La pirámide invertida de la movilidad

Por Fernando Poó

lunes 3 de junio, 2019

El lenguaje es algo vivo, que crece y muta. No hablamos hoy como lo hacíamos hace algunos años atrás, ya sea por los giros idiomáticos que usamos o por las palabras que ahora nos resultan cotidianas y que antes no lo eran. Entre esas palabras se encuentran “sostenible” y “sustentable”, que son hermanas mellizas. En la actualidad, ambas son usadas como calificativos deseables para muchas actividades humanas. La movilidad no es una excepción. Llamamos movilidad sostenible a aquella que permite cumplir con el objetivo de que las personas se trasladen de un lugar a otro para satisfacer sus necesidades físicas, psicológicas y sociales sin generar impactos ambientales que sacrifiquen el presente y el futuro de la humanidad. Sin duda, una evaluación realista nos lleva a decir que no tenemos un sistema de movilidad sostenible. Una aproximación optimista, nos obliga a pensar alternativas posibles. En este marco se inscribe la pirámide invertida de la movilidad.

La pirámide invertida tiene cinco niveles, y se lee desde arriba hacia abajo. El orden descendente indica la prioridad que debe otorgarse a cada nivel en el diseño del sistema de transporte. Además, indica el impacto negativo sobre el ambiente de cada forma de movilidad. El nivel superior y más amplio corresponde a los peatones. Este grupo de usuarios se encuentra entre los más vulnerables, y es, sin duda, el más numeroso. Es, por otra parte, el que menos impacto ambiental negativo tiene. Es importante señalar que existen grupos especiales de peatones, como los niños, los adultos mayores y las personas con discapacidad. Si bien Mar del Plata se caracteriza por tener veredas amplias que facilitan los desplazamientos peatonales la gran mayoría de ellas carece de rampas, hay muchas veredas rotas, y cruzar en las bocacalles parece a menudo una carrera de obstáculos o un deporte aventura. Es bastante evidente que aunque es un lugar común decir que todos somos peatones, la afirmación no siempre se traduce en respetar la accesibilidad ni la prioridad peatonal.

El segundo nivel corresponde a las bicicletas. La bicicleta es el medio de transporte más eficiente en distancias de hasta diez kilómetros, tiene la capacidad de reducir el impacto ambiental de los vehículos motorizados, y de revertir los efectos del sedentarismo sin necesidad de actividad física extra. Los ciclistas, al igual que los peatones, son usuarios vulnerables. Sin embargo, en nuestra ciudad no existe infraestructura adecuada y segura para la circulación de bicicletas.

En el siguiente nivel aparece el transporte público. Su impacto ambiental es mayor que el de las formas de movilidad activa, pero debe calcularse considerando el volumen de personas que transporta y el espacio que ocupa. En Mar del Plata, según datos recientes, el colectivo es la forma de movilidad más utilizada en viajes de más de 500 metros. Sin embargo, no tiene carriles exclusivos, y los recorridos responden a las necesidades de una ciudad que ya no es. El cuarto nivel de la pirámide corresponde al transporte de cargas, que es fundamental para la actividad económica. En este caso la infraestructura debe ser acompañada de una cuidadosa planificación logística que combine transporte pesado y liviano. Mar del Plata tiene muchas deudas con este aspecto del sistema de transporte.

Finalmente, el último de los niveles en un sistema que priorice la movilidad sostenible corresponde al automóvil. En Mar del Plata, menos del 40% de las personas lo utilizan como su principal medio de viaje, sin embargo, es la fuente principal de contaminación del aire, y el origen de la mayor polución sonora. Los dos últimos factores afectan negativamente la salud. Se suma a ello el uso excesivo del espacio público, su baja eficiencia y la carga de enfermedad asociada a la siniestralidad vial. Aunque esta información está cada vez más diseminada, Mar del Plata tiene un sistema de movilidad que sigue priorizando al automóvil particular por encima de otros medios de transporte. La pirámide invertida de la movilidad es un recurso simple para guiar las políticas públicas de transporte y movilidad, y una orientación para las personas a la hora de decidir como realizar sus viajes cotidianos. El futuro depende de nuestras decisiones en el presente.

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