Un invento que cambió el mundo

Por Fernando Poó

miércoles 12 de junio, 2019

Muchos años atrás una profesora de inglés nos propuso un ejercicio a mí y a mis compañeros de clase. Debíamos escribir acerca de un invento que hubiese transformado al mundo. Recuerdo que mencionamos la electricidad, las computadoras, la incipiente Internet. Ninguno de nosotros pensó en la bicicleta. Visto desde el presente me parece un olvido injusto. Sin embargo, es muy posible que si hoy formuláramos la misma pregunta las respuestas serían similares. Tal vez la mayoría de nosotros siga pensando que la bicicleta no merece esa consideración, que es menos espectacular que acceder a casi cualquier información en la palma de la mano, que no tiene el glamour de un avión, o que es un artefacto demasiado sencillo. Pero cuando la primera bicicleta rodó sobre el camino comenzó una lenta revolución.
El primer aspecto que se destacaba en aquel entonces y que continúa siendo verdad es que la bicicleta es un vehículo barato en términos comparativos. Era mucho más barata que tener un caballo o un carruaje, y es más barata que tener un automóvil. Tal vez por eso, de manera inapropiada, se la considera muchas veces como el medio de transporte de los pobres. Una aproximación más acertada es verla como un vehículo más equitativo, pero no solo en términos económicos. En sus primeros años de existencia la bicicleta también tuvo un rol en las luchas del movimiento feminista. Las mujeres del siglo XIX vieron en ella una herramienta para liberarse de la opresión que simbolizaban prendas de vestir como el corset y las faldas reforzadas. Un ejemplo de esa liberación es la anécdota que se relata sobre Angeline Allen, quien en 1893 se desplazó por las afueras de Nueva York en bicicleta vistiendo pantalones. El escándalo por su vestimenta no tardó en generarse. Como si tuviera algo que ver, las crónicas de la época destacaban que Allen, además de vestir de manera indecente era divorciada. Otra contribución no menor de la bicicleta para las luchas feministas fue permitir que las mujeres se desplazaran solas, sin necesidad de chaperones.
En algunos países, como en la India, la bicicleta continúa siendo una herramienta para el desarrollo femenino. En el estado de Bihar, el gobierno implementó un programa en el año 2006 por medio del cual se entregaban bicicletas gratuitas a adolescentes para que pudieran recorrer los kilómetros necesarios para asistir a clase. Este tipo de iniciativas pretenden reducir la brecha en el acceso a oportunidades entre varones y mujeres que se relaciona, entre otros motivos, con sus patrones diferenciales de movilidad. Las mujeres realizan más desplazamientos diarios que los varones, pero cubren en promedio distancias más cortas. Estos viajes están vinculados más a menudo con la atención de necesidades de la vida hogareña, como la alimentación o el cuidado de niños. A esto debe sumarse que el acceso a vehículos motorizados es menor en el caso de las mujeres, que dependen más del transporte público y que realizan un alto número de traslados a pie. Por estos motivos se dice que las mujeres exhiben patrones de viaje más complejos que los varones. Sin caer en la naturalización de las circunstancias que dan lugar a estos comportamientos, la bicicleta podría resolver muchas de las necesidades de las mujeres si se tiene en cuenta que es el medio de transporte más eficiente en distancias cortas.
A pesar de sus beneficios potenciales, la bicicleta es un vehículo mayoritariamente utilizado por varones. Esto ocurre en todos los países en los cuales no alcanza el 10% del reparto modal de viajes. Alcanzar ese nivel es un objetivo deseable ya que contribuye a equilibrar su uso entre ambos géneros. Un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo señala que alcanzar mayores cuotas de viaje en bicicleta requiere de políticas públicas integrales que deben contemplar las necesidades femeninas. Para ello recomiendan promover el desarrollo urbano compacto, implementar ciclovías segregadas, generar más espacio para la circulación en bicicleta (para aumentar la percepción de seguridad), promover la intermodalidad (que puede favorecer los patrones de viaje complejos), e incluir las necesidades de quienes suelen viajar con las mujeres, particularmente los niños.
La bicicleta ayudó a cambiar el mundo al poco tiempo de haber sido patentada, hace unos ciento setenta años. Lejos de haber envejecido posee la capacidad potencial de modificar el escenario urbano y de escribir otro capítulo en el devenir de una realidad más equitativa.

Fuentes:
Díaz, R. & Rojas, F. (2017). Mujeres y ciclismo urbano: promoviendo políticas inclusivas de moviliad en América Latina. Banco Interamericano de Desarrollo.
Harford, T. (2019). La bicicleta, el invento que empoderó a las mujeres, liberó a los pobres y dio inicio a una revolción manufacturera. BBC. Serie: 50 cosas que hicieron a la economía moderna.

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