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Road movies, representaciones sociales y sexismo en el tránsito

Por Fernando Poó

martes 26 de febrero, 2019

Las road movies, en tanto productos culturales y generadoras de sentido son un objeto valioso para tratar de entender la raiz social de algunos comportamientos en el tránsito. The Green Book es una road movie que ganó el premio a Mejor Película en la última edición de los Oscar. Para quienes no la vieron, la película narra la historia de la gira musical de Dr. Don Shirley, un pianista afroamericano, desde Nueva York hasta Alabama en la década de 1960, época en que aún regía la segregación racial en los Estados Unidos de América. En la película, que se basa en hechos reales, la gira se realiza en dos Cadillacs De Ville. En uno de ellos, viajaban los dos músicos que acompañaban a Shirley, y en el otro viajaba él con un chofer italo-americano, conocido como Tony Lip. No es casual que algunos críticos hayan señalado cierta semejanza con Conduciendo a Miss Daisy.

Una búsqueda no muy profunda de títulos que califiquen dentro del género de las road movies permite hacer algunos comentarios sobre los estereotipos de género en el tránsito. El primer aspecto a señalar es que en la gran mayoría de los títulos los conductores son varones, igual que en The Green Book. Algunos ejemplos de ello son Busco mi destino (Easy Rider), en los años 60, Vanishing Point en los 70, Paris, Texas en los 80, Un Mundo Perfecto, en los 90, o la reciente La Mula, de Clint Eastwood. Dos excepciones son Thelma y Lousie, y la película de Quentin Tarantino, Death Proof, en la primera década del siglo XXI. Volveremos más adelante sobre ambas. El segundo comentario es que muchas de estas películas vinculan automóviles con auto-afirmación, riesgo, superación y libertad. De esta manera, más allá de las historias narradas, estas películas trabajan la construcción de la masculinidad asociándola con la conducción.

Si seguimos por esta línea, pero prestamos atención a aquello que queda excluido, en la mayoría de estas representaciones cinematográficas observamos que se construye la idea de que el mundo de los autos es ajeno a las mujeres. Ahora bien, veamos un ejemplo de lo que sucede cuando ellas son las protagonistas. Thelma y Louise es una película que narra la historia de dos amigas que deciden tomarse un respiro de una vida insatisfactoria. Una de ellas, Thelma, está casada con un hombre que la maltrata psicológicamente. Louise tiene un trabajo poco gratificante y una relación amorosa estancada. Ya iniciado el viaje, un hombre intenta violar a Thelma. Lousie impide que suceda, y termina matando al agresor. A partir de allí, el destino del viaje cambia. Ambas deciden escapar hacia México. La película las muestra en una última escena huyendo de un montón de autos de policía, todos conducidos por varones. Ellas, antes que entregarse a la justicia de los hombres, deciden morir lanzándose por un acantilado mientras se toman de la mano. Una posible interpretación de esta película la ubica como la contracara de las road movies protagonizadas por varones. En este caso, la auto-afirmación, en lugar de superación o descubrimiento, es un peligro que puede llevar a la muerte, y curiosamente, o no tanto, la muerte las encuentra conduciendo.

Si se compara Death Proof con lo que ocurre en Thelma y Louise, el rol femenino parece haber cambiado. Un grupo de mujeres toma venganza de un doble de riesgo que usa autos preparados especialmente para asesinarlas en accidentes fingidos de los que sale siempre ileso. Esta película parece anticipar el período de histórico de empoderamiento femenino que estamos viviendo.

La Teoría de las Representaciones Sociales se interesa en conocer las fuentes sociales del conocimiento que tenemos sobre un objeto, y como este último afecta al comportamiento. Esas fuentes pueden ser textos culturales, contenidos audiovisuales, conocimientos científicos, o conversaciones cotidianas. Obviamente las películas forman parte de ese catálogo de fuentes que construyen y reconstruyen nuestro saber social sobre la relación entre varones, mujeres, automóviles, lo permitido y lo prohibido. Las películas que tomamos como ejemplo podrían ser otras, pero de cualquier modo, sumarían elementos para entender la discriminación sexual o sexismo en el tránsito. Es decir, un estereotipo que sostiene que la conducción es natural al varón y ajeno a la mujer, y que el riesgo y la auto-afirmación son parte constitutiva de ese universo. No es casualidad, entonces, que la siniestralidad y la fatalidad sean siempre más elevadas entre los primeros. La consecuencia para las mujeres es el menor acceso a la conducción de automóviles y mayores dificultades para acceder al mundo público; así como afirmaciones equivocadas sobre sus habilidades y comentarios despectivos sobre su forma de conducir. Sin embargo, nada de todo esto está basado en sus capacidades, ni en su desempeño real.

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