Velocidad

Por Fernando Poó

miércoles 10 de julio, 2019

El hombre no se puede mantener humano a esta velocidad, si vive como autómata será aniquilado. La serenidad, una cierta lentitud, es tan inseparable de la vida del hombre como el suceder de las estaciones lo es de las plantas, o del nacimiento de los niños.

Ernesto Sábato, 2000



La Ley Nacional de Tránsito, a la que adhieren la mayoría de las provincias del país, establece límites de velocidad máxima y mínima para la circulación en las ciudades, para la circulación en rutas y para condiciones especiales. En ciudades la velocidad máxima es de 40 kmts/hora para las calles, y 60 kmts/hora para las avenidas. En zonas rurales o rutas la velocidad máxima permitida depende del tipo de vehículo. Es de 110 kmts/hora para autos, motos y camionetas, de 90 kmts/hora para omnibus y microbus, y de 80 kmts/hora para camiones y transportes de sustancias peligrosas. Cuando las rutas atraviesan zonas urbanas el límite de velocidad máximo es de 60 kmts/hora a excepción de que existan señalizaciones con otras indicaciones. Los límites de velocidad tienen por objetivo generar condiciones para que el conductor pueda mantener siempre el dominio de su vehículo sin entorpecer la circulación. Sin embargo, aunque las especificaciones son claras, las personas violan los límites de velocidad con demasiada frecuencia.

Sobrepasar los límites de velocidad parece un comportamiento más pronunciado en las rutas, posiblemente por la velocidad de circulación. Si bien los datos estadísticos son buena evidencia para sostener una afirmación como esta, voy a ilustrarla con una anécdota, que estimo, deben compartir muchas personas. En un viaje reciente que realicé hacia una localidad cercana a Mar del Plata por la ruta 226 encontré numerosas indicaciones de velocidades máximas de 40, 60, y 80 kmts/hora. Esos limites coinciden con zonas urbanas o con condiciones particulares de las rutas. No obstante, fueron muy pocos los conductores que redujeron la velocidad para tratar de circular a la velocidad indicada por las señales viales. Este comportamiento no puede atribuirse al desconocimiento. Al contrario, suele ser un comportamiento voluntario.

No son pocos los conductores que creen que son capaces de elegir a que velocidad desplazarse con seguridad. El sesgo cognitivo optimista lleva a muchos individuos a creer que su capacidad para controlar un vehículo es elevada en comparación con otros conductores. La distribución poblacional de esta evaluación sobre la habilidad para conducir no es homogénea. Es decir, la mayoría de las personas creen que tienen capacidades que los hacen mejores que los demás. El resultado es, sin dudas, paradójico. El sesgo optimista no es el único motivo para exceder el límite de velocidad. Otros factores personales son la edad, y el género. Los más jóvenes y los varones conducen a mayor velocidad. Un comportamiento que también favorecen la oportunidad, y la predisposición a buscar riesgo. Entre los factores contextuales se encuentran las condiciones del camino, la familiaridad con la vía, el tipo de auto, el estado del tiempo, el volumen de tránsito, y viajar con acompañantes.

A pesar de la creencia de los conductores sobre su capacidad de controlar el vehículo, el exceso de velocidad es uno de los principales comportamientos de riesgo para chocar, lesionarse y morir. También para lesionar o matar a otra persona. A medida que aumenta la velocidad se reduce la visibilidad, se limita la capacidad para estimar distancias con otros vehículos o con peatones, disminuye la capacidad para reaccionar a un evento inesperado, aumenta la distancia de frenado, el vehículo pierde estabilidad y disminuye la capacidad  para controlarlo. Por el contrario, el riesgo de chocar y la severidad de las lesiones son menores cuando los vehículos se desplazan cerca o por debajo de la velocidad media.

Argentina está atrasada respecto de los consensos y recomendaciones actuales sobre los límites de velocidad máxima que se consideran seguros. Esto quiere decir que son altos en nuestro país. A eso debemos sumarle el exceso de velocidad. En un país donde mueren 12,5 personas cada 100.000 habitantes como consecuencia de siniestros viales, revisar las normas con la finalidad de prevenir podría ser una buena iniciativa.

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