Las ventanas rotas

Por Fernando Poó

miércoles 21 de agosto, 2019

Phillip Zimbardo es un psicólogo social destacado que realizó algunos experimentos muy famosos en psicología. Una de ellos dio lugar a la Teoría de las Ventanas Rotas. En el año 1969 el profesor Zimbardo y su equipo estacionaron dos autos exactamente iguales y en buen estado en dos zonas urbanas con características muy distintas entre sí. Uno de los autos fue dejado en el barrio del Bronx, en la ciudad de Nueva York, que para ese entonces era un barrio con altos índices de delincuencia. El otro fue dejado en Palo Alto, una zona rica de la ciudad de San Francisco. Ambos autos fueron estacionados con las puertas abiertas y sin placa patente. El del Bronx fue rápidamente desvalijado por personas del barrio, mientras que el otro no fue tocado por nadie durante una semana. Sin embargo, la experiencia no terminó ahí. Zimbardo y sus asistentes rompieron una ventana del auto estacionado en Palo Alto y se dedicaron a observar qué sucedía. El resultado fue sorprendente. Luego de que rompieran la ventana, el vehículo fue saqueado del mismo modo que el que habían estacionado en el Bronx.

El auto vandalizado en Palo Alto ponía un límite a la primera y obvia interpretación: señalar que la pobreza está vinculada con el delito. Zimbardo y su equipo entendieron que la ventana rota actuaba como un indicador de abandono. Como el auto parecía no importarle a nadie, continuar rompiéndolo no era un acto condenable. Las condiciones contextuales eran importantes en la definición de lo que está bien o está mal hacer.

En 1982, James Wilson, un politólogo, y George Kelling, un criminólogo, tomaron las ideas de Zimbardo para explicar el crimen en un artículo que se tituló Ventanas Rotas (Broken Windows). Para ellos, las ventanas rotas, u otras formas de desorden y abandono, eran interpretadas por los criminales como un indicador de bajo control social, y, en consecuencia, como una baja probabilidad de que su comportamiento fuese vigilado y castigado. El artículo de estos autores fue inspiración para las políticas de Tolerancia Cero que se han desarrollado en numerosas ciudades. En el marco de esas iniciativas cualquier falta pequeña, como una pintada en una pared, la intoxicación en público, o la mendacidad suelen ser perseguidas y castigadas. Las iniciativas de Tolerancia Cero han recibido muchas críticas, sobre todo en países donde la pobreza está muy asociada con minorías étnicas. En esos lugares se han traducido principalmente en la persecución y castigo de personas pertenecientes a grupos minoritarios.

En ciencias sociales, es habitual que los datos tengan distintas interpretaciones. La Teoría de las Ventanas Rotas de Wilson y Kelling no es una excepción. John Mac Donald y Charles Branas, criminólogo  y epidemiólogo, respectivamente, propusieron un punto de vista distinto. Para ellos, el foco de atención no debía ponerse en el comportamiento desviado, sino en el abandono de edificios y el descuido del espacio público. En lugar de enfocarse en el individuo se enfocaron en su ambiente. A partir de allí, desarrollaron un programa ambicioso de recuperación de edificios y de zonas abandonadas en la ciudad de Filadelfia. Como resultado de uno de sus primeros estudios obtuvieron una reducción del 39% de la violencia con armas de fuego en edificios antes abandonados, y de un 5% en las inmediaciones de terrenos recuperados.

Iniciativas inspiradas en la Teoría de las Ventanas Rotas como la Tolerancia Cero también se han utilizado para mejorar los comportamientos viales. Hay ejemplos de ello en Estados Unidos y en Inglaterra que se han enfocado en el aumento, rigurosidad y severidad en el control de contravenciones como exceder el límite de velocidad, no respetar la luz de los semáforos, o conducir de manera agresiva. Un resultado secundario, y en parte inesperado, asociado a estas acciones ha sido la reducción del delito común. De ello se deduce que un porcentaje significativo de las faltas a las normas viales es cometido por criminales, aunque, como es obvio, no su totalidad. Las acciones de control son muy valiosas, y tienen probada efectividad en el ambiente vial. No obstante, no se ocupan de un aspecto que señalaba el experimento de Zimbardo, y que retomaron Mac Donald y Branas: existe un vínculo entre la percepción de descuido y abandono del ambiente y el comportamiento transgresor. Por lo tanto, además de vigilar, deberíamos analizar que efecto tienen sobre las personas la ausencia de sendas peatonales y de rampas, los baches, los autos mal estacionados, la falta de señales de tránsito, y otro montón de descuidos de nuestro ambiente vial.

 

 

Fuentes

  1. Bezuidenhout, P. C. (2011). Reducing crime in South Africa by enforcing traffic laws: a broken window approach. Journal of the South African Institution of Civil Engineers, 53(1), 33-38.

2. Klinenberg, E. (2018). The other side of the Broken Windows. The New Yorker.

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