La escala humana

Por Fernando Poó

miércoles 18 de septiembre, 2019

“La arquitectura es sobre la relación entre la vida y la forma.”

Jan Gehl

“La Psicología Ambiental es el estudio de las relaciones

recíprocas entre los fenómenos psicológicos y las

variables ambientales físicas.”

Hartmut Günther

 

A veces las mayores innovaciones del conocimiento surgen de la intersección entre áreas del saber que la tradición considera separadas. La tendencia a compartimentalizar las disciplinas científicas ha generado divisiones que en ocasiones se muestran artificiales y que pueden derivar en comprensiones parciales de la experiencia humana. Algo de esto debe haber experimentado Jan Gehl en la década del 60 cuando era un joven arquitecto. Formado en el movimiento modernista, luego de casarse con una psicóloga, descubrió, por las preguntas y comentarios de su esposa, que aunque su trabajo era construir hábitats para seres humanos, en realidad él sabía muy poco de las necesidades de sus destinatarios. Eso fue el impulso inicial para una serie de investigaciones que darían lugar a lo que él llama La Escala Humana.

Algunos de los principios en los que se basa el modernismo son la planificación racional, la separación de las actividades humanas por medio de la construcción de áreas especializadas, y la construcción de grandes superficies separadas entre sí por grandes espacios verdes, pero conectadas por vías destinadas a la circulación de automóviles. Una de las características más sobresalientes del modernismo fue la planificación desde arriba, como si las ciudades fuesen concebidas desde el cielo. Un ejemplo prototípico es la ciudad de Brasilia, que vista desde el aire tiene la forma de un águila. Brasilia es, sin dudas, un gran logro técnico y artístico. Sin embargo, ver una ciudad desde las alturas es algo que pueden hacer muy pocas personas. Esta forma de diseñar cambió la manera de concebir las distancias, las alturas y los espacios, per generó que se perdiera de vista que las ciudades son creadas por seres humanos para seres humanos.

El proyecto de Gehl comenzó de una manera simple. Se dedicó a observar el comportamiento humano en los espacios públicos. Entre otras conclusiones, señaló que las personas buscan afiliación y protección, que nuestra forma de desplazarnos en el ambiente es lineal y hacia adelante, algo que se vincula con la orientación de varios de nuestros sentidos, como la vista, o el olfato. También observó que la velocidad promedio de desplazamiento a pie es de 5 kilómetros por hora, o que podemos ver a una persona a los 100 metros de distancia, pero que los detalles comienzan a percibirse a partir de los 25 metros y se hacen más intensos a medida que la distancia se acorta.

Dice Gehl que el modernismo se separó de la manera tradicional en que la humanidad había creado las ciudades. Hasta entonces, los sentidos y el desplazamiento a pie habían estado en el centro de la planificación. Por ejemplo, la vista se vincula con el cuadrado, que es la forma típica de las plazas, que se ajustan a nuestra agudeza visual. Los pies, por su parte, se asocian con la línea, que es la forma típica de las calles, que responden a nuestra manera de desplazarnos por el ambiente. Aun cuando el modernismo traía la promesa del futuro, las capacidades humanas no cambiaron. Las personas continuaron trasladándose a la misma velocidad, conservaron la misma altura y mantuvieron las mismas necesidades con respecto al espacio que los rodea. Todo eso contrasta con las megaconstrucciones que han cambiado las ciudades durante los últimos 60 o 70 años, con los edificios cada vez más altos, o con la velocidad de desplazamiento de los automóviles a 40 o 60 kmts por hora.

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