Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago

Por Fernando Poó

jueves 17 de octubre, 2019

Los investigadores partimos de preguntas que reflejan algún problema, falta de información o suposiciones sobre como puede ser la realidad. A partir de esas preguntas pensamos cómo debemos organizar el trabajo necesario para responderlas. Esa organización es lo que se conoce como proyecto de investigación. En el proyecto definimos cómo se van a recolectar los datos (que instrumentos de medición se van a utilizar), cuáles serán las fuentes de información (en psicología son generalmente personas), cómo se van a analizar esos datos y que teorías nos van a ayudar a interpretarlos. Una de las formas de recolectar los datos es formulando preguntas. Eso puede tomar la forma de cuestionarios, escalas o inventarios. Estos tres últimos se conocen con el nombre de auto-informes. Los auto-informes tienen virtudes y debilidades. En el contexto de esta columna vamos a referirnos a una de sus debilidades: los sesgos que pueden afectar las respuestas dadas por las personas. Un sesgo tiene el potencial de afectar la validez de los resultados porque puede introducir información distorsionada sobre la realidad. Uno de ellos es el sesgo de deseabilidad social. Vamos a relacionarlo con el uso de cinturón de seguridad en población general y en taxistas.

El sesgo de deseabilidad social se refiere a la tendencia de una persona a presentarse a sí misma de acuerdo con su interpretación de lo que es socialmente correcto, ya sea de acuerdo con pautas grupales o normativas. La motivación para responder de este modo es lograr que los demás tengan una imagen positiva sobre sobre ella o él. Según la teoría más aceptada en la actualidad, la deseabilidad social tiene un componente de auto-engaño y otro de manejo de la impresión. El auto-engaño implica que la persona crea que tiene cualidades superiores a las que en realidad tiene. La paradoja del auto-engaño es que podemos actuar de acuerdo con esa creencia y ser realmente mejores. El manejo de la impresión está dirigido a terceros y su finalidad es que los demás crean algo que no es verdad. En este sentido es menos honesto, y es intencional. Dicho de otro modo, la persona sabe que su comportamiento, sus pensamientos o emociones no son como declara. ¿Qué tiene que ver esto con el uso de cinturón de seguridad?

Se puede responder de manera simple con algunos datos. Cuando a las personas les preguntan si usan el cinturón de seguridad la gran mayoría dice usarlo, pero cuando se observa el comportamiento real (no el declarado) los porcentajes de uso se reducen significativamente. En un trabajo que hicimos un tiempo atrás, observamos que en el contexto urbano el 54% de los conductores particulares usaban el cinturón de seguridad, mientras que entre los taxistas su uso era de un 31,5%. El dato interesante es que cuando les pedimos el auto-informe de uso, los porcentajes aumentaron considerablemente. El 64% de los conductores particulares y el 59% de los taxistas dijeron usarlo siempre. ¿Cómo podemos explicar estas diferencias?

En primer lugar, existe un componente normativo. Usar el cinturón de seguridad es obligatorio por ley. Cuando una persona no lo hace está transgrediendo una norma, y lo sabe. No es lo mismo hacerlo en privado que contárselo a un tercero, a quien generalmente desconoce. En segundo lugar, hay un componente valorativo. El cinturón de seguridad tiene la capacidad de salvar vidas. Al no usarlo una persona tiene un comportamiento desaprensivo e irresponsable con su propia vida, y es raro que alguien quiera ser considerado de ese modo. En tercer lugar, podemos suponer un efecto del recuerdo, una distorsión entre el comportamiento cotidiano y el declarado. En este caso parece tratarse más del auto-engaño que del manejo de la impresión. Para los investigadores entender el funcionamiento del sesgo de deseabilidad social es importante porque afecta la validez de los resultados, para un conductor puede incidir en que continúe vivo y sano, o que sufra lesiones y muera.

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