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Por Roberto Garrone

Langostino: jugando al límite en el paraíso

El año pasado el esfuerzo pesquero sobre el marisco aumentó un 17% y las descargas solo el 4%. Investigadores del INIDEP advierten riesgos si no se adoptan medidas de manejo para evitar la sobrepesca de juveniles. El CFP sigue avalando el ingreso de más buques a la pesquería.

domingo 3 de marzo, 2019

El langostino es el paraíso para la pesca nacional. El artífice de que las exportaciones de productos del mar argentino hayan superado los 2 mil millones de dólares el año pasado, a partir de una nueva temporada record del marisco, que superó las 252 mil toneladas, un abismo de diferencia con lo que ocurría hace 15 años atrás, cuando se descargaron menos de 10 mil.

Esa vez sucedió un fenómeno que explicó la abrupta caída en los desembarques. Ocurrió lo que los científicos denominan como “sobrepesca del reclutamiento”. Muchos barcos capturaron langostino juvenil. Tantos que sobrevivieron muy pocos y hubo pocos adultos reproductores para generar los juveniles al año siguiente que se debieron incorporaron a la biomasa disponible para ser pescada por la flota.

Una explicación parecida debieron dar los investigadores del Programa Langostino del INIDEP al elaborar el informe final con los resultados del 2018, donde declararon pescar langostino 302 barcos. El número representó un aumento del esfuerzo pesquero del 17%. En los últimos cinco años ese porcentaje superó el 100%.

De los 302 buques, 96 fueron congeladores (tangoneros) y 208 fresqueros. La mayor cantidad de embarcaciones que pescaron langostino al mismo tiempo fueron 207 buques, durante septiembre. El año pasado habían sido 185

El 17% más de barcos que en el 2017 apenas generaron que los desembarques declarados crezcan apenas un 4% más que en ese año. Esto quiere decir que de manera individual los barcos pescaron menos langostino que en el 2017 y 2016. El comparativo entre esos años marca que hubo un 26% de aumento en las descargas y apenas un 4% en el incremento del número de buques, señala el informe que publicó Revista Puerto esta semana.

“Los peligros de sobredimensionamiento de la flota está latentes, pudiendo generar disminuciones en los rendimientos de las capturas de langostino, en los potenciales padres y por lo tanto disminuciones en los desembarques”, advirtieron los investigadores.

Algunas señales de agotamiento comenzaron a emitirse desde fines del año pasado tras conocerse el resultado de una de las campañas de evaluación. La disminución de los rendimientos de langostino en determinadas áreas de reclutamiento podrían obedecer a posibles cambios ambientales, el retroceso del proceso de crecimiento y el aumento constante del esfuerzo pesquero registrado en las últimas temporadas.

“De corroborarse la disminución de la biomasa de langostino disponible para su cosecha en la temporada de pesca 2019 con la información proveniente de la próxima campaña estival de evaluación del langostino, deberá procederse con suma cautela a los fines de regular los niveles de esfuerzo pesquero con el fin de no comprometer la sustentabilidad de la pesquería”, indicaron los investigadores.

Cautela que no parece mostrar el subsecretario de Pesca. Juan Bosch, junto al Consejo Federal Pesquero cuyos hilos mueve con soltura Oscar Fortunato, no dejan de sumar barcos a la pesquería de langostino 2019.

En los últimos días aprobaron la reformulación de la lancha artesanal “Rondine”, preparan otra a partir de dos barcos costeros y un fresquero y justificaron la inactividad de la lancha “Mabel”, que no pesca desde hace… 12 años.

Solo el langostino es capaz de generar semejantes orejeras en los miembros de un Consejo Federal que no quieren quedarse afuera de un paraíso al que ya se le advierte el techo.

Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.

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