocina y para ello necesitamos recorrer el espacio que existe entre un ambiente y otro. Esta actividad la realizamos casi a diario, tan a menudo que no nos detenemos a pensar en ella. Nos resulta tan familiar que hasta es posible hacerla con los ojos cerrados. Ahora supongamos que necesitamos hacer un viaje un poco más largo. Debemos trasladarnos desde nuestra casa hasta el trabajo. En nuestro ejemplo imaginario vamos a  usar un vehículo, aunque podríamos hacer ese viaje caminado. En este caso el nivel de familiaridad puede ser alto, pero sin dudas no podremos desplazarnos con los ojos cerrados. Antes de salir deberemos planificar la ruta, y durante el trayecto tendremos que ser capaces de realizar los ajustes necesarios para llegar a destino, así como de ejecutar las acciones que nos permitan mantener el control del vehículo. Al examinar ambas situaciones la primera impresión podría llevarnos a pensar que son completamente distintas, sin embargo, hay varios puntos en común entre ellas.

Tanto cuando nos desplazamos dentro de nuestra casa como cuando conducimos un auto  navegamos el espacio que nos rodea, sea próximo o no. Es decir, trazamos un plan y podemos mantenerlo y realizar correcciones si resulta necesario. Para navegarlo utilizamos representaciones mentales del espacio a las que llamamos mapas cognitivos o mentales. Estos mapas se construyen a partir de la interacción con el entorno y configuran en la mente un espacio tridimensional que representa el espacio real en el cual nos movemos. En la construcción de estos mapas actúa una estructura cerebral especializada que se llama hipocampo. Esa estructura, que forma parte del sistema límbico, debe su nombre a Giulio Cesare Aranzio, un anatomista que notó que su forma se asemejaba a un caballito de mar. En el hipocampo se han detectado neuronas que se activan selectivamente en función del espacio. Estas neuronas se llaman células de lugar. No debemos creer que esas neuronas se activan para cada lugar de manera específica. Antes bien, vinculan al organismo con su entorno, mediante la creación de mapas egocéntricos, y a los elementos del entorno entre sí mediante la creación de mapas alocéntricos. El hipocampo también se vincula con la constitución de la memoria declarativa y con los procesos de regulación emocional.

¿Es posible que el hipocampo se desarrolle más en algunas personas que en otras? ¿Existe  relacion entre el desarrollo del hipocampo y conducir un taxi? Aunque pueda parecer raro, las dos preguntas tienen respuestas afirmativas. En el año 2000 un artículo bastante popular entre los especialistas, publicado por Eleanor Maguire y su grupo de trabajo, observó que el hipocampo posterior de los conductores de taxi de Londres tenía un mayor volúmen que el de los conductores no profesionales. El tamaño del hipocampo de los taxistas estaba relacionado con la cantidad de tiempo que llevaban desarrollando la tarea. Dicho de otro modo, se relacionó con la dependencia y uso que los conductores hacían de sus habilidades de navegación del espacio.

Para poder conducir un taxi en Londres los aspirantes deben rendir un examen cuya preparación suele llevar alrededor de tres o cuatro años. Aproximadamente, sólo la mitad de los aspirantes aprueban el examen. En un estudio posterior publicado en el año 2011, Woollet y Maguire, sumaron evidencia a favor de los hallazgos que recién comentamos. Esta vez compararon a quienes habían comenzado el curso con quienes llevaban cuatro años de formación. Como en el estudio original, la zona posterior del hipocampo era mayor en aquellos que llevaban más años estudiando para rendir el examen conocido como El Conocimiento (The Knowledge) que entre quienes recién se iniciaban.

Una conclusión a la que llegaron los investigadores fue que el cerebro de los humanos adultos sanos es capaz de modificarse en respuesta a demandas ambientales que requieren la acción de funciones cognitivas superiores como la memoria espacial. Esta capacidad se denomina neuroplasticidad. Una suposición que podemos realizar nosotros es que la exploración autónoma del ambiente urbano tiene efectos positivos en el desarrollo cerebral y mental a cualquier edad, y que por lo tanto es importante favorecerla y estimularla.

Fuentes:

Maguire E. A. et al. (2000). Navigation-related structural change in the hippocampi of taxi drivers. Proc Natl Acad Sci USA, 97(8), 4398-4403.

Wollet, K., & Maguire, E. A. (2011). Aquaring The Knowledge of London layout drives structural brain change. Curr Biol, 21 (24-2), 2109-2114.

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