Día del Trabajador

“Lo fundamental que conseguimos fue el respeto a las operarias”

Nancy Valdez tiene 58 años y trabaja hace 23 en Textilana como remalladora. Tras 8 días de huelga, junto a sus compañeras, consiguió este año mejoras en su salario y en las condiciones de trabajo. Cómo es trabajar en una “celda”.

Por Redacción

miércoles 1 de mayo, 2019

Por Inés Reyna

Nancy Valdez se levanta antes de las 5 de la mañana todos los días y como aún es de noche cuando sale de su casa en el barrio El Martillo, por miedo a ser víctima de un hecho de inseguridad, comparte un remise con sus compañeras para recorrer las 30 cuadras que la separan de Textilana, la fábrica en la que trabaja hace 23 años.

Tiene 58 años y es “sola”. Conoce bien su oficio de remalladora, que aprendió en su juventud y ejerció en otras empresas antes de desembarcar en el puesto que la espera diariamente a las 6, previo paso por el vestuario. Aunque esa es su especialidad, en los últimos tiempos las cosas cambiaron en la fábrica y ahora también trabaja en otros sectores, en un formato cuyo nombre remite al encierro y a tiempos en los que los derechos laborales no estaban amparados por las leyes fundamentales.

Nancy trabaja en una “celda”, un sistema de producción en cadena que implica altas exigencias para las empleadas textiles. “Hace un año que implementaron la celda, que consiste en que la prenda salga terminada. Mi grupo es la celda N°7, donde hay dos máquinas jet, una armadora, una máquina recta, dos remalladoras y una persona que hace la terminación”, detalla en diálogo con El Marplatense.

Terminar una prenda -como la empresa quiere que salga- es una tarea para 10 personas pero la realizamos 5. Ellos están ahorrando 5 sueldos y a nosotros no nos pagan nada. Nunca estuve de acuerdo con este sistema. Para mejorar la producción, hay que mejorar el sueldo de la gente. Antes valorizaban tu trabajo”, sostiene.

Desde que la empresa aplicó este método, las operarias trabajan más y cobran menos. Sin embargo, Nancy destacó los logros que, en marzo pasado, consiguió junto a sus compañeras, tras una histórica huelga que se extendió por 8 días. “Gracias a la asamblea que hicimos y a la unión que hubo entre todas, conseguimos cosas. Lo fundamental que conseguimos, aparte de un poco de dinero, fue el respeto que ahora tenemos las operarias en cada máquina. Antes, la palabra de la encargada era la última, pero ellas no están sentadas 9 horas haciendo la tarea”, expresa.

Las condiciones de trabajo siguen siendo muy exigentes y el trabajo manual que desarrolla Nancy durante 9 horas seguidas -en las que apenas tiene 25 minutos para comer y algunos permisos para ir al baño- dejan secuelas en su cuerpo maltrecho, como la tendinitis que afecta a una de sus muñecas y es la lesión más común entre las trabajadoras textiles, a las que la empresa requiere una producción de 26 prendas terminadas por hora en cada “celda”.

Los cambios -y no de los buenos- llegaron a la tradicional empresa marplatense con el nuevo directorio, luego de la muerte de su histórico dueño, Mauro Sergio Todisco. “Ahora trabajamos más y cobramos menos. Antes yo hablaba con el gerente y trataba de solucionarte algunas cosas, había un trato más directo. Tenía la posibilidad de decirle lo que me pasaba o lo que quería, pero ahora no y tenemos el doble de trabajo”, afirma.

Antes se trabajaba por sectores y te valorizaban tu trabajo. Si tenías una buena producción, cobrabas un muy buen sueldo. Lo que yo ahora cobro por mes, es lo que antes cobraba por quincena. Ahora te piden cosas inalcanzables y además, no dependes solo de vos sino de tus compañeras porque los objetivos son por prendas finalizadas”, manifiesta Nancy, que se jacta de que su oficio de años le permite remallar hasta 180 prendas diarias.

Aunque hay un largo camino por recorrer en la reivindicación de los derechos laborales de los trabajadores de Textilana, Nancy está contenta con los logros conseguidos este año junto a sus 450 compañeras, a los que, cree, costó más alcanzar “por ser mujeres”. Ahora -sabiendo de lo que son capaces- se ilusiona con que las condiciones de trabajo mejoren un poco más en estos dos años que le quedan antes de jubilarse. El respeto ya lo ganaron y llegó para quedarse.

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